Michelle Bachelet, Medio Ambiente y la Concertación

Columna de Pedro Serrano, Presidente Fundación Terram, publicada en El Clarín, 29 de noviembre de 2005.

Columna de Pedro Serrano, Presidente Fundación Terram, publicada en El Clarín, 29 de noviembre de 2005.


Tal vez haya que hacer una cierta distinción entre lo que se da en Chile por llamar ecologistas a los que se declaran ambientalistas. La ecología es una ciencia de la biología que estudia relaciones entre los componentes vivos e inertes de un sistema determinado. "Eco" es oikos, que significa casa. Por lo tanto, los ecologistas debieran andar por esos rumbos.

Otra cosa es la posición de los grupos ambientalistas que toman el ambiente local dentro del global como el referente para los procesos de desarrollo humano. Terram, en particular, es una fundación que declara estar preocupada del ambiente, el desarrollo y las políticas públicas. En ese orden y en este sentido la ecología concurre como ciencia a muchas de nuestras propuestas, pero el tema de fondo en política sigue siendo el desarrollo de la especie humana y, en este caso, el de los chilenos en su territorio y sus relaciones globales.

Para Terram, además, el desarrollo debiera ser sustentable más que sostenido y ojalá sostenido hasta el borde de lo sustentable. También pensamos que este desarrollo tiene que hacerse con justicia social, con equidad, de un modo científica y socialmente informado y altamente participativo. Esta es nuestra postura y desde ella planteamos las dudas y esperanzas que surgen de los compromisos ambientales que la candidata de la Concertación ha hecho este lunes 21 de noviembre con nuestras instituciones (ecologistas y ambientalistas).

La primera duda es un arrastre del pasado. Hace seis años, cuando fue la primera vuelta electoral, y luego y en especial en la segunda -que resultó en la elección de Ricardo Lagos- estos mismos sectores aportaron y se jugaron a fondo por el actual presidente. Pusimos ideas, planes y programas en torno a la sustentabilidad del desarrollo y las políticas ambientales deseables para el país. En ese entonces, la Concertación asumió las propuestas con entusiastas promesas. Sucede que al final de este gobierno tenemos que admitir que estamos en la cumbre de la desilusión y el desengaño. Después de Ralco, Alumysa, el largo show con la Ley de Bosque Nativo, el caso Celco, Pascua Lama, la llegada del petcoke, la contaminación de las nuevas centrales térmicas, la Ley de Pesca, el debilitado marco legal y político de nuestra legislación ambiental, ver con terror el peso enorme que tienen los grupos econ?micos en las decisiones ambientales del Estado, ver a ministros de Estado apoyando a priori proyectos nefandos aun antes de conocerse los informes ambientales, la nula consideración en los procesos de participación ciudadana en los casos ambientales más emblemáticos, el neto comportamiento político económico de las Coremas en plena ausencia de conocimientos técnicos ambientales. En fin, debemos admitir que ahora no creemos en las promesas de la Concertación hasta que éstas se cumplan.

Planteado lo anterior, las propuestas (promesas) de Michelle Bachelet nos parecen notables, contingentes, atingentes y necesarias. La creación de un Ministerio del Medio Ambiente con presencia nacional, regional y local es la primera mediada sobre la cual las siguientes son viables. Las cuentas ambientales, la Subsecretaría de Recursos Naturales, entre otras, son ideas a cumplir. De allí que la declaración de diez puntos -y muchos más posibles de complemento- nos parece notable, ya que todas son propuestas que efectivamente propenden hacia la sustentabilidad del país. Sin embargo, no comparto la promesa de aumentar el fondo ambiental -punto seis- como una bolita de cebo para las ONGs. éste es irrisorio, considerando que es muchísimo más lo que hay que aumentar, tanto en presupuesto como en direcciones, teniendo en cuenta la importancia que debiera tener en este asunto la sociedad civil y sus instituciones.

Por otro lado, la sustentabilidad ambiental no es una cosa de cuatro años, sino que es un asunto para siempre, que demorará bastantes gobiernos más para lograrla y muchos más para sostenerla. Por ello, más que medidas inmediatas, el sector ciudadano ambiental no gubernamental está preocupado por que el Estado de Chile logre establecer una suerte de plan estratégico a muchos años plazo, que consiga realmente la sustentabilidad en el manejo de nuestros recursos naturales, en el plano energético a largo plazo, en la equidad y justicia social en los procesos de desarrollo, vale decir, una patria sana, justa y con recursos para sí misma y para futuras generaciones. Diez promesas están bien, pero no son suficientes. La protección del ambiente como territorio del desarrollo es una cuestión de actitud de vida, no de promesas. Chile quiere ver actitud.

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