Que alguien le avise al príncipe

Columna de Alvaro Ramis, del Centro Ecuménico Diego de Medellín, publicada en Cronicadigital.cl, 23 de enero de 2008.


El príncipe Haakon, heredero de la corona de Noruega, ha comenzado una visita oficial a nuestro país. Durante su estadía recorrerá el sur de Chile, lugar que ha recibido fuertes inversiones noruegas durante la última década, específicamente en el campo de la producción salmonera. Lo que el príncipe Haakon tal vez no sabe es quién es uno de los principales personajes que lo recibirán en esta visita. Su nombre es Cesar Barros y es el protagonista de una de las más sonadas polémicas de los últimos años en la décima región del país.

Barros, pinochetista declarado, es presidente de Salmón Chile, la asociación de empresarios salmoneros. En las últimas semanas ha soltado su lengua para afirmar entre otras linduras que sin la existencia de la salmonicultura, “esas regiones vuelven a la edad de piedra. Puerto Montt volvería a ser Muerto Montt, capital de la Pésima Región”. Consultado por El Mercurio sobre la posibilidad de hacer algún mea culpa en por la responsabilidad ambiental y laboral de la industria salmonera su respuesta fue tajante: "No, ninguno, ninguno.”. Respecto a las ONGs, que han elaborado estudios críticos respecto a la salmonicultura, las calificó como “una pila de académicos teóricos que viven a costa de desprestigiar la industria y financiados por multimillonarios del extranjero”.

La respuesta a Barros no se ha dado esperar. El intendente de la X región calificó sus palabras de “inadecuadas y deplorables”. Los diputados de ese distrito como “engreídas” y de una “actitud vergonzosa”. Mientras que los dirigentes empresariales de otros sectores reprocharon a Barros desconocer una zona que ha vivido del turismo, la ganadería y la industria lechera mucho antes que los salmoneros llegaran a estos lugares. El presidente del Partido Socialista y senador por la Región de los Lagos, Camilo Escalona, fue mucho más directo al comentar que “lo único que sabe hacer el señor Barros es echar barro. No tiene ningún dominio del lenguaje. Lo mejor sería que los salmoneros se buscaran otro interlocutor”.

Es posible imaginarse la escena: Barros, emperifollado para recibir al futuro monarca en medio del flash de los periodistas del mundo. Una fotografía que el príncipe Haakon va a desear no haberse tomado si de él dependiera. Por algo Noruega se ha empeñado en lograr ser el país de mayor desarrollo humano del planeta, famoso por los altos estandares laborales y ambientales que implementa a todo nivel.

Las críticas de Barros a las ONGs contrastan con un dato muy concreto. El aporte estatal de Noruega a la cooperación al desarrollo es porcentualmente la más alta del mundo: 0.9%. Es evidente que para Noruega el papel de la ciudadanía en el control de las industrias contaminantes y de las políticas laborales es un valor de primer orden.

La pregunta que surge entonces es ¿Por qué los empresarios noruegos del Salmón han escogido un personaje tan detestable para presidir su gremio? ¿Es que han deseado cambiar las reglas del juego de su país para asimilarse al pinochetismo cultural que sigue imperando en estas regiones? ¿Expresa el señor Barros el tipo de relación que desean establecer en el futuro con la ciudadanía chilena?

Por favor, que alguien le avise al príncipe Haakon lo que le espera.

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