Cambio climático: Chile deberá adaptarse al nuevo escenario

El mapa agrícola será distinto, algunas especies verán comprometido su hábitat y los glaciares seguirán adelgazando. El Mercurio, 24 de octubre de 2007.


La incertidumbre frente al cambio climático mueve a Chile. Cada vez más seminarios hablan del tema y los escépticos disminuyen. Pesan el último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) y el reciente Nobel de la Paz.

Hace pocas semanas, la Universidad Católica y la Fundación Copec mostraron las proyecciones. Y el mismo rector Pedro Pablo Rosso introdujo el escenario para Chile. Sus palabras: "Es una amenaza potencialmente seria, hay que estar alerta". Por eso anunció la creación de un centro multidisciplinario que abordará el tema. Se suma al otro anunciado por el biólogo Juan Carlos Castilla, con el apoyo de expertos españoles.

Ambos apuntarán a generar más información para afinar el escenario.

El diagnóstico ya es más o menos claro: Las temperaturas medias aumentarán, la superficie de los glaciares disminuirá. Y lloverá menos, salvo en el Altiplano y en Magallanes.

Lo sabemos por modelos que han encargado organismos como la Comisión Nacional de Medio Ambiente (Conama).

Uno de los más importantes, el "Estudio de la Variabilidad Climática para Chile en el Siglo XXI" (www.conama.cl/portal/1301/articles-39442_pdf_Estudio_texto.pdf), del Departamento de Geofísica de la U. de Chile, configura dos escenarios para fin de siglo. Uno moderado, con aumentos de temperatura de 1 a 3 grados, y otro severo, con incrementos de 2 a 4 grados.

Menos nieve

El Centro de Agricultura y Medio Ambiente de la U. de Chile también imagina dos escenarios en "Chile, perspectiva del cambio climático en 40 años (2040)" (www.fia.cl/temas/cc-periodistas.pdf).

El límite inferior de las nieves subirá, en la zona central, entre 300 y 500 metros. Habrá menor capacidad para acumular nieve y aumentarán los torrentes de los ríos y de las inundaciones.

"Al retirarse los glaciares, la reserva de agua será menor", dice el bioclimatólogo Juan Manuel Uribe.

Habrá tal vez que migrar al sur las plantaciones forestales exóticas sedientas, como el pino insigne, disputando territorio con zonas ricas en bosque nativo. En cambio, las naranjas y uvas aumentarán su producción y área de cobertura. Otros frutales subtropicales, como el mango y la papaya, encontrarán acogida al norte.

La biodiversidad nacional también sufrirá.

El aumento de la temperatura media impactaría en la flora y fauna de alta montaña, sostiene la bióloga María Isabel Manzur, de la Fundación Sociedades Sustentables. Peces, anfibios y lagartos nativos serían los más afectados.

La investigadora prevé una masiva migración de especies de norte a sur en busca de condiciones térmicas adecuadas. Y aquí, dice, será clave crear corredores de biodiversidad, que comuniquen áreas protegidas entre sí.

Según advierte el físico Eduardo Sanhueza, delegado nacional ante las negociaciones de la Convención de Cambio Climático, "el país podría verse afectado física y económicamente", ya que las naciones desarrolladas podrían poner trabas aduaneras respecto del costo ambiental detrás de la producción de un bien, la llamada "huella ambiental".

Y uno de los factores que consideran en sus evaluaciones es la distancia. Chile está lejos, requiere mucho transporte.

El vicedecano de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U. de Chile, Patricio Aceituno, asegura que los impactos en Chile serán de menor magnitud que en el resto del mundo. Ello, gracias al Océano Pacífico. "El mar tarda mucho más en reaccionar frente a un forzamiento climático. El cambio de temperatura es más lento y produce un efecto de mitigación", explica.

La educación: clave

Aceituno también avizora que el clima podría tornarse en un recurso apetecido y que grandes productores agrícolas del hemisferio norte afectados por el clima podrían trasladar sus cultivos al cono sur.

Clave es el tema educacional. Cuando el Nobel de la Paz Al Gore presentó en Santiago su documental "Una verdad incómoda", el biólogo marino Juan Carlos Castilla llamó a la sociedad civil a modificar sus conductas y a trabajar juntos en educar a las nuevas generaciones.

Y enfatiza: el cambio global no sólo se limita al clima, sino que a otras áreas, como el que afecta a la biodiversidad y a los océanos. Lo clave, dice, será atenuar los efectos y también adaptarse.

Se complica el diagnóstico

Desde el año 2000 los niveles de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera superan en un 35% los cálculos de la mayoría de los modelos de cambio climático utilizados hasta ahora. De corroborarse tal dato, publicado en el boletín de la Academia de Ciencias de EE.UU., habrá que revisar las proyecciones actuales.

Los grandes hielos patagónicos están retrocediendo

Los grandes campos de hielo patagónicos están perdiendo aceleradamente su grosor. En la zona central de Chile la reducción de los glaciares cordilleranos amenaza la disponibilidad de agua para consumo humano, energía y agricultura en tiempos de sequía.

El 76% de los glaciares de América del Sur están en Chile. Y casi todos están disminuyendo su tamaño.

Los más australes han contribuido con el 7,7% del aumento del nivel del mar planetario durante el último siglo. Y aunque se tomen medidas para frenar el efecto invernadero, seguirán adelgazando por un período aún indeterminado, admite Andrés Rivera, glaciólogo del Centro de Estudios Científicos de Valdivia, que dirige el físico Claudio Bunster.

En la zona central del país el escenario puede tornarse complejo en el mediano plazo. Los glaciares cordilleranos en tiempos de sequía aportan hasta con 67% del agua que se destina al consumo humano y agricultura. Eso, sin contar lo clave que resulta para la generación hidroeléctrica.

Rivera precisa que el 3,8% de todos los glaciares del planeta, exceptuando Groenlandia y la Antártica, están en territorio chileno y cubren en total 20 mil kilómetros cuadrados.

En Campo de Hielo Norte, que tiene casi 4 mil kilómetros cuadrados, el retroceso de los hielos en el último siglo abarca 140 kilómetros cuadrados, más que la superficie de todos los glaciares de Colombia y Ecuador juntos. El glaciar San Rafael ha retrocedido 12 kilómetros en los últimos 120 años.

Campo de Hielo Sur, que cubre una superficie cercana a los 10 mil kms. cuadrados y es una de las mayores reservas de agua potable del planeta, también muestra un historial alarmante. El glaciar O’Higgins, que desagua en el lago del mismo nombre, retrocedió casi 15 kilómetros en 100 años.

Otro caso dramático , muy publicitado internacionalmente, se produjo en el glaciar Témpanos en el primer semestre de este año. Una laguna que se había formado por el derretimiento de los hielos alcanzó tal magnitud que finalmente se vació y desapareció repentinamente. Según Rivera, en la medida que el hielo ha ido adelgazando el agua que queda embalsada va alcanzando mayor profundidad hasta socavar la base del coloso de hielo y filtrarse bajo él hacia el mar. Según el glaciólogo, el glaciar Témpanos ha retrocedido a una tasa de 5 metros al año entre 1975 y 2000.

Sólo dos masas heladas, los de la Cordillera de Darwin Sur y el glaciar Pío XI, han seguido creciendo, pero son excepciones que marcan la tendencia, dice el investigador del CECS.

Rivera enfatiza que todos estos retrocesos están relacionados con el clima. "No son sistemas aislados, dependen de él para su mantención y si la temperatura aumenta se verán afectados. Pero la respuesta no es inmediata".

El glaciólogo enfatiza que hay una variabilidad natural del clima que regula aumentos o disminuciones de la temperatura global, pero detrás de la situación actual está siendo cada vez más demostrado por la evidencia científica que hay una responsabilidad del ser humano.

¿Volverá la superficie glaciar perdida? La historia dice que sí, pero no será de un año para otro. La recuperación puede llevar décadas y hasta cientos de años. Y eso siempre que se tomen medidas a tiempo. Por ahora los glaciólogos como Rivera seguirán atentos al fenómeno.

EN INTERNET: Estado de los glaciares: www.glaciologia.cl.

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