Disímil balance frente a virus ISA enfrenta a Sernapesca y ambientalistas

Por una parte, los salmoneros y el organismo gubernamental bajan el perfil a las consecuencias en las exportaciones y en la industria generadas por esta enfermedad. Mientras, la Fundación Terram sostiene que las repercusiones sociales y ambientales son de peso. La ONG tampoco concuerda con las medidas paliativas, que considera insuficientes. El Mostrador, 09 de enero de 2008.


Dos visiones completamente distintas en relación al brote de Anemia Infecciosa del Salmón (ISA) que aqueja al sur del país sostienen el Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca) y la Fundación Terram, sobre todo en cuanto a las condiciones de los centros y a las consecuencias económicas, laborales y de traslado a nuevos territorios que ha impulsado el virus.

Por una parte, el organismo gubernamental reconoce, en un informe actualizado al 4 de enero pasado y tras realizar un muestreo en el 93% de los centros de cultivo del país, que a la fecha la enfermedad- producida por un virus tipo influenza con alta capacidad de mutación- ha producido pérdidas asociadas a la mortalidad y eliminación de peces enfermos, que ascienden a 3.400 toneladas brutas, así como a los costos adicionales asociados al cumplimiento de las medidas de control.

Sin embargo, aclara que las pérdidas en cuestión “no afectarían significativamente los volúmenes de exportación, ya que según cifras de la industria se proyecta un aumento de un 5% respecto al año 2007, con una producción de 630.000 toneladas brutas y envíos que bordearán los US$ 2.600 millones”.

Esta visión es compartida por la Asociación de la Industria del Salmón (Salmonchile), que considera que la enfermedad no ha tenido incidencia en las exportaciones. Al respecto, su presidente, César Barros, asegura que “el ISA es un actor con el cual tendremos que convivir, al igual que con otros factores sanitarios. Este virus no afecta al ser humano y su control pasa por tomar medidas, como la cosecha anticipada y la cuarentena para el traslado de peces vivos, entre otras acciones”.

En este sentido, Sernapesca implementó un plan de contingencia obligatorio para frenar la expansión del virus hacia otros centros de cultivo, entre cuyas medidas se cuentan la eliminación o cosecha de las jaulas con animales afectados por ISA, delimitación de zonas de cuarentena y vigilancia, establecimiento de barrera sanitaria para las regiones XI y XII, así como medidas de control en la eliminación de peces infectados.

Críticas de Terram

Al otro lado de la balanza, Terram sostiene que, aunque la mayoría de las jaulas han sido cosechadas o eliminadas y once plantas de proceso ubicadas en Puerto Montt se mantienen en cuarentena, las medidas no han dado frutos, ya que el ISA seguiría propagándose.

Según su balance, esto ha tenido influencia directa en el tema social, ya que “el principal impacto que ha generado esta epidemia se vincula con las remuneraciones que reciben los trabajadores de la industria, que se han visto disminuidas”.

La explicación que dan es la composición de los sueldos, que consta de una parte fija y otra variable, dependiente, entre otros puntos, al bono asociado a la producción. Por otra parte, el cierre de centros infectados ha generado la relocalización de algunos trabajadores, pero también el despido de otros, que hasta le fecha sumarían un centenar.

Además, acusan que se realizan prácticas que propician la propagación del virus, como las altas densidades de cultivo permitidas en Chile, el número de balsas jaulas por centros de cultivo, la cercanía entre un centro de cultivo y otro, y la ausencia de una normativa que instale la rotación y descanso de sitios como práctica obligatoria.

A lo que se suma que “el bajo costo de las concesiones, que es cerca de $70.000 anuales por hectárea concesionada, hace de estos espacios de recursos no renovables un bien prácticamente desechable para los salmonicultores”, advierte.

El avance del ISA

Durante de agosto y la primera quincena de diciembre se realizaron análisis para la detección del virus ISA y los resultados confirmaron que los casos positivos, que suman diez, “se encuentran limitados a la zona de Castro” y que ocho pertenecen a la multinacional Marine Harvest. Además, hay otros 17 centros “sospechosos” en los que se ha detectado la presencia del virus sin manifestación de la enfermedad, 16 correspondientes a la Región de Los Lagos y uno a la Región de Aisén.

Este último punto preocupa inmensamente a Terram, ya que implica que por primera vez se publica oficialmente que el virus se encuentra en la Undécima Región – detectado en un centro de cultivo de Salmones Mainstream-, lo que hablaría de una expansión de la enfermedad a otras zonas. Y según detallan, no se ha identificado el origen del brote.

A esto, se suma que en diciembre, Marine Harvest anunció la implementación de un nuevo plan de producción que contemplará rotación de sitios y menos densidad de peces por zona, además de la petición de nuevas concesiones y licencias de cultivo en la Región de Magallanes.

Frente a esto, los ambientalistas son categóricos, ya que sostienen que “mientras en Chile no se adopten técnicas de cultivo que mejoren la calidad de vida de los peces y por ende su vulnerabilidad a los contagios con enfermedades, no disminuirán las oportunidades de fomento y contagio. Hasta entonces, los planes de contingencia y el traslado de las balsas jaula y centros de cultivo hacia el sur-austral de Chile son solamente soluciones parche para frenar la propagación de las epidemias ya existentes”.

Por ello, plantean como vital que se implemente un sistema de levantamiento de línea base de los sectores concesionados o aptos y una evaluación de impacto ambiental considerando la capacidad de carga de los ecosistemas, para que así la industria no se vea afectada nuevamente por epidemias o plagas difíciles de controlar “y que tiene como consecuencia graves impactos en los trabajadores del sector productivo e irreversibles consecuencias sobre el medio ambiente que alberga y posibilita la actividad”.

 

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