¿Quién protege a los tiburones?

Grandes especies marinas en peligro de extinción. El 90% de los grandes peces depredadores ha desaparecido de los océanos, pero a nadie parece preocuparle, porque no tienen el encanto de los pandas. Aunque las especies piscícolas superan de lejos en número a las mamíferas, la Convención sobre comercio internacional de especies en peligro protege a 654 clases de animales y a sólo 77 tipos de peces. La Nación 20 de abril de 2007.


Por George Monbiot

Los depredadores marinos están al borde de la extinción, pero la industria pesquera trabaja con impunidad. Si estos animales viviesen en tierra habría un clamor mundial. Pero las grandes bestias que vagan por las sabanas de los mares no concitan ese apoyo.

Grandes tiburones, atunes gigantescos, merlines y peces espadas debieran tener el estatus conservacionista del panda gigante o del leopardo de las nieves. Sin embargo, su comercio se considera aceptable.

Los grandes tiburones están al borde de la extinción. Desde 1972, la cantidad de tiburones negros ha caído en 93%, los tigre en 97% y los toro y cabeza de martillo en 99%. Casi toda la población de grandes depredadores está actualmente en caída libre.

Un documento, publicado hace cuatro años en la revista “Nature”, muestra que el 90% de los grandes peces depredadores ha desaparecido de los océanos. Hay reacciones de horror cuando se oye de los festines chinos con patas de oso o carne de tigre. Pero estos no son diferentes, en lo que respecta a conservación, a comer aletas de tiburón.

En términos de su impacto tanto sobre la ecología como el bienestar animal, la pesca de tiburones puede ser la industria más brutal del planeta. Mientras algunos ejemplares son procesados por entero, cerca de 70 millones son atrapados cada año sólo por sus aletas. En muchos casos, se les cortan las aletas y son arrojados vivos al mar donde tardan semanas en morir.

Las grandes redes usadas para atraparlos, arrastran ballenas, delfines, tortugas y albatros. Su pesca provoca también una cascada de desastres a través de la cadena alimenticia. Al eliminar a los grandes tiburones de las aguas del Atlántico occidental, las rayas a las que depredaban se han multiplicado en diez veces y han barrido con muchas especies de mariscos.

Gran parte de este comercio se origina en el este del Asia, donde la sopa de aleta de tiburón (que se vende hasta por 200 dólares el plato) es un símbolo de rango, como el caviar en Europa. La demanda global por aletas de tiburón aumenta en 5% al año. Pero no sólo es un problema asiático. El mayor importador del mundo de tiburones es España. Sus capturas han aumentado nueve veces desde los años ’90 y ha resistido (casi siempre con éxito) todos los esfuerzos globales y europeos para conservar sus presas.

Los españoles defienden su derecho a matar tiburones con el mismo ahínco con que los japoneses defienden su derecho a matar ballenas. La industria pesquera, dominada tradicionalmente por fascistas gallegos, ejerce un extraordinario nivel de influencia sobre el gobierno socialista, que a su vez, suele salir con la suya en Europa.

Tampoco sale muy bien parada la civilización noreuropea. En 2001, el Gobierno británico prometió proteger al tiburón-ángel, cuya población en aguas británicas estaba colapsando. Pero lo eludió y difirió hasta que se acabó el problema: ahora el tiburón se extinguió en el Mar del Norte.

Aunque las especies piscícolas superan de lejos en número a las especies mamíferas, la Convención sobre comercio internacional de especies en peligro protege a 654 clases de mamíferos y a sólo 77 tipos de peces.

En sólo nueve de estos casos el comercio está completamente prohibido. Las normas que se aprueban son ignoradas tanto por los pescadores como por los gobiernos. El grupo de presión Oceana entra a los puertos europeos cada vez que hay un día feriado y encuentra cientos de kilómetros de redes ilegales escondidas en las embarcaciones. ¿Dónde están los inspectores oficiales?

Otro documento publicado en la revisa “Science” sugiere que, según las actuales tendencias, tendremos hacia 2048 un colapso mundial de todas las especies capturadas hoy por los pescadores comerciales. Pero si atendemos a los ecosistemas a tiempo (con prohibiciones temporales de pesca y la creación de grandes reservas marinas), pueden recuperarse con notable rapidez.

 

 

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