Empezo el II Congreso Latinoaméricano de Parques Nacionales

En la primera jornada del encuentro hubo coincidencias en el diagnóstico de la región.Son más las áreas protegidas, pero siguen faltando recursos. Con un extenso y coherente inventario de problemas y carencias, pero también con muchas esperanzas y expectativas, comenzó ayer en Bariloche el II Congreso Latinoamericano de Parques Nacionales y Otras Areas Protegidas. PNUMA 04 de octubre de 2007.


Más de mil especialistas de todo el continente colmaron el salón de los Bomberos Voluntarios, donde hubo una intensa presencia de la comunidad mapuche.

Convocado por la Unión Mundial por la Naturaleza (UICN), con la Administración de Parques Nacionales (APN) como anfitrión, el encuentro se caracterizará por los enfoques interdisciplinarios. Hacia allí apuntó Héctor Espina, presidente del Directorio de APN, al dar la bienvenida y plantear la necesidad de trabajar desde la integración.

La organización, compartida también con dos organismos de la ONU -el PNUMA (medio ambiente) y la FAO (alimentación)-, da cuenta de la voluntad colectiva de que las áreas protegidas y la conservación de la biodiversidad sirvan para aliviar la pobreza, en especial de quienes viven dentro o en torno de ellas, y que son los que menos se han beneficiado.

José Antonio Prado Donoso, delegado regional de la FAO, subrayó la acelerada pérdida de bosques, debido al desmonte, la tala ilegal, la caza furtiva, los incendios forestales y la degradación de las forestas. Ricardo Sánchez Sosa, representante del PNUMA, sumó el avance de la frontera agrícola, la creciente contaminación -incluso con agroquímicos- de áreas costeras marinas, y la erosión: "Hay millones de personas que viven en áreas vulnerables, que requieren cada vez más que los servicios de los ecosistemas se desarrollen en forma sostenible, que haya un cambio en la manera como se manejan".

Los informes por países presentados al final del acto inaugural -con algunas ausencias, como la de Brasil- suelen coincidir en aspectos positivos en la última década, como el de áreas bajo protección. Pero también son casi unánimes los diagnósticos de bajo presupuesto, de insuficiente capacitación del personal, de grandes obstáculos para sancionar las infracciones, y de inseguridad jurídica.

La Argentina destaca el aumento de áreas protegidas al 7,71% del territorio continental, aunque aún por debajo de la media mundial (11%). Marca además el contraste entre los mayores recursos asignados a los parques nacionales, y las carencias de la mayoría de las reservas provinciales.

El documento local señala la incongruencia de que APN dependa de Turismo; y las reservas de biosfera y los sitios Ramsar (humedales de importancia internacional), de la Secretaría de Ambiente. "La Argentina no cuenta aún con una política nacional al respecto", se admite.

Tanto el informe argentino como el de Ecuador -llamativamente sombrío, en el país de las islas Galápagos- alertan sobre las nuevas amenazas a las reservas naturales: la fragmentación del hábitat en su entorno, las actividades petroleras y mineras, la mayor presión del turismo.

Los progresos en la integración política y económica regional tienen su contraparte en los impactos ambientales, y ése promete ser uno de los ejes más fuertes de las discusiones que se inician hoy. Otro reclamo quedó plasmado por Sánchez Sosa: exigir a los países desarrollados que paguen por los servicios ambientales de las naciones en desarrollo. El delegado del PNUMA indicó una tercera línea de debate: la mayor participación de todos los sectores de la sociedad, coincidente con la apertura democrática del continente. Esta es la mayor esperanza, pues si bien los problemas son muchos, también son muchas las alternativas, que aún no han sido implementadas.

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