El patagón que defiende al Baker de las represas

Aquilino Olivares es hijo de pioneros y ferviente opositor a las centrales en Aysén y asegura que la Patagonia no es de los patagones, sino de todos los chilenos.. La Nación, 23 de Noviembre de 2007.


Aquilino Olivares lleva puestas sus pierneras negras sobre sus jeans celeste. Las prefiere de cuero de chivo negro. Tanto, que cría chivos negros. En el cuello luce un pañuelo. Dice que es una tradición. Igual que su boina vasca que lo protege del sol, la lluvia y que el viento no bota. Cuenta que su cuchilla al cinto no es una grandeza, es sólo supervivencia: la usa para comer, para cortar el lazo del caballo cuando se enreda o para cortar una estaca.

El hombre, que confiesa 37 años y luce una piel gastada y curtida, parece sacado de una postal del otro lado de la cordillera. Pero Aquilino es chileno. Chileno y patagón hijo de pioneros. Nacido y criado en el río Nef. Su padre, José Cecilio Olivares, monta todo el tiempo a su lado en la Cabalgata por una Patagonia Sin Represas que junto a medio centenar de ayseninos comenzaron el pasado lunes, manifestación encabezada por baqueanos -campesinos de la Patagonia- que no quieren centrales en sus ríos. El viejo, que pasa los 80 años de edad, llegó en 1922 al Baker a trabajar junto a su padre como medianero en las tierras que administraba Lucas Bridge.

Aquilino recuerda una infancia feliz en la Patagonia. Andar cinco horas para llegar al internado donde estudiaba la básica es uno de esos recuerdos. "Éramos como ocho alumnos. ¿Por curso? No, en toda la escuela. Había dos profesores". El Baker era suyo. No pasó de octavo básico pero dice que tiene una profesión: es baqueano. "No cualquiera se hace del campo, del esfuerzo y del rigor… el baqueano se hizo con sufrimiento", dice. Más detalles: sabe vivir solo en el campo, sabe atender el parto de una vaquilla, sabe agarrar un potrillo, caparlo y posteriormente hacer un caballo de él. Baqueano, explica Aquilino, es seguir un rastro y saber de qué animal se trata. Baqueano es saber observar dónde están las quebradas de agua y el caudal de un río. El baqueano toma mate y duerme en cualquier lado. El baqueano mira siempre a los ojos. Eso, cuenta, es un baqueano. Eso, insiste, lo hace feliz.

¿Cómo explicarle a un citadino la Patagonia? "Conozco Santiago, Valparaíso y Viña del Mar. Hay mucho lugares lindos, pero la Patagonia es linda entera. El que no se siente feliz acá, no puede ser feliz en ninguna parte".

Dos veces estuvo en Santiago. En la primera, invitado por el Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap), conversó con la Presidenta Michelle Bachelet. La segunda vez, en octubre de este año, se paró en el escenario del Castillo Hidalgo del Cerro Santa Lucía en el lanzamiento del libro "Patagonia chilena ¡Sin represas!" y fue el más aplaudido de la noche. Se ganó las palmas cuando dijo que la Patagonia no es de los patagones, sino de todos los chilenos. Por eso tienen que cuidarla y no permitir que los extranjeros vengan a matar los ríos.

Dice que por estar contra las represas, varios le han quitado el saludo. A Aquilino no le importa. Sigue esperando que no le den vuelta la cara para saludar otra vez. "No tengo ningún rencor. Nadie me paga por mi pensamiento. Para la cabalgata puse mis caballos y llevo mis cosas. Puedo seguir mirando a los ojos".

 

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