La amenaza ecológica del carbón chino

Según la Agencia Internacional de Energía, China se convertirá en el principal emisor de dióxido de carbono en 2009. Sin embargo, Estados Unidos estima que será este año. El gigante asiático se adelanta 10 años a proyecciones ambientales. La Nación 18 de abril de 2007.


Por Jean Michel Bezat

El dragón asiático le arrebatará a Estados Unidos el poco envidiable primer lugar y el carbón será el responsable de las tres cuartas partes de las emisiones mundiales de CO2. La energía en China será un problema ambiental global aun antes de que duplique su consumo energético, lo que se calcula para el 2020.

La utilización de la hulla a futuro es para China un factor estratégico y económico. Su crecimiento de 10% como promedio anual, absorbe cada vez más energía. Importador neto de petróleo desde 1993, el país quiere reducir su dependencia respecto de sus proveedores del Medio Oriente, Asia central y Africa. La energía nuclear, así como las energías renovables, a pesar de estar en pleno auge, seguirán siendo marginales en la producción de electricidad.

¿Qué queda, si no el gas y, sobre todo, el carbón? Con 118.000 millones de toneladas (13% de las reservas mundiales), el país tiene capacidad para medio siglo de extracción al ritmo actual, es decir, cerca de 2.000 millones de toneladas por año, según las previsiones del grupo petrolero BP (British Petroleum).

Actualmente, algunas de las minas son ilegales. Cada día, cobran su tributo en vidas humanas (oficialmente, 6.000 muertos en 2006). El país está salpicado de centrales de baja y mediana potencia (25 a 660 MW) muy contaminantes y poco eficaces, en las que domina la vieja técnica de pulverización del carbón. Beijing ha planeado su desaparición al próximo decenio, pero las autoridades suelen construir nuevas plantas que responden a las necesidades urgentes en materia de electricidad y que, además, reportan ganancias a sus administradores.

La amenaza ambiental, no obstante, ha hecho que Beijing lance proyectos innovadores, especialmente en asociación con la Unión Europea. ¿Logrará el antiguo Imperio del Centro convertirse, junto con Estados Unidos, en el laboratorio de carbón limpio del mundo?

Gran parte de la respuesta está en los procesos de gasificación y licuefacción del carbón, que permiten captar más fácilmente el CO2 y evitar así que sea lanzado a la atmósfera. En China, su aplicación involucra sobre todo al automóvil, pues el país sueña con hacer rodar con carbón parte de sus vehículos. El país no tiene más de 25 vehículos por cada 1.000 habitantes (en Estados Unidos son 800 por cada 1.000), pero la Agencia Internacional de Energía calcula que su número aumentará fuerte y la demanda por carburante lo hará en más de 4,6% por año. Para alimentar aquello, se están construyendo las plantas industriales más grandes desde la segunda guerra mundial en el norte, región muy rica en carbón. Así, el país le ha tomado la delantera a Estados Unidos, indica Peter Fairley, especialista en energía, en un reciente artículo publicado en la “Technology Review”, revista del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT).

El mercado potencial seduce a los grandes grupos extranjeros: en la zona están en estudio proyectos con la anglo-neerlandesa Shell y la sudafricana Sasol.

¿A partir de cuándo serán rentables? Con un barril de petróleo a 30 dólares, responden las autoridades. A 45 dólares, corrigen los expertos occidentales más prudentes. Ciertos observadores aseguran que el gobierno apoyará esos programas de todos modos, sean rentables o no, hasta la producción del primer barril a nombre de la seguridad energética del país.

©Le Monde

The New York Times Syndicate

EL GRAN OBSTÁCULO ES EL AGUA

Si bien analistas ven que el gobierno apoyará los programas, lo cierto es que existe un obstáculo mayor: el agua.

El vital elemento es un freno para el desarrollo de la licuefacción del carbón. En esos remotos lugares de minas gigantes, la escasez del “oro azul” podría comprometer la producción en gran escala, aseguran algunos expertos chinos.

Después del parque automotor, las centrales eléctricas son el segundo destino de esos carburantes sintéticos. Por lo pronto, las iniciativas en ese ámbito están menos avanzadas: las autoridades chinas, carentes de motivación económica y política, no presionan a las compañías productoras de electricidad para que renuncien al carbón sucio y contaminante y se orienten hacia tecnologías más respetuosas del ambiente.

Sin embargo, ya están bastante encaminados diversos proyectos bastante prometedores.

Al igual que FutureGen, lanzado por el departamento de energía de Estados Unidos hace cuatro años y el de HypoGen europeo instaurado doce meses después, los chinos elaboran su propio programa experimental, llamado GreenGen: de él surgirá, a mediados del próximo decenio, el prototipo de central de gran tamaño, capaz de producir electricidad e hidrógeno a partir del carbón y sin contaminar, captando al mismo tiempo el CO2 y los otros gases de efecto de invernadero producidos durante el proceso.

Ese ambiciosos programa prevé desarrollar el procedimiento del ciclo combinado de gasificación integrada, tecnología que por lo pronto está lejos de considerase madura y que además es todavía muy costosa. Este procedimiento estima, al final de la cadena de producción, la captación del CO2 bajo tierra.

 

 

 

 

 

Comments are closed.