Turistas amenazan la Antártida

Los 37 mil visitantes que cada año recibe el continente helado comienzan a dejar huella. La zozobra de un pequeño barco noruego a comienzos de año encendió las alarmas respecto a la indiscriminada visita a una de las últimas zonas vírgenes del planeta. La Nación 22 de mayo de 2007.


Por Rachel Williams

Gran Bretaña alertará, en una cumbre sobre la Antártida, sobre las serias implicaciones ambientales que pudieran tener para la última gran zona virgen las crecientes cantidades de turistas que llegan en cruceros.

Este año se espera que cerca de 30 mil personas vayan a la Antártida, cuatro veces más que hace diez años. Si se suma a los que van y no desembarcan, el total asciende a 37 mil.

A comienzos de este año el Golden Princess, un palacio flotante de 109 mil toneladas, 3.700 pasajeros, cinco piscinas, un casino y un golf de nueve hoyos, se convirtió en el mayor crucero que haya navegado en la región. El próximo año se espera el regreso del Star Princess, su barco hermano.

Los signatarios del tratado de 1961, por el que la Antártida fue declarada reserva natural destinada a la paz y la ciencia, se reunirán durante dos semanas a consecuencia del primer accidente grave que involucró a una nave turística en la zona. En enero, el Nordkapp, de pabellón noruego, encalló en la isla Decepción, derramando una pequeña cantidad de petróleo. El doctor John Shears, integrante del Observatorio Antártico Británico (British Antarctic Survey), dijo que a pesar de que nadie resultó herido y había otros barcos para ayudar, el incidente fue un “llamado de alerta”.

“El Nordkapp tuvo mucha suerte”, dice Shears. “Se trata de un buque reforzado contra el hielo, dotado de una tripulación experimentada en esas condiciones y con sólo 350 pasajeros. “Usaba gasolina diesel marina, que se dispersa bastante rápido en el agua, pero algunos barcos más grandes usan gas pesado, que puede ser muy persistente y particularmente difícil de limpiar”.

Un derrame de cientos de toneladas de diesel pesado cerca de la costa puede dejar cientos de pingüinos cubiertos con petróleo, explica Shears. El equipo de limpieza debería ser traído desde América del Sur o Estados Unidos, lapso en el que el petróleo ya se habría diseminado. “Sería muy, muy difícil limpiar y también hacer algo por la flora y fauna que hubiera resultado cubierta con petróleo. La naturaleza es una gran sanadora y con el tiempo lo limpiará todo, pero debido a la persistencia del gasolio pesado, podría tomar varios años”.

Emisiones contaminantes

El equipo británico tiene también preocupaciones respecto del impacto ambiental de las embarcaciones más grandes. Para Shears, “esos barcos queman combustible mientras navegan en la Antártida, agregando emisiones que contribuyen al calentamiento global. La Antártida es un punto sensible del calentamiento global. Su temperatura se ha incrementado en tres grados en los últimos 30 años, con el consecuente derretimiento de glaciares y colapso de la plataforma de hielo”.

El Reino Unido desea que los barcos que no hayan sido especialmente reforzados contra hielo marino sean excluidos de las áreas donde la presencia de hielo sea superior al 10%. Asimismo, llama a crear un “sistema de amigos” para grandes barcos, de modo que si uno se encuentra en apuros siempre habrá una nave cerca para pedirle ayuda.

Los ambientalistas también están preocupados por el impacto de los visitantes que desembarcan en pequeños botes, pues temen que puedan molestar la flora y fauna, pisotear importantes musgos y líquenes y dañar los ecosistemas de la región, únicos en el mundo, al introducir especies exóticas. Otra propuesta pudiera ser prohibir el desembarco de navíos con más de 500 pasajeros, ni siquiera por turnos. Como norma los que viajan en cruceros grandes no desembarcan.

El turismo en la Antártida está actualmente regulado por la International Association of Antarctic Tour Operators (Iaato), que establece estrictas directrices. Pero el sistema es voluntario y existen dos operadores que por varios años no se han hecho miembros. La Iaato acogió favorablemente las iniciativas británicas, diciendo que brindaban mayor fuerza a las acciones. “Pienso que las regulaciones serán un pequeño refuerzo, por lo que habrá un poco más de presión sobre la industria del turismo para que persuadan a aquellos que no se han integrado oficialmente”, dice John Splettstoesser de dicho organismo, agregando que los barcos de mayor tamaño ya evitaron el hielo marino. La directora ejecutiva de la Iaato, Denise Landau, dijo no estar preocupada por la posibilidad de que los grandes barcos encallen. “Por ningún motivo quisieran arriesgar su seguridad”, dice. “No les interesa acercarse al punto de encallar”.

La empresa Princess Cruises, que opera el Golden Princess y el Star Princess, dijo enorgullecerse de los más altos estándares de seguridad y prácticas ambientales. “Los barcos grandes han estado navegando en la Antártida sin problemas durante los últimos 15 años. En tanto, Princess Cruises ha estado trayendo visitantes a estas aguas durante cuatro años, también sin incidentes”, dijo un portavoz.

 

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