Cambio climático: Europa se fija formidables metas energéticas

Los planes para generar de modo sustentable el calor que mueve al mundo pueden también enfriar la economía. Europa busca un acuerdo mundial. El Mercurio, 28 de enero de 2008.


La Unión Europea (UE) reveló sus planes para salvar al mundo, el miércoles 23 pasado. Los burócratas del bloque dieron a conocer un paquete gigante de cambio climático, que delinea exactamente cuánto dolor tendrá que soportar cada uno de los 27 miembros en los próximos años, si es que Europa quiere cumplir las ambiciosas metas que fijaron sus líderes nacionales en el último mes de marzo.

Esas metas originales eran suficientemente asombrosas: al 2020, la UE deberá bajar sus emisiones de gases de efecto invernadero por lo menos en un quinto, y tendrá más que duplicar la cantidad de energía producida por fuentes renovables, tales como el poder del viento y de las mareas. Si los biocombustibles demuestran ser lo suficientemente verdes, entonces, para la misma fecha, el 10% de lo que consume el transporte debe tener esa procedencia.

Cargas desiguales

El nuevo paquete descompone esas metas generales en objetivos nacionales. Habrá que esperar refunfuños y meses de negociaciones a medida que las recomendaciones se convierten en directrices con fuerza de ley. Los países que llevan años cultivando hábitos verdes serán más exigidos que los nuevos miembros del club, especialmente los que provienen del ex-comunismo (donde los anhelos de crecimiento tienden a aplastar las preocupaciones verdes).

A Suecia, por ejemplo, se le pedirá satisfacer el 49% de sus necesidades energéticas con fuentes renovables, como la hidroelectricidad o con elegantes plantas térmicas que quemen leña o paja. Pero, a la pequeña Malta (una roca empapada en sol, pero atestada de gente, cerca de Italia) se le ha asignado una meta renovable de sólo un 10%. La misma historia ocurre cuando se habla de recortar gases invernaderos: la rica Dinamarca debe reducirlos en un 20% para el 2020. A Bulgaria y Rumania, los miembros más pobres de la UE, se les permitirá aumentarlos en un 20%.

Para dar respuesta a reclamos de los pares de Gran Bretaña y Bélgica, países con terrenos costosos y estrictos planes de desarrollo, se les permitirá construir granjas eólicas o despliegues solares en otra parte (en los territorios de los miembros más pobres de la UE o, talvez, cerca, por ejemplo en Noráfrica), y sumar la energía resultante a sus propias metas renovables. Y, entremedio de dudas generalizadas sobre los biocombustibles (algunos disparan tanto carbono como los combustibles fósiles, otros vienen de plantaciones en terrenos donde recién había selva lluviosa), la Comisión Europea generó nuevos criterios para evaluar los méritos del etanol, el biodiesel y sus símiles.El liderazgo global no sale barato: para 2020, la cuenta total puede alcanzar 60 mil millones de euros (casi la mitad del producto geográfico bruto anual de Europa), dijo el presidente de la Comisión, José Manuel Barroso. Pero lo presentó como una ganga, comparado con el costo de la inacción, que estimó en diez veces el de este paquete energético. Barroso prometió también que ninguna de estas intervenciones generaría cesantía, incluso en zonas donde la industria pesada contamina más. "Queremos conservar nuestras fábricas en Europa", dijo, coqueteando con los industriales y sus aliados políticos (especialmente en Alemania y Francia), que han desatado un lobby furioso esperando tratamiento especial.

Si no firman, pierden

El truco para salvar tanto las fuentes laborales como el planeta será encomendado en su mayor parte al "Esquema de comercio de emisiones" (ETS). Éste obliga a los grandes contaminadores, tales como las empresas de energía o gigantes industriales, a canjear cuotas para poder así emitir toneladas de CO{-2} y otros gases malulosos, dentro de un margen que continuamente se irá reduciendo. Hasta ahora, las empresas han recibido el 90% de sus cuotas gratis (aunque algunos han conseguido lucrar enormemente de sus parques eólicos, cobrándoles a sus clientes costos nominales). Bajo el plan de la Comisión, alrededor del 60% de las cuotas será subastado a partir de 2013, y luego esta proporción subirá.

Pero, en una venia hecha a las presiones de los lobbistas de la industria, la Comisión anunció que no permitiría que bajo el ETS se produjera "carbono filtrado", término grosero que significa la reubicación de plantas de acero y sus símiles en países sin estándares de cambio climático. Si para el 2011, países como Estados Unidos o China no firman acuerdos internacionales, dijo la Comisión, los grandes contaminadores de Europa recibirían gratis las cuotas de emisión. O se obligaría a las empresas no europeas a comprar cuotas en el ETS, para poder ingresar sus productos. Esto no es una amenaza ni un chantaje, insisten en la UE. Tampoco es proteccionismo, dice Barroso. Europa está meramente diciéndoles a los otros países, "únansenos".

Chile trabaja su propio plan por la atmósfera

Desde la Antártica, la ministra del Medio Ambiente, Ana Lya Uriarte, recordó hace diez días que Chile elaboraría su propio "Plan de acción nacional frente al cambio climático".

Ella misma lo había anunciado en su discurso ante el plenario de la Cumbre mundial de cambio climático, convocada por las Naciones Unidas y que terminó en Bali a mediados de diciembre.

La ministra Uriarte aclaró en la Antártica que este Plan Nacional está siendo elaborado por un comité coordinador, donde están trabajando personeros del sector público, del sector de la ciencia y también de organizaciones no gubernamentales.

El Plan nacional actuará sobre tres ejes: adaptación al cambio climático, mitigación y fortalecimiento de la educación sobre el tema. Corresponden a puntos clave desarrollados por el Panel intergubernamental de cambio climático de la ONU y por el informe del Club de Madrid "Marco de trabajo para un acuerdo Post 2012 sobre el cambio climático".

La Comunidad Europea defenderá su industria

José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea, advirtió que el plan puede significarle a cada ciudadano de esa agrupación un costo de 3 euros ($2.000) a la semana. Y aseguró que, si no hay acuerdos internacionales, habrá protección a la industria europea.

Por su parte, las industrias temen que al ponerse verdes pierdan competitividad ante rivales de otros lugares del mundo.

Los sindicatos también declararon su alarma. Dijeron que 50 mil trabajos en el sector del acero estaban en riesgo.

El Presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, en sintonía con la Comunidad Europea, ha propuesto establecer nuevos gravámenes a las importaciones de la industria pesada radicadas en países que no cumplen los compromisos del Protocolo de Kioto.

En este contexto, tanto Peter Mandelson, comisario europeo de Comercio, como la representante estadounidense para ese ámbito, Susan Schwab, se manifestaron la semana pasada, en Davos, contrarios a las tentaciones de usar la lucha contra el cambio climático como excusa para levantar nuevas barreras comerciales.

La BBC recordó que la política presentada por el presidente José Manuel Barroso hará pagar a las industrias europeas por sus cuotas de contaminación o a quienes venden a Europa si sus países no firman los acuerdos internacionales. Igual, es dinero.

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