Santiago sin retorno: Sólo esperamos que llueva

Por Pedro Serrano, Presidente de Fundación Terram, publicada en Sustentable.cl, 15 de mayo de 2006.

Por Pedro Serrano, Presidente de Fundación Terram, publicada en Sustentable.cl, 15 de mayo de 2006.


Santiago, con sus casi seis millones y medio de habitantes, habitantes de una cuenca mal ventilada, con una tapa de aire caliente natural que impide la ventilación vertical, con todas sus industrias dentro de la cuenca, incluida una insólita central térmoeléctrica, con millones de viajes diarios en autos, micros y camiones, con millones de cocinas y estufas, todos quemando miles de toneladas de combustibles carbonados, ya sean derivados del petróleo, carbón mineral, gas natural…hasta leña y con un entorno polvoriento deficitario en áreas verdes, no tiene retorno, su aire no tiene solución.

Todo lo que se haga en la cuenca, restricciones, filtros, pavimentos y transantiagos, sólo serán medidas de mitigación muchas veces irrisorias, muchas veces con mal manejo político y otras tantas con mediocres resultados. Nosotros apoyamos la medidas de mitigación y todo aquello que ayude a la ciudad a hacerse de un aire más amable. Pero ojo, sabemos a ciencia cierta que no habrá soluciones efectivas a los efectos, mientras no se resuelvan las causas. Resolver las causas del mal aire resulta en una misión casi imposible y utópica si la ciudad, sus dirigentes, sus controladores y los que lucran de ella, no aceptan el cambio de modalidades y las sustituciones que esto significa.

De partida una buena parte de la contaminación atmosférica es polvo, material particulado finísimo que viene con los vientos internos y que la locomoción se encarga día a día de moler y echar a volar por los aires. Polvo que en su mayoría proviene de las desprotegidas cuencas del entorno de Santiago y de los tierrales la ciudad misma. Sin embargo, todo lo demás: Dióxido de carbono, monóxido de carbono, carbono (hollín), hidrocarburos volátiles, hidrocarburos volátiles policíclicos, óxidos de nitrógeno, óxidos de azufre, plomo, ozono a nivel de suelo y toda la porquería que le da el toque venenoso al smog proviene de la QUEMA DE COMBUSTIBLES, y es tanta la energía de combustibles que usa Santiago para existir, que resulta imposible detener el smog sin detener la ciudad.

De allí es que políticamente se decide sobre que "nivel" de contaminación, todo un invento, anunciar alertas, preemergencias, y esas cosas, todas ellas aplicadas hoy día cuando los parámetros hace rato se pasaron de la raya que admite la norma internacional. Tan dura es la cosa, que decretar alertas o emergencias con índices más altos o más bajos, determina si mueren de smog, según las estadísticas de salud, 2000 o 3000 santiaguinos ese año. La decisión se centra en acordar cuánto se puede disminuir el ritmo productivo de la ciudad y cuanta pérdida económica significa eso, y el decidir el costo de más o menos muertos. Cada punto que sube o baja el nivel de restricción lleva asociado una cantidad de santiaguinos que van a morir por contaminación. Pero detener la ciudad jamás, la economía y los grupos que la dominan no lo admiten. Es imposible hacer un Santiago más sano sin cambiar su voracidad por combustibles. Por lo tanto, vivir en Santiago tiene su precio y su riesgo: hay que respirárselo.

Por eso, a rogar que llueva para lograr un buen respiro de algunas horas. (no se olviden que los contaminantes se mojan pero no se van). Ayer vine al centro a una atmósfera casi de otro planeta…adornada entupidamente con gases lacrimógenos, realmente el colmo del desatino en una situación tan extrema. Pero bueno, por el momento nadie me compra la idea de que la salida de Santiago es eléctrica: casa eléctrica, transporte eléctrico, producción eléctrica, pero con electricidad LIMPIA (geotérmica, eólica etc.), y si llega a ser sucia, no seamos burros: producida fuera de la cuenca… Demasiado radical.

 

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