Política energética para Chile

Estos días la energía marca la pauta, por una parte organizaciones ambientalistas suscriptoras del acuerdo de Chagual, le hicieron llegar a la presidenta Bachelet el Informe Ciudadano sobre energía nuclear, elaborado por las organizaciones ambientalistas participantes del acuerdo de Chagual, y por otro lado, con una concurrida asistencia fue lanzado el libro Patagonía Sin Represas, que marca el inicio de la campaña de las organizaciones agrupadas en el Consejo de Defensa de la Patagonia. Ambas acciones tienen un denominador común, abrir el debate respecto de la necesidad de contar con una política energética de largo plazo para Chile y sobre las opciones por las cuales debe inclinarse el país para enfrentar la creciente demanda energética, producto del modelo de desarrollo económico que enfrentamos como país, todo esto ocurre en la antesala de conocerse el Informe Zanelli. Respecto a esta materia Fundación Terram expresa:

Estos días la energía marca la pauta, por una parte organizaciones ambientalistas suscriptoras del acuerdo de Chagual, le hicieron llegar a la presidenta Bachelet el Informe Ciudadano sobre energía nuclear, elaborado por las organizaciones ambientalistas participantes del acuerdo de Chagual, y por otro lado, con una concurrida asistencia fue lanzado el libro Patagonía Sin Represas, que marca el inicio de la campaña de las organizaciones agrupadas en el Consejo de Defensa de la Patagonia. Ambas acciones tienen un denominador común, abrir el debate respecto de la necesidad de contar con una política energética de largo plazo para Chile y sobre las opciones por las cuales debe inclinarse el país para enfrentar la creciente demanda energética, producto del modelo de desarrollo económico que enfrentamos como país, todo esto ocurre en la antesala de conocerse el Informe Zanelli. Respecto a esta materia Fundación Terram expresa:


– La implementación de una política energética es cada día más urgente para Chile

– Durante los últimos años en Chile tenemos un crecimiento del orden del 5 % y una demanda energética creciente del orden del 7%, por lo cual el escenario energético actual nos sitúa en la disyuntiva respecto a ¿cuál es el Chile que queremos construir en materia de energía?, visualizándose la evidente necesidad de contar con una política energética de largo plazo, basada en la independencia, diversidad de fuentes y plena autonomía, garantizando mayor seguridad, independencia y sustentabilidad.

– Chile necesita reorientar su comportamiento en la generación, distribución y consumo energético, terminar con la excesiva dependencia de combustibles fósiles importados, situación que lo hace vulnerable. Se debe diversificar la matriz energética y frenar el cuasi-monopolio basado en mega centrales hidroeléctricas y termoeléctricas

– Necesitamos fortalecer el rol del Estado como ente generador y regulador de la política energética nacional. Diversificar los actores que participan en la generación, transmisión y distribución. Descentralizar la producción y consumo de energía al interior del país, solo así lograremos descentralizar Chile.

– Nuestro país debe desarrollar una política real de eficiencia energética, que apunte a disminuir el consumo de energía por parte de la industria, transporte, minería y residencial. Se deben desarrollar políticas sociales que incorporen el criterio de eficiencia energética. Se debe terminar con la ineficiencia en la utilización de energías renovables no convencionales (ERNC) en la matriz energética, tales como biomasa, geotermia, eólica, etc., energéticos propios y abundantes a lo largo del territorio nacional. Para ello, necesitamos de una eficiente legislación e institucionalidad que permitan una planificación integrada de los recursos con una mirada de largo plazo que nos acerque a la equidad y sustentabilidad.

– La energía nuclear no es la salida para Chile, pues esta opción no nos garantiza seguridad energética, equidad y sustentabilidad. Esta opción utiliza como combustible, un recurso no renovable escaso a nivel mundial, que no existe en Chile y que hace de esta opción una alternativa poco segura. Por otra parte, los costos de la utilización de energía nuclear implica subsidio del Estado, pues en los últimos 20 años no existe en el mundo inversión privada en esta materia- además los costos de generación nucleoeléctrica es elevado, ya que los cálculos esgrimidos por diversos personeros en el último tiempo, están basados en estimaciones teóricas, que no incluyen el ciclo desde el origen al término, es decir solo se consideran los costos de generación eléctrica, pero se ignoran los costos adicionales como extracción del mineral, trasporte, desmantelamiento, disposición segura de los desechos radiactivos, entre otros. No considera además, el alto costo en infraestructura por ser nuestro territorio vulnerable a sismos de gran intensidad, que sobrepasan los 7 º Richter contemplados por la industria nuclear, lo que impondría mayor inversión en seguridad.

– La energía nuclear no es una alternativa limpia frente al cambio climático global, ya que si bien un reactor emite poco dióxido de carbono, al sumar todo el ciclo de combustión las emisiones son significativas, pudiendo incluso igualar a las emanaciones de una central a gas.

– Entendiendo el complejo panorama energético que vive nuestro país, y las crecientes presiones por los sectores interesados en generar falsos debates, ya sea que estos provienen de la generación eléctrica- basada en el carbón- la nuclear o la hidroelectricidad, es urgente que el gobierno evalué todas las alternativas de energía limpia que posee y que Bachelet dé cumplimiento al acuerdo suscrito con organizaciones ambientales que estipula “no incluir la opción nuclear en la política energética nacional”, y a su programa de gobierno que contempla una Estrategia Nacional de Cuencas y un Plan de Seguridad Energética (PSE) de largo plazo..

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