“Estas cosas no pasan en Chile”

A propósito de la autorización provisoria otorgada por la COREMA a METROGAS para construir una planta de gas propano en Peñalolen, en una zona de preservación ecológica, dentro de uno del os 23 sitios PRIORITARIOS de Conservación de la biodiversidad para la propia CONAMA y a 200 metros de las casas se 800 familias me gustaria refrescar la memoria a quiénes han autorizado irresponsablemente este permiso.


Por Poldi Furlan

Sobretodo al director de la CONAMA que voto favorablemente al inicio de las obras sin que el Estudio de Impacto Ambiental fuera hecho y estudiado en el fondo para garantizar la seguridad y la vida de los vecinos de Peñalolen, ya no se trata de cisnes de cuello negro, ni de peces en el Mataquito y San Vicente. Es urgente un cambio en la leyes ambientales la existencia de las SAP es impresentable. Cuantas tragedias ambientales más tendremos que lamentar para que nuestras autoridades reaccionen, a los que tienen la decisión en sus manos les quiero refrescar un poco la memoria.

Un gigantesco incendio afectó a la empresa Mathiesen Molypac, en diciembre de 1995, difícilmente podrá ser olvidado por los vecinos de la comuna de Lo Espejo. El feroz estallido provocado por los 160 mil litros de combustible que ardieron, ese día dejó secuelas en muchas de las familias que vivían en los alrededores de la fábrica, especialmente en los más de mil bomberos que estuvieron expuestos a los gases tóxicos sin usar equipos especiales para este tipo de siniestro.

El alcalde de Lo Espejo, Carlos Inostrosa, explico que en esa oportunidad el municipio presentó una demanda civil en contra de la empresa, tramitado por el abogado Enrique Silva Cimma, pero que no llegó a ningún destino. "Nunca se pudo comprobar la culpabilidad de la empresa, hasta ahora, dijo el edil.

Incendio provocó pánico y muerte

Por horas el fuego causó explosiones, humo tóxico y arrojó esquirlas. Miles de personas debieron ser evacuadas en prevensión. Especialmente niños, enfermos y ancianos. Una persona murió, otras veinte resultaron lesionadas y el pánico hizo presa de cientos de pobladores , a raíz de un incendio, calificado como "catástrofe de alto riesgo", que se produjo a las 9.30 horas (17-12-95) en una industria de productos químicos y lubricantes, de la comuna de San Bernardo.

El siniestro generó una nube tóxica de humo que cubrió amplios sectores de la capital y que obligó a evacuar a unos 1.500 residentes, en un radio de un kilómetro y medio. Innumerables explosiones, que lanzaron por los aires esquirlas de gran tamaño, así como tambores y piezas de maquinaria, dificultaron el combate de las llamas a los casi mil bomberos metropolitanos que se dieron cita en la empresa Mathiesen Molypac, ubicada en Camino Lo Sierra 02360, especializada en la producción de lubricantes, pinturas y productos de uso agrícola.

Una de las primeras explosiones causó la muerte de Marta Rosa Aros Cabieres, de 51 años, quién se desempeñaba como cuidadora de la Escuela Básica N(o) 593, ubicada 300 metros hacia el nororiente del siniestro, la que fue alcanzada por un trozo de metal de gran tamaño .

Entre los heridos están: Rosa Catalán Leal, 49 años, quien sufrió la fractura de su mano derecha; Sonia Muñoz, con heridas en sus extremidades, atendidas en el Hospital de San Bernardo. En el Hospital Barros Luco fue hospitalizado el voluntario Carlos Mouat Ferrera, con quemaduras de primer grado y se dio de alta a Carlos Román Alegría con un esguince. Otra media docena de voluntarios y una decena de menores fueron atendidos con principio de asfixia.

Según informó un vigilante que estaba al interior del recinto industrial cuando se inició la tragedia, el fuego se habría originado en una falla del sistema eléctrico en las oficinas administrativas, situadas entre las bodegas y la fábrica. Pese a la oportuna llegada de la Segunda Compañía de Bomberos, la más cercana, el avance de las flamas a estanques con PVC (compuesto clorado) fue inevitable.

José Muñoz, dueño de una casa habitación colindante con la industria, expresó que el fuego no se inició con explosiones, sino en forma habitual. "De inmediato -contó- saqué a mi señora y mi hija, porque se veía que la situación podía convertirse en tragedia". Efectivamente, en cosa de minutos las llamas se tornaron incontrolables y los bomberos debieron limitarse a enfriar el ambiente para que las llamas no se expandieran a otras fábricas cercanas. Las explosiones y el humo tóxico les impidieron trabajar adecuadamente, hasta horas después.

Un encargado de la planta, que no se identificó, aseguró que entre los compuestos existentes figuraban sulfuro de sodio, pentacloro fenato de sodio, butilacetato, polipropileno, compuestos de PVC, sulfato de amonio, aceites de motor y lubricantes, todos combustibles y algunos muy tóxicos.

Actuó mando conjunto
A pocos minutos de iniciarse el siniestro, en el sector se constituyó un mando conjunto integrado por el director de la Oficina Nacional de Emergencia, doctor Alberto Maturana; el comandante del Cuerpo de Bomberos, José Matute; la doctora Verónica Solari, del Servicio de Salud del Ambiente, oficiales de Carabineros y jefes de unidades bomberiles, todos coordinados por el intendente metropolitano, Alex Figueroa, el que, a su vez, se mantuvo en permanente contacto con el Presidente Frei y el ministro del Interior, preocupados por la magnitud del suceso.

Actuaron 500 efectivos de 12 cuerpos de Bomberos, alrededor de 300 carabineros, 20 especialistas de salud, personal municipal de Lo Espejo, con su alcalde Carlos Inostroza a la cabeza, además del apoyo de la FACH, Copec, el servicio S.E.I. del aeropuerto "Arturo Merino Benítez" y helicópteros de la empresa Alfa.

El intendente Figueroa destacó la coordinación demostrada por las instituciones del Sistema de Protección Civil. El doctor Maturana, a su vez, dijo que las empresas deberían informar sobre los elementos químicos que tienen en sus bodegas, para que Bomberos sepa a qué atenerse en este tipo de emergencias (17-12-95).

Alfredo Galleguillos Castro Periodista de "La Tercera".

Testimonios
Es el caso de José Israel Martínez Vinett, quien en esa época era Comandante de la 2a Compañía de Bomberos de Lo Espejo. "Él debió asistir a los más de ocho rebrotes de fuego en su calidad de comandante, y nunca usó máscara para protegerse de los gases químicos", cuenta su esposa, Ingrid Stutert.

El comandante José Martinez, de 52 años, actualmente padece un cáncer al riñón izquierdo con metátasis en estado terminal. Duerme la mayor parte del día, producto de los sedantes que debe ingerir para mitigar los fuertes dolores que le ocasiona su enfermedad.

"Él es otra persona. ¡Lo hubiera visto como era antes! Fuerte como un roble, alto y fortachón… si da pena verlo ahora, tan débil y flaquito", comenta Guillermo, su amigo por más de 25 años.

Las primeros síntomas del cáncer se manifestaron en junio del año pasado, con dolores a las rodillas y piernas. En febrero de este año, debió ser intervenido en el Hospital Barros Luco de Santiago pues los exámenes determinaron que padecía un cáncer hepático y renal en estado avanzado.

La familia de José es prudente y no quiere acusar a la empresa Mathiesen Molypac de su enfermedad, porque no tienen pruebas que acrediten que el cáncer haya sido provocado como consecuencia del incendio.

Otros afectados

Sin embargo, María Elena Zelaya, presidenta de desarrollo cultural de la comuna de Lo Espejo, tiene razones fundadas para sospechar que la enfermedad de Martínez se originó a raíz del siniestro.

"Todos los vecinos pensamos que el cáncer de don José es producto del incendio de la Molypac, porque no es el único caso: más de 10 funcionarios de la 2a Compañía de Lo Espejo tienen algún tipo de enfermedad relacionada con la intoxicación", confiesa María Elena.

Lo mismo piensa Guillermo. "Por acá se han muerto más de cinco personas de cáncer, y lo más extraño de todo es que han fallecido súper jóvenes", agrega.

Rebeca Saa, encargada de la Oficina Municipal de Información Laboral de Lo Espejo (Omil), fue una de las personas afectadas por la inhalación de gases tóxicos después del siniestro. "La oficina donde yo trabajaba estaba ubicada a dos cuadras de la fábrica que se incendió y yo aspiré todos los gases tóxicos. Altiro se me rompió la boca y no pude tragar por varios días", cuenta.

Rebeca asistió a la Mutual de Seguridad donde se le diagnosticó "una intoxicación por productos químicos debido a la nube tóxica que estaba en el ambiente". Luego de algunos días, el médico del recinto hospitalario le informó que padecía una neumonitis química. "Ese año además me vino una hemorragia renal y hasta el día de hoy sufro de neumonitis. Tengo una causa pendiente en los tribunales, porque nadie me pagó un peso por mi enfermedad", reclama.

Pero el voraz incendio de 1995 no sólo afectó la salud de las personas del sector, sino que también destruyó la flora y fauna de la comuna. "Mi casa estaba a 200 metros de la fábrica y no me quedó ninguna planta viva. Mis tres perras murieron tres días después del incendio de cirrosis hepática", cuenta afligida María Elena.

Hermetismo

En la 2a Compañía de Bomberos de Lo Espejo reina un absoluto silencio. Los voluntarios no están autorizados para emitir ningún tipo de declaración, "porque así lo establece la organización". El Superintendente del Cuerpo de Bomberos de La Cisterna, Lo Espejo y El Bosque, Antonio Vásquez, tampoco se encuentra disponible.

La única persona de la institución que se pronuncia sobre el tema es el Comandante de la 1a Compañía de Bomberos de La Cisterna, Luís Lavín. "Es muy arriesgado afirmar que el incendio de la empresa Mathiesen ocasionó la enfermedad de Martínez. Yo también asistí en esa oportunidad al siniestro, estuve presente en todos los rebrotes y afortunadamente no tengo ninguna enfermedad", dice Lavín.

Hace un par de años, el teniente primero de la Segunda Compañía de Bomberos de Lo Espejo, Víctor Hugo Concha, manifestó su preocupación por su salud y la de sus compañeros. Las declaraciones de Concha causaron revuelo en la Junta Nacional de Bomberos, por lo que se garantizó la realización de exámenes y seguimientos médicos.

Sin embargo, las personas que se sometieron a estos exámenes – entre ellos, Concha y Martínez – nunca recibieron el resultado de estos exámenes médicos, que fueron realizados pocos días después de acontecido el siniestro. Hasta el día de hoy Martínez no sabe qué índice de concentración de metales pesados y productos químicos tuvo su sangre luego de luchar contra el incendio de Mathiesen por 13 horas seguidas.

Sergio Alcayaga, epidemiólogo del Servicio de Salud Metropolitano del Ambiente Sur (Sesma), explica que luego del siniestro se hizo un seguimiento a los bomberos que asistieron a Mathiesen Molypac, y hasta ahora se han presentado sólo dos casos de personas con cáncer. "Pero no podemos atribuirlas al incendio", dice Alcalaya.

En un estudio realizado por el Instituto de Salud Pública (ISP), fechado el 27 de enero de 1996, se establece la presencia en el aire de monóxido de carbono y cloro sobre los niveles considerados normales y no riesgosos para la población. También estableció la existencia de ácido sulfhídrico y fosfógenos dentro de las bodegas.

 

 

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