La pobreza ha bajado, pero en forma desigual

En el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, afirmó que se está a la mitad del camino de cumplir el compromiso de erradicar la pobreza extrema y pidió mayores esfuerzos a los gobiernos. La Nación 18 de octubre de 2007.


"EN LOS ALBORES del milenio, los dirigentes del mundo hicieron promesas audaces a los pobres del mundo. Prometieron un mundo en que todos los niños terminaran la enseñanza primaria; un mundo en que todos tuvieran acceso a agua potable y las familias estuvieran protegidas de enfermedades mortíferas como el paludismo; un mundo en que las naciones trabajaran unidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento del planeta. Por sobre todo, nuestros dirigentes prometieron un mundo en que nadie estuviera condenado a vivir en una pobreza extrema y atroz", recordó ayer el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

El máximo líder de Naciones Unidas afirmó que la conmemoración mundial de este día, este año "se celebra apenas pasado al punto medio de la carrera para llegar a dar cumplimiento a esos compromisos", que tienen fecha de vencimiento el 2015.

Agregó que el balance es diverso, pues "la proporción de personas que viven con menos de un dólar al día se ha reducido ( ) pero el progreso ha sido desigual y en algunas regiones, particularmente en el África Subsahariana, parecería que ni siquiera una de nuestras grandes promesas se va a hacer realidad".

Mayores esfuerzos

"El mundo debe orientar hoy su atención y sus recursos hacia los lugares y las personas que están quedando a la zaga. Al mismo tiempo, debemos tener presente que nadie está más empeñado en poner fin a la pobreza que los propios pobres. Con frecuencia, lo único que les hace falta para salir airosos en esta lucha es orientación, herramientas y oportunidades", sostuvo.

En ese sentido, afirmó que se debe considerar a las personas que viven en la pobreza como agentes del cambio. "Debemos fomentar entre los beneficiarios el sentimiento de propiedad de las estrategias de desarrollo, los ciudadanos deben participar activamente en la formulación de políticas y los gobiernos deben rendir cuenta más estrictamente a sus ciudadanos en sus esfuerzos por lograr los objetivos de desarrollo. Por sobre todo, se debe establecer una verdadera alianza para el desarrollo, en que los países ricos hagan su parte suministrando recursos y creando oportunidades de empleo productivo mediante el acceso a los mercados, para que los pobres puedan asumir el control de su vida", concluyó.

América Latina baja pobreza, pero mantiene desigualdad
 
Si bien el panorama regional en los últimos cuatro años se muestra bastante promisorio, de acuerdo a las cifras de la Cepal, en cuanto a reducción de la pobreza según ingresos, en el continente persisten en esa calidad 280 millones de personas, lo que equivale a la cifra alcanzada a mediados de los 80. Y, lo que es peor, persiste casi sin variación la desigualdad.

En referencia a los mismos estudios, entre 2003 y 2005, Chile se ubicó entre los países con menor nivel de pobreza, 13% (sin incluir la indigencia), junto a Uruguay, 18,8%, y Costa Rica, con un 21%. En el otro extremo, Honduras, registró 74%, Bolivia, un 63,9% y Paraguay un 60% de personas viviendo en pobreza.

No obstante, la medición por ingreso no es la única que existe respecto de los niveles de pobreza, como lo recordó el investigador del equipo de desarrollo humano del PNUD Rodrigo Márquez, para cuyo programa la mirada apunta a las capacidades, especialmente en educación y salud.

El profesional dijo a La Nación que entre los factores que inciden en la superación de la pobreza en la región destaca "el mejoramiento del crecimiento económico en este período".

En el caso chileno, explicó, se dio una combinación de crecimiento con la "capacidad de políticas públicas para aproximar a la gente a los beneficios económicos".

Desigualdad

Márquez afirmó que "la sorpresa está en que si bien los niveles de pobreza bajan, la desigualdad se mantiene y es así en Chile y en América Latina".

En esta materia destacó que "sería importante enfatizar que la desigualdad no siempre es una variable dependiente, sino también se puede ver como una variable independiente; es decir, porque tenemos desigualdad es que tenemos ciertos resultados".

Aclaró que esa mirada va más allá de la que se centra en los ingresos e implica preguntarnos, por ejemplo, cuán preparados estamos para una mayor igualdad y sus consecuencias de ello.

Asimismo, sostuvo que "hay desigualdades legítimas e ilegítimas. Si alguien cuenta con un alto nivel educacional, es legítimo su acceso a puestos de mayores ingresos, pero la falta de acceso a una educación de calidad es ilegítimo".

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