La verdad sobre la contaminación de Santiago

Por Paola Vasconi, coordinadora Programa Medio Ambiente de Fundación Terram, publicada en el Diario Siete, 6 de abril de 2006.

Por Paola Vasconi, coordinadora Programa Medio Ambiente de Fundación Terram, publicada en el Diario Siete, 6 de abril de 2006.


Gracias a los medios de comunicación, la gente pudo informarse acerca del estancamiento en la descontaminación atmosférica de Santiago. Una auditoría al Plan de Prevención y Descontaminación de la Región Metropolitana, realizada por especialistas nacionales e internacionales, arrojó resultados alarmantes, como por ejemplo que desde el año 2000 no hay ningún avance en la materia, es decir, el aire sigue igual de sucio. Sin embargo, esto no nos sorprenden.

 

Fundación Terram viene denunciado hace años que la contaminación, lejos de disminuir -tal y como los han expresado incasablemente las autoridades ambientales y regionales- no evidencia ningún progreso en los últimos cinco año, dando cuenta del fracaso de las políticas implementadas para dicho fin.

 

Otro tema gravísimo es la manipulación de la información por parte de las autoridades sobre los reales niveles de polución en Santiago. El año pasado se dijo que la situación había mejorado, basándose sólo en la disminución de los episodios críticos. Su objetivo: mostrar algún “logro” en materia ambiental. De hecho, si uno analiza sólo la evolución del promedio anual del material particulado PM10 –contaminante utilizado para decretar alertas, preemergencia y emergencias- entre 2000 y 2005 supera con creces la norma nacional para este contaminante (50mgr/m3).

 

Por otra parte, las autoridades han actuado de forma negligente al no implementar las medidas necesarias que protejan la salud de la población. Al contrario, muchas de ellas han sido contrapuestas con este objetivo. Ejemplos sobran: la construcción de las autopistas urbanas ha incentivado el aumento del parque automotriz; la desafectación de suelos agrícolas con fines inmobiliarios provocaron la extensión horizontal de la ciudad y, por ende, un aumento en los desplazamientos y un déficit de áreas verdes. La única medida de fondo que se ha impulsado es el Plan Transantiago, que lleva 18 meses de retraso.

 

La satisfacción que mostró la autoridad por la supuesta disminución de los contaminantes llevó a que desde el año 2000 se redujera el presupuesto para el Plan, los recursos de investigación y los sueldos. El Centro Nacional del Medio Ambiente (CENMA), encargado de administrar el modelo predictivo, redujo su presupuesto en casi un 70% en los últimos 5 años. Además, la actualización y mantención a la red de estaciones de monitoreo, MACAN-II, recomendada en la auditoria de 2000, no se ha hecho, poniendo en duda la calidad de su información.

 

El problema de la contaminación en Santiago es de tipo estructural y guarda relación con la saturación de la capacidad de carga de la cuenca de Santiago, es decir, la expansión de la ciudad y su actividad económica. Por tanto, las soluciones apuntan en esa dirección, realizando una gestión integral en Santiago. ¿Qué significa esto? Primero, avanzar hacia una reforma institucional, de manera que una sola entidad sea la que administre y gestione el Plan de Descontaminación. Además, se debe disminuir su población y sus actuales niveles de actividad económica, así como la creciente expansión horizontal de la ciudad y el consecuente distanciamiento entre los hogares y el trabajo. Hoy, las políticas de descontaminación se encuentran mal enfocadas y sólo con medidas estructurales se logrará disminuir la contaminación de la capital. De lo contrario, año tras año seguiremos viviendo crisis ambientales por la calidad del aire. Es hora de dejar atrás la política de la avestruz y reconocer que la contaminación atmosférica en Santiago es grave y está afectando la salud de la población.

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