El aire de Santiago

Columna de opinión de Paola Vasconi, Coordinadora Programa de Medio Ambiente de Fundación Terram, publicada en diario La Nación el 05 de julio de 2007.


Nos encontramos en mitad de la fase crítica de la contaminación (abril a agosto) que todos los años vive Santiago y ya podemos decir que en 2007 la ciudad ha registrado y registrará una pésima calidad del aire. De hecho, a la fecha, la capital no sólo ha atravesado por varios episodios críticos, sino que se han anotado los peores índices de contaminación de los últimos cinco años y se espera que en los próximos días la capital de nuevo afronte una serie de alertas y preemergencias ambientales, poniendo en grave riesgo la salud de todos quienes la habitan o desempeñan sus labores en ella.

Es cierto que las condiciones meteorológicas y climatológicas de 2007 han jugado en contra del bienestar de los santiaguinos: escasas precipitaciones, bajas temperaturas y predominio de condiciones de estabilidad atmosférica, elementos que no favorecen la dispersión de los contaminantes. También es un hecho que, pese a las evidencias de la auditoría al PPDA en 2005, en los últimos años las autoridades ambientales y regionales no han hecho nada innovador para enfrentar y revertir el problema de la contaminación del aire capitalino.

Hoy, la máxima autoridad ambiental del país ha reconocido que la agudización de la crisis en el envío desde Argentina de gas natural ha tenido un impacto negativo en la ciudad porque el sector industrial, que operaba casi en su totalidad con este combustible, ha debido reconvertise al diésel y a la leña, generando un aumento importante de sus emisiones.

Sin embargo, las restricciones de gas natural argentino no son nuevas y se vienen registrando hace algunos años. A esto, hay que sumar la utilización progresiva de la calefacción residencial a leña; los problemas de implementación en el Transantiago; la expansión del parque automotriz; la puesta en marcha de la vieja central Renca ante el panorama energético, entre otras.

Todos estos antecedentes eran conocidos con suficiencia por las autoridades ambientales y regionales y en 2005 y 2006 ellos provocaron un amplio debate público en pos de nuevas medidas y políticas para descontaminar la capital. Sin embargo, llegó 2007 y las innovaciones nunca aparecieron. Más bien, muchas de ellas sufrieron retrasos -para 2008- y otras, más grave aún, se descartaron, evidenciando así la falta de voluntad política del Gobierno para avanzar en este tema.

Santiago nuevamente vive un difícil panorama en materia de contaminación del aire, situación que impacta directamente en la salud y la calidad de vida de sus habitantes, en especial en nuestros niños y adultos mayores.

El Gobierno no puede seguir aplicando la política del avestruz. Es hora de disponer unas nuevas y drásticas políticas si realmente queremos mejorar la calidad del aire capitalino. No es posible que las autoridades sigan apelando única y exclusivamente a la conciencia ciudadana para solucionar el problema de la contaminación atmosférica de Santiago.

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