Terram y la eterna crisis energética chilena

La sustentabilidad de nuestro desarrollo, pasa evidentemente por la sustentabilidad de nuestro modelo energético. Pero éste no sólo no es sustentable en el tiempo, si no que es en alto porcentaje dependiente de insumos foráneos, un 90% basado en combustibles no renovables y todos aportan con C02 al aumento del calentamiento global, son además, el principal aporte al smog toxico, mortal, de nuestras ciudades.

La sustentabilidad de nuestro desarrollo, pasa evidentemente por la sustentabilidad de nuestro modelo energético. Pero éste no sólo no es sustentable en el tiempo, si no que es en alto porcentaje dependiente de insumos foráneos, un 90% basado en combustibles no renovables y todos aportan con C02 al aumento del calentamiento global, son además, el principal aporte al smog toxico, mortal, de nuestras ciudades.


Con esta Matriz energética Chile no es ni será jamás independiente energéticamente, y dado que los proveedores internacionales son inseguros, como en el caso neto de Argentina y su gas, resulta que nuestro país es hoy altamente inseguro en materia de abastecimiento energético y nunca dejará de serlo, salvo milagrosos e improbables  encuentros con mantos de petróleo, gas y carbón sin azufre, bajo los suelos y mares de la patria.

Para los que plantean una salida nuclear la cosa resultaría lejos peor, no dominamos la tecnología, es de  otros, no tenemos combustible nuclear, por lo tanto seriamos aun más dependientes, además de la cantidad de basura innombrable que comenzaríamos a dejar en nuestro territorio. Descontando los temas de sismicidad, propensión al tsunami y al desastre volcánico que nos caracteriza.

A partir de este pesimista análisis, Fundación Terram entiende que se deben hacer profundos cambios en nuestra política energética a largo plazo, para enfrentar los próximos 10, 20,50 años y darnos tiempo, entre crisis y crisis, para planificar y actuar por el Chile que queremos. Según lo anteriormente expuesto Terram sostiene:

– Primero que nada debemos desarrollar una profunda, no simbólica, campaña de eficiencia energética, nuestra eficiencia país bordea con mucho el 35%, lo que dice que el 65% que compramos se pierde, por algunas ineludibles leyes físicas, pero mayoritariamente por deficiencias de tecnología, cultura y planificación.

– Segundo, el Estado debiera comenzar a desconfiar el mercado como modelo regulador, dado que el mercado está preocupado por el volumen de ventas y por lo tanto a más energía cara que se transe, mejor para el mercado, peor para Chile.

– Tercero, hacer caso, con políticas publicas y voluntad legislativa, de las voces de empresarios y científicos nacionales e internacionales, que han repetido hasta el agotamiento, que Chile tiene una enorme oferta energética propia, por siglos sustentable en energía eólica, solar, biomasa y geotérmica, que la tecnología viable existe y que desarrollando esto en las próximas décadas, podríamos estar ofertando energía limpia a nuestros vecinos.

La Concertación cumplirá cuatro gobiernos sin enfrentar profundamente este ineludible desafío país, imbuida en la contingencia de las crisis, bajo el lobby pesado del sector energético convencional. El tiempo corre, los plazos se cumplen, Chile futuro espera.

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