La última maldición de la energía nuclear

Concebidas para paliar los efectos del cambio climático -la fisión nuclear no genera CO2- las plantas atómicas irónicamente tienen en la mutación meteorológica del planeta un inesperado enemigo. El aumento de la temperatura y carencia del agua ponen en peligro el normal abastecimiento de estas centrales, que requieren grandes cantidades de líquido para funcionar. La Nación 12 de junio de 2007.


James Kanter

Pese a las bondades esgrimidas por los defensores de la energía nuclear, existe una faceta menos conocida en su generación: requiere grandes cantidades de agua fría para mantener los reactores operando a temperaturas seguras. Un grave problema considerando que los ríos y represas -de los que las centrales dependen- están calientes o empobrecidos por el aumento de la temperatura del aire, por lo que muchas centrales enfrentan un dilema: o dejan de producir o violan reglas ambientales. La industria energética recién comienza a comprender las vulnerabilidades de las sedientas centrales.

Si las complicaciones resultan ser serias en países donde las fuentes de agua adentro se hacen cada vez más escasas, donde las centrales nucleares costeras no son bienvenidas o son irrealizables y donde las tecnologías alternativas son demasiado caras, podría ser el fin del florecimiento de esta energía como una fuente limpia. “Tendremos que solucionar el problema del cambio climático si vamos a tener energía nuclear, y no al revés”, dice David Lochbaum, ingeniero nuclear de la Unión de Científicos Comprometidos. “A medida que se calienta el clima, menos eficiente se hace el manejo de las centrales nucleares”, agrega.

En países como Australia, donde el Gobierno está considerando implantar la energía nuclear, y Estados Unidos, que obtiene cerca de un quinto de su electricidad de esta fuente, expertos advierten sobre peligros similares si se construyen centrales en áreas donde ya hay escasez de agua. Encontrar suficiente agua “es el aspecto central de todo lo que hagamos en el futuro”, dice Craig Nesbit, portavoz de Exelon, compañía que opera el mayor grupo de centrales nucleares en Estados Unidos.

Veranos cálidos

Para Patrice Lambert de Diesbach, analista de CM-CIC Securities en París, el problema son los veranos cálidos. “Nos hallamos ante la máxima cantidad de agua caliente que pueda ser arrojada a los ríos. Por desgracia, la situación sólo se pondrá peor”, dice.

Los grupos antinucleares sacan provecho. Según Stéphane Lhomme, del grupo francés Sortir du Nucléaire (Salir de lo Nuclear), “en realidad, la energía nuclear está empeorando los efectos del calentamiento global. Vegetales y peces son dañados por el vertido de grandes cantidades de agua caliente en los ríos y por la evaporación cada vez mayor”.

Científicos del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) advirtieron a los europeos sobre la severa escasez que se espera en las décadas venideras debido al derretimiento de los glaciares, la disminución en las precipitaciones nivosas y el aumento de la temperatura y expertos predicen que la región tal vez enfrente un verano caliente tras meses de tiempo anormalmente cálido.

En Alemania, el gigante energético E.ON se ha visto forzado por meses a reducir las operaciones en sus centrales a causa del calor. Apenas unos años atrás, tales desaceleraciones duraban sólo semanas, dijo Petra Uhlmann, portavoz de E.ON. “Creemos que habrá más olas de calor los próximos veranos así posiblemente tendremos reducir las operaciones de nuevo”, dijo.

En España, un reactor en Santa María de Garoña fue cerrado por una semana luego que se registraran altas temperaturas en el río Ebro. En Gran Bretaña casi todas las centrales están a orillas del mar, eliminando virtualmente los problemas de calor.

Países como China y la India que están ampliándose con nuevos generadores nucleares también podrían, en teoría, instalar todas sus centrales en las costas. Pero cantidades significativas de electricidad se perderían en la transmisión hacia el interior. En Australia, responsables políticos encargaron un informe, que concluyó que había pocos sitios costeros disponibles y que su construcción tierra adentro sería una amenaza a las reservas de agua en un país golpeado por la sequía.

En Estados Unidos, donde al menos dos tercios de las centrales nucleares están en lagos y ríos, el grupo Public Citizen (Ciudadano Público) informó sobre un corte el año pasado en una central en Michigan, y otras en Minnesota, Illinois y Pennsilvania, sufrieron desaceleraciones a causa del calor. Asimismo, Public Citizen ha advertido que construir una nueva central en el lago Clinton de unos 20 kilómetros cuadrados, haría descender su nivel de agua y aumentaría su temperatura, cuando se espera un empeoramiento de las condiciones de sequía en la zona central del país a causa del cambio climático. Public Citizen dijo además que el reactor ya existente en el lago Clinton, descargó agua unos 14 grados Celsius más caliente que cuando entró en la central, incrementando la temperatura promedio del lago en unos 8º grados Celsius.

Se necesitan enormes cantidades de agua para enfriar las centrales electro-nucleares. Sólo en Francia, cada año se extraen de ríos y lagos más de 19 mil millones de metros cúbicos de agua para operaciones nucleares, cerca de la mitad de toda la que es tomada del medio ambiente y mucho más de la usada por la agroindustria.

Ian Hore-Lacy, portavoz de la Asociación Nuclear Mundial, dijo que las centrales nucleares requerían las mismas cantidades de agua que las centrales a carbón o gas natural para producir electricidad.

Desde 2003, Francia comenzó a depender más fuertemente de los 14 reactores en la costa donde el agua es más abundante y generalmente más fría que la de los ríos en verano. Pero trasladar todas las centrales francesas hacia la costa no es la respuesta. Los costos serían demasiados elevados y cualquier proyecto de este tipo encontraría resistencia por parte de los habitantes de la costa y de los residentes del interior que objetarían las torres eléctricas. Otro problema es que transmitir corriente sobre largas distancias es ineficiente.

 

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