Matriz energética: un riesgo latente para Chile

Si hasta 2004 la gran preocupación del sector era contar con inviernos lluviosos para no estar expuestos a sequías, ahora la inquietud es que se pueda enfrentar una doble contingencia: falta de agua y de gas, combinación que pondría en jaque el abastecimiento eléctrico. A la fecha, son evidentes las debilidades que enfrenta el país en este terreno. El Diario 09 de abril de 2007.


La misión con que el nuevo ministro de Energía, Marcelo Tokman, asumió la cartera: “asegurar el abastecimiento energético”, no hace más que constatar el gran riesgo que hoy enfrenta el país, por al menos, los próximos tres a cuatro años.

El punto de partida de esta inestable situación, fueron las restricciones a las exportaciones de gas, que el gobierno Argentino decretó en mayo de 2004, como solución a su propia crisis energética. Ese hecho demostró a las autoridades de gobierno, a las empresas eléctricas y a las distribuidoras de gas lo frágil de nuestra matriz energética.

Si hasta 2004 la gran preocupación del sector era contar con inviernos lluviosos para no estar expuestos a sequías que pusieran en riesgo el abastecimiento eléctrico, a partir de ahora la inquietud es que se pueda enfrentar una doble contingencia: falta de agua y de gas, combinación que pondría en jaque el abastecimiento eléctrico.

Frente a este riesgo, la política energética de la presidenta Michelle Bachelet se basa en lo que se conoce como “Plan de Seguridad Energética”, cuyo foco de gestión está puesto, principalmente, en diversificar la matriz; considerado hoy como el talón de Aquiles del crecimiento económico. No en vano, la semana pasada el presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) y de la Sociedad Nacional de Minería (Sonami), Alfredo Ovalle, puso el acento en que se deben estudiar todas las opciones energéticas para que el abastecimiento y su costo no se conviertan en un problema para las empresas.

¿Qué nos tiene en jaque? Una revisión a la actual situación revela la debilidad en cinco aspectos, los cuales se detallan a continuación:

Chile sin recursos energéticos

La alta dependencia energética de Chile tiene una razón simple: la falta de recursos energéticos primarios como el gas natural, carbón y petróleo. Todos estos combustibles deben ser importados. De hecho, según estadísticas de la Comisión Nacional de Energía (CNE) el 72% de los energéticos que forman parte de la matriz primaria provienen del exterior, siendo el diesel el más importante. Por dos razones: la primera, porque representa el 35,3% de la matriz; y, segundo, porque cuando falta el gas es el respaldo para las centrales térmicas.

Otra implicancia de la dependencia externa es que su disponibilidad y precio está sujeta a las coyunturas internacionales: frente a la alta demanda que existe en el mundo por energía y los diversos conflictos en el Medio Oriente, encarecen su precio, y por ende, los costos de la energía en Chile.

Es por esto que otro de los planes de gobierno apunta a sacar provecho de los pocos recursos que tiene el país. De acuerdo al British Petroleum Statistical review of world energy, en Chile existen reservas de gas por 45 billones de metros cúbicos (BMC) -Bolivia cuenta con 740 BMC-.

La idea es entregar Contratos Especiales de Operación (Ceop) a petroleras extranjeras que puedan explorar y explotar en Magallanes estos recursos mediante procesos de licitación internacional que se realizarían a mediados de año.

Otra opción es explotar las reservas por cerca de 3.000 millones de toneladas de carbón que existen en Isla Riesco (XII Región). En esta zona BHP tiene ya el arrendamiento de una concesión minera y el gobierno espera adjudicar otras dos a mediados de año.

Disponibilidad hídrica

La sequía del 98’ fue la muestra más drástica de lo vulnerable del sector eléctrico -en el Sistema Interconectado Central (SIC) que se extiende desde Tal Tal hasta Chiloé- a la disponibilidad hídrica. Pero la llegada del gas argentino en 1997 a la zona central del país abrió las puertas a una nueva fuente de energía. Y aunque a partir de esa fecha proliferaron las inversiones en centrales a gas, la matriz energética del país depende en 17% de la hidroelectricidad, porcentaje que en la generación eléctrica del SIC sube a 57%. Esto último significa que de los 8.288 MW de capacidad instalada, un total de 4.724 MW provenían de centrales hidro.

Y aunque parezca obvio, su operación está sujeta a la disponibilidad de agua que exista en los embalses y, por ende, a lo lluvioso que sea cada invierno. De ahí que uno de los argumentos que esgrime Endesa para promover la construcción de las centrales de Aysén, es que la XI Región cuenta con un régimen hídrico estable, lo que permitiría compensar la variabilidad meteorológica de la zona centro sur del país.
Sin embargo, esos beneficios evidentes, tienen su contrapeso en aquellos sectores medioambientalistas que alertan acerca de los daños ambientales que generaría la construcción de las cuatro centrales de embalses por US$ 2.400 millones de inversión que junto a Colbún, Endesa planea instalar en los ríos Baker y Pascua. De momento, el debate en serio aún no comienza, ya que recién en octubre de este año se conocerán los estudios de impacto ambiental de estos proyectos.

Dependencia del gas

natural argentino

Cerca del 25% de la matriz energética del país depende del gas natural. Esto se traduce en que cada día se requieren del orden de 28 millones de metros cúbicos para satisfacer la demanda industrial, residencial o de generación eléctrica. Lo complejo es que el 82% de este recurso se importa desde Argentina, país que en mayo de 2004 comenzó a restringir los envíos, para priorizar el abastecimiento interno.

Las restricciones de gas en 2006 promediaron el 40% de los requerimientos totales, y para este año, según lo ha señalado el nuevo secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Energía, Rodrigo Iglesias, los recortes podrían superar en 10% los del año pasado.

La solución del gobierno para disminuir la dependencia Argentina fue construir una planta de Gas Natural Licuado (GNL) para importar este combustible desde diversos países productores. Las metas fueron ambiciosas. En 2004, la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP) y luego, el gerente general de la sociedad encargada del proyecto, -GNL Chile- Antonio Bacigalupo, señalaron que la iniciativa de US$ 400 millones de inversión estaría en condiciones de inyectar gas a mediados de 2008.

Hoy y producto de algunos retrasos en el proyecto, se habla de mediados de 2009, y en el sector energético apuntan a comienzos de 2010. Lo cierto es que las empresas participantes de este proyecto -British Gas, Enap, Endesa, Metrogas-GNL Chile- por el momento no han querido referirse al estado en que se encuentra la iniciativa, que además de enfrentar ciertas dificultades para el cierre de los contratos de abastecimiento de GNL y de construcción, estaría aumentando fuertemente su valor de inversión.

Bajo aporte de energías renovables

En este repaso de lo que es la matriz energética chilena, a nivel primario, el gas natural argentino y la hidroelectricidad representan un 41% del total, pero a nivel eléctrico ambas fuentes -sujetas hoy a cortes desde Argentina y riesgo de sequía, respectivamente- alcanzan una preponderancia de 76,7%.

La administración Bachelet ha puesto un especial énfasis en aumentar las fuentes provenientes de energías renovables. Su meta es que al bicentenario un 15% del aumento de la demanda sea abastecida por las ERNC. Para ello, el Ejecutivo elaboró un proyecto que busca entregar nuevos incentivos económicos para rentabilizar este tipo de iniciativas, como por ejemplo, las eólicas.

La propuesta legal debía ingresar a tramitación a comienzos de enero, según el plazo fijado por la entonces ministra de Minería y Energía, Karen Poniachik. No obstante, la fórmula de incentivo basada en el modelo australiano -emisión de bonos- fue criticada por algunos economistas y especialistas eléctricos, entre ellos, el ex ministro de Economía y Energía, Jorge Rodríguez, por distorsionar el mercado.

El gobierno dio un paso atrás y realizó algunos cambios al proyecto, cuya nueva fecha de envió al Congreso se fijó para marzo, la que tampoco se cumplió. Hoy la iniciativa se encuentra en manos del nuevo ministro de Energía Marcelo Tokman, quien lo “volverá” a revisar, para enviarlo a la Segpres y de ahí al Parlamento. Para ello, no hay una fecha establecida.

El “prejuicio” ambiental

Finalmente, todos los intentos por diversificar la matriz energética, tienen un escollo importante que superar: los “prejuicios” ambientales que de cuando en cuando afectan a algunos proyectos, como centrales hidroeléctricas de embalse, centrales a carbón, líneas de transmisión eléctrica entre otras. La solución aquí la tiene el recién creado ministerio de Medioambiente, cartera que deberá zanjar los intereses económicos con los ambientales. Sin embargo, la institucionalidad de la nueva cartera todavía no existe, lo que complica la situación de corto plazo.

Finalmente, es urgente “desburocratizar” los trámites que se requieren para llevar a cabo los proyectos de inversión. Esta medida es solicitada a gritos por el sector privado, quienes ven esta traba uno de los riesgos más importantes para avanzar en darle mayor seguridad al abastecimiento energético del país.

La creación del Fast Tracker o gerente de inversión, Carlos Mladinic (quien ha señalado que una de sus prioridades es agilizar la ejecución de proyectos eléctricos) es una buena señal. Pero todavía esta por verse su desempeño.

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