Santiaguinos tienen más riesgo de cáncer y patologías bronquiales por contaminación

Los niños, los adultos mayores y los enfermos crónicos son los que más sufren de los aumentos de contaminación que se producen en esta época en Santiago.Crisis ambientales, como las de estos días, afectan las defensas naturales del organismo y dejan el paso libre a los gérmenes que causan los males respiratorios. El Mercurio 15 de mayo de 2007.


Por Pamela Elgueda y Amalia Torres

La preemergencia de este sábado, que marcó el índice más alto de contaminación de los últimos ocho años en Santiago, y la quinta alerta ambiental decretada ayer no son sólo historia para la salud de los santiaguinos.

Porque vivir en la capital tiene costos que pueden resentirse a largo plazo en el cuerpo: "El riesgo de cáncer y de patología bronquial crónica es mucho mayor" para quienes viven en ciudades contaminadas, dice el doctor Pedro Peña, especialista broncopulmonar de la Clínica Santa María, quien agrega que este peligro ha quedado demostrado en seguimientos hechos durante 20 años.

"No hay muchos estudios que hablen de estos efectos, y en Santiago no sabemos si nuestros hijos tendrán mayores índices de cáncer al pulmón, pero no es descartable", complementa el médico broncopulmonar y jefe de Pediatría de la Clínica Indisa, Pedro Astudillo.

Otros daños

A nivel internacional, datos de la Sociedad Americana de Cáncer han estimado que cuando la exposición anual al material particulado más pequeño (PM2,5) aumenta en promedio en 10 microgramos por metro cúbico, las enfermedades crónicas, las cardiopulmonares y la mortalidad por cáncer de pulmón suben en, aproximadamente, 4, 6 y 8%, respectivamente.

A corto plazo las consecuencias son evidentes. De hecho, las consultas por enfermedades respiratorias, especialmente en niños menores de cinco años, ya han aumentado en hospitales como el "Roberto del Río", "Félix Bulnes" y "Exequiel González Cortés".

Los expertos coinciden en que los efectos del esmog en el cuerpo se hacen perceptibles a los tres o cuatros días posteriores a su exposición.

"Las consultas aumentan especialmente en los niños, y, en el caso de los adultos, en aquellos que padecen enfermedades crónicas como EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica), cardiopatías y otras patologías respiratorias", agrega el doctor Peña.

A todos quienes viven en Santiago, y especialmente a este grupo de personas, una serie de sustancias que componen el esmog capitalino, como los anhídridos sulfurosos, óxidos nitrosos y ozono, les ocasionan la irritación de la pared de los bronquios, que es la primera barrera natural de defensa contra los gérmenes.

"Al alterarla, los virus y bacterias se introducen con más facilidad en el organismo y producen enfermedades como bronquitis y neumonías", explica Peña.

De ahí que el cardiólogo Luis Hernán Zárate diga que la contaminación no causa enfermedades, pero sí es un factor predisponente.

"El esmog aumenta la cantidad de radicales libres en el aire, lo que a su vez favorece el estrés oxidativo de las arterias, sobre todo en las personas que no tienen una dieta adecuada o que son sedentarias. Eso puede llegar a producir infartos cerebrales, cardiovasculares o renales", añade el doctor Zárate.

El médico Carlos Caorsi, cardiólogo de la Clínica Las Condes, añade que los estudios demuestran que existe una relación entre los días de más polución y el aumento de riesgo relativo a ser hospitalizado por eventos cardiovasculares, como los ya mencionados.

"No se conoce exactamente el mecanismo, pero se ha visto que se produce una inflamación local que se traspasa a la circulación". Esto, explica el médico, es capaz de generar un trombo o coágulo que al debilitar la placa que recubre la arteria puede terminar por romperla, lo que causa un infarto".

Medidas de cuidado

Como no exponerse a la contaminación es imposible, los especialistas recomiendan evitar situaciones que hacen más probable el contagio con gérmenes.

Una de ellas es alejarse de las aglomeraciones de gente, medida que se hace bastante difícil si se viaja en el transporte público. "El Metro y los buses son un problema crítico, porque la masa de aire es reducida para la cantidad de personas que lo está consumiendo, lo que hace que la posibilidad de contagio sea altísima", advierte Peña.

Si se tiene alguna enfermedad, es clave lavarse las manos antes de tener contacto con un niño o adulto mayor. También lo es cuidarse del frío y tener en cuenta que la meteorología no parece estar colaborando: "Estamos en mayo y no ha llovido. Y, si sigue así, las enfermedades respiratorias van a ser importantes", advierte el doctor Peña.

La mascarilla no protege

El uso de mascarilla como método de prevención en lugares muy congestionados o frente a una persona enferma no sería efectivo: "La mascarilla dura cerca de quince minutos, después, con el mismo vapor de la respiración, deja de ser filtro para agentes infecciosos. Por eso si se la pone a un niño antes de subirse al metro, y el trayecto dura más de un cuarto de hora, no será eficaz para prevenir el contagio", asegura el doctor Pedro Astudillo. Y tampoco sería efectiva para protegerse de la contaminación cuando se practica deporte, y por eso lo recomendable es no hacer ninguna actividad física.

ÍNDICE

409 PUNTOS, catalogados como peligrosos, marcó el índice ICAP el sábado pasado en la estación de monitoreo de Pudahuel. Ayer, a las 18:00 horas, era de 93 en esa estación.

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