Expansión de la Salmonicultura: Trasladando problemas

Columna de opinión de Giuliana Furci, coordinadora del programa de salmonicultura de Fundación Terram, publicada en el Diario La Estrella de Chiloé el 30 de noviembre de 2007.


Ya está ocurriendo. Se han comenzado a instalar en la Región de Aysén nuevos centros de cultivo de salmones. Se podría pensar que la expansión hacia las regiones más australes del país era cosa del futuro, pero algunos factores han acelerado el proceso, principalmente la explosiva expansión de los brotes del piojo de mar y virus ISA. Por este motivo, diversas empresas han comenzado a concretar sus planes de traslado hacia Aysén, inicialmente proyectados para un mediano plazo.

Frente a la instalación de esta actividad en las prístinas aguas de la Undécima Región, se podría esperar que las compañías apliquen en los nuevos territorios las lecciones aprendidas en la Región de los Lagos. Sin embargo y muy por el contrario: se están simplemente trasladando los problemas.

Las nuevas instalaciones están repitiendo exactamente los mismos errores que los han llevado a la crisis que enfrentan hoy en la Décima: los peces se siguen cultivando de la misma manera, se siguen criando a las mismas densidades de cultivo y se continúan instalando centros de cultivo muy cercanos a otros. No se practica el “fallowing” (rotación y descanso de sitios de cultivo), ni tampoco se ha aplicado una medición de la capacidad de carga de los ecosistemas a los que están llegando.

Esta expansión incluso ha sido criticada por empresarios de la misma industria salmonera, que han declarado a través de la prensa que el traslado de las malas prácticas a la Región de Aysén no significa que se den por finalizados los problemas que aquejan a la industria.

Ante esta realidad es fundamental no perder de vista lo que se está dejando atrás en las costas de la Región de Los Lagos, y mirar con atención el estado en que se están dejando las aguas del mar y de los lagos. Pero pese a las ampliamente conocidas condiciones de los fondos marinos y lacustres, que han sufrido por años los impactos de la contaminación y de los desechos de la salmonicultura, esto no parece suficiente para que la industria salmonera asuma su impacto y modifique su forma de cultivo.

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