Mapa de la injusticia ambiental

La polución, la canícula y las inundaciones suelen azotar a los más pobres, aunque no sean los que más ensucian. Y una de las principales razones es la distribución de los árboles: aunque la OMS recomienda al menos nueve metros cuadrados de zona arbolada por habitante, en la mayor parte de la ciudad hay menos de uno. Ahora, La Florida está a punto de permitir que se tale El Panul, el último bosque de la capital. La Nación, 4 de Noviembre de 2007.


EL ÚLTIMO BOSQUE

En La Florida, al final de la calle Rojas Magallanes y a 20 minutos de la estación del Metro del mismo nombre, hay un bosque centenario. Doscientas veinte hectáreas de quillayes, litres, maitenes, espinos, peumos y guayacanes, árboles nativos de más de 20 metros de alto y frondosas copas, que no necesitan de mangueras ni jardineros que los mantengan. Pero su dueño, Vicente Navarrete, quiere talarlo para construir casas de cuatro mil UF, y sólo espera que la municipalidad cambie el uso del suelo del sector.

La destrucción de este bosque haría que aumenten la contaminación y el calor en La Florida; que crezca el riesgo de inundaciones en las poblaciones aledañas, incluso hasta las comunas de La Granja y San Ramón, y pondría en peligro la sobrevivencia de este tipo de bosque (denominado esclerófilo), típico de la zona central.

El bosque esclerófilo es un "hot spot", es decir, con especies autóctonas y que se puede acabar en cualquier momento. En Chile hay 300 mil hectáreas de este bosque y apenas el 2% está protegido por el Estado.

Desde 2005, la Red Ciudadana por la Defensa de la Precordillera ha propuesto que, en vez de construir casas, el Estado compre esos terrenos y habilite un parque regional con acceso gratuito. "¿Cuál es el paseo de fin de semana en La Florida? El mall. No existe otro lugar adonde ir", dice Annie Luypaert, miembro de la Red. "Los proyectos inmobiliarios precordilleranos utilizan el aire puro y el bosque nativo como elementos publicitarios. Pero es absolutamente injusto que esas ganancias, que son privadas, sean costeadas por el resto de la sociedad, puesto que empeora su calidad de vida cuando se cortan los árboles para pavimentar la precordillera", agrega el geógrafo de la Universidad de Chile Hugo Romero.

EL ESMOG, PARA LOS POBRES

"Santiago no tiene ninguna posibilidad natural de resolver sus problemas ambientales", dice el geógrafo Hugo Romero. Esto significa que la única posibilidad de limpiar el aire es disminuyendo las principales fuentes de contaminación: los autos. Sin embargo, pese a que la tasa de motorización es de un auto por persona en el sector nororiente de la capital, frente a un auto por cada 70 personas en la zona poniente, las comunas más contaminadas de la ciudad son justamente las del poniente.

"Son 600 mil toneladas de contaminantes que se introducen en nuestros nuestros ciclos respiratorios. ¿Usted cree que esto puede ser considerado una ciudad sustentable? ¿No será que nos hemos ido mal acostumbrando? Entre el 2001 y el 2005, el 53% de los hospitalizados por razones respiratorias fueron niños menores de un año, ¿Santiago está consciente de que está dañando severamente la salud de su población más frágil y valiosa?", se plantea Romero.

Esta misma distribución es la que se da entre los sectores más fríos de la ciudad (al oriente) y los más calurosos (al poniente). La tierra y la vegetación absorben calor, pero cuando estos terrenos se pavimentan, el calor rebota y la gente se achicharra. Además, la ausencia de sombra aumenta la sensación térmica hasta en cinco grados y la falta de plantas aumenta la sequedad del aire. En los sectores más pobres de la ciudad no sólo hay menos de un metro de áreas verdes por persona, sino que el 60% de las zonas habilitadas para parques públicos son sitios eriazos.

LA DICTADURA DEL PLAN REGULADOR

Si se siguieran las recomendaciones de la OMS, nuestra capital debería tener 5.400 hectáreas de áreas verdes. El Plan Regulador de Santiago (PRS), sin embargo, contempla apenas 686 hectáreas. Hay un programa, el Plan Verde de Conama, que pretende plantar otras 1.800 hectáreas antes del 2010, pero, aun así, no se llegará ni siquiera a la mitad de lo necesario. Lo peor es que, al mismo tiempo, el Plan Regulador amenaza con terminar con los pocos restos de bosque que le quedan a la capital, al permitir la construcción de proyectos inmobiliarios en la precordillera. "Y no es lo mismo tener cien árboles de un año que un árbol de cien años", explica Alexis Vásquez, "porque los beneficios ambientales de los árboles aumentan exponencialmente con la edad de éstos".

"El problema principal del Plan Regulador de Santiago", añade Eduardo Giesen, vicepresidente del Comité Nacional Pro Defensa de Flora y Fauna. "Es que no tiene un proyecto democrático de ciudad. El que decide los usos del territorio es el capital privado y no los ciudadanos. No sólo son pocos los espacios de participación ciudadana, sino que, además, la autoridad política intenta que estos pocos espacios pasen inadvertidos".

Hugo Romero agrega: "Jamás debió haberse construido en ríos y quebradas, porque esta es la razón más frecuente de inundaciones. Tampoco debió haberse construido en las pendientes más inestables del pie de monte, porque también aumenta el riesgo de aluviones e inundaciones. Debiéramos haber protegido las áreas verdes al interior de la ciudad, y, en el caso de las áreas de cultivo, también surge la duda acerca de si valía la pena sacrificar la fertilidad de esos suelos, territorios que presentan la mayor calidad y potencialidad de producción agrícola a nivel mundial. ¿Existe la posibilidad de sustituir esos suelos agrícolas? Hemos urbanizado terrenos que no son urbanizables y hemos dejado de renovar gran parte de la ciudad".

Actualmente, el PRS amenaza con construir en la precordillera, lo que podría aumentar las inundaciones invernales, pues al pavimentar la tierra pierde toda su capacidad de absorción del agua y obliga a ésta a correr libremente por las calles hasta encontrar su cauce.

El mismo plan podría permitir también las edificaciones sobre las siete mil hectáreas del antiguo cono de aproximación del aeropuerto de Cerrillos, un triángulo ubicado entre Maipú, Cerrillos y San Bernardo que hoy constituye la principal herramienta de enfriamiento de la ciudad. Al construir allí se impedirá el paso de los vientos y aumentará el calor de la ciudad.

LA JUSTICIA SOCIAL DE LOS ÁRBOLES

En Santiago, a diferencia de otras ciudades del mundo, la cantidad de áreas verdes por habitante está en directa relación con la condición socioeconómica de los barrios: mientras más dinero hay en el bolsillo, más árboles hay en el patio de la casa. Así lo demuestran los mapas del Laboratorio de Medio Ambiente y Territorio de la Universidad de Chile, al igual que un estudio realizado por el geógrafo Alexis Vásquez en la comuna de Peñalolén.

El problema es que la vegetación no es sólo un elemento decorativo, sino que ofrece beneficios fundamentales para la calidad de vida de los ciudadanos: limpia el aire porque transforma en oxígeno tóxicos como el dióxido de carbono; disminuye considerablemente la temperatura porque humedece la atmósfera y genera sombra; amortigua el ruido; absorbe aguas lluvias, previniendo inundaciones; y está clínicamente probado que su presencia disminuye el estrés y la depresión.

"Por esta razón es de vital importancia que el Estado invierta una gran cantidad de recursos en áreas verdes públicas que, además de los beneficios mencionados, entregan a la comunidad espacios de recreación gratuitos", concluye Vásquez.

 

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