Las minas antipersonales, el enemigo acecha en silencio

A 10 años de la Convención de Ottawa que prohibió su uso, aún quedan 110 millones de artefactos repartidos en todo el mundo, principalmente en África. El Mercurio, 3 de Diciembre de 2007.


Freddy Mendoza Córdova tenía 9 años en 1993 y su vida transcurría normal en la zona agrícola del departamento peruano de Junín, cerca de la frontera con Ecuador. Un día, mientras pastoreaba su rebaño, divisó un objeto brillante semienterrado. A él se le ocurrió que era una radio. Presionó un botón que creyó servía para encenderla.

El artefacto estalló dejándolo gravemente herido. Freddy perdió la vista y sus manos quedaron mutiladas.

En la actualidad tiene 23 años. Dejó su vida campesina para vivir en Lima, cerca de los centros médicos especializados. La cirugía lo único que ha conseguido es mejorar el aspecto de sus órbitas oculares, "para que la gente no se espante cuando me ve", señala tímido.

Para sobrevivir vende dulces en las calles, pues no recibe asistencia social de ningún tipo y conseguir trabajo le ha sido imposible. Su hermana, Mariluz de 12 años, es su lazarillo.

Este es sólo uno de los testimonios de inocentes víctimas de las minas antipersonales, una de las armas más mortíferas usadas en una guerra y también una vez terminado el conflicto. Fueron concebidas no sólo para matar, sino que para destrozar las extremidades de la víctima y dejarla incapacitada de por vida.

Peligro que perdura

Se calcula que 110 millones de estos artefactos, que pueden permanecer activos más de 50 años, están aún repartidos por el mundo, especialmente en África. Esta capacidad de causar daño incluso cuando se ha terminado la guerra movilizó a la comunidad internacional hace diez años para eliminarlas del planeta.

Con ese objetivo 123 estados suscribieron la Convención de Ottawa en 1997, lo que constituyó todo un hito, ya que fue la primera vez que había acuerdo para prohibir completamente un arma de uso generalizado.

Pese a los esfuerzos, cada año 26 mil personas mueren o quedan mutiladas por la explosión de estos artefactos que no distinguen entre combatientes y población civil.

Médicos que han entregado sus testimonios al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), describen las heridas causadas por la minas antipersonales como las más horrorosas y difíciles de tratar.

La detonación produce una onda expansiva que puede arrancar las dos piernas de una persona. Al mismo tiempo lanza trozos de metal, fragmentos de plástico del revestimiento de la mina y hasta huesos rotos hacia el interior de los músculos y la parte inferior del cuerpo, con el consiguiente riesgo de infección para la víctima.

Aunque aún resta mucho para proclamar el éxito de la Convención de Ottawa, el balance de estos 10 años es positivo. Ya son 155 los Estados que la han suscrito y 40 millones las minas destruidas.

"Estos logros no deben sin embargo hacernos caer en un falso sentimiento de complacencia", advierte Olivier Vodoz, vicepresidente del Comité Internacional de la Cruz Roja.

Tarea pendiente

Chile, como miembro de la Convención de Ottawa, debe completar el desminado de sus fronteras en 2012.

La mayoría de las minas antipersonales están en el límite con Perú y Bolivia.

Hasta la fecha sólo se ha logrado eliminar el 11% del total.

Quedan por destruir 111.192 minas antipersonales y 53 mil antitanques en 170 campos minados y 15 áreas peligrosas de las regiones de Arica-Parinacota, Tarapacá, Antofagasta y Magallanes.

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