Ballena azul: lección por aprender

Columna de opinión de Flavia Liberona, Directora Ejecutiva de Fundación Terram, publicada en La Nación el 22 de abril de 2008, con ocasión del Día Mundial de la Tierra.


Por los mares chilenos circulan, al menos, una decena de especies de ballenas, entre las que destaca la ballena azul (balaenoptera musculus), el animal de mayor tamaño que existe en el mundo, con una longitud de más de 33 metros y un peso que supera las 200 toneladas en su estado adulto. Durante el siglo XX, ésta y otras especies de ballenas fueron cazadas de manera masiva con fines comerciales; fue tanto el daño producido que la cantidad de ballenas azules fue reducida a menos de 1%. Esto motivó la alerta mundial y en 1986 se decretó una moratoria a la caza comercial de grandes ballenas a nivel mundial.

Esta crítica situación -compartida en mayor o menor medida por todas las especies de cetáceos- es un ejemplo emblemático de la voracidad de la humanidad ante la naturaleza y por lo mismo representa un enorme desafío con miras al presente y futuro del planeta. Por eso, en la actualidad no basta con la protección a los grandes cetáceos, es necesario avanzar más.

En los últimos años se ha incrementado la conciencia de la ciudadanía respecto de la gravedad de los problemas medioambientales, así como sobre la importancia de mejorar nuestra relación con el entorno. Pero, junto con continuar incrementando todavía más esta conciencia sobre la importancia de conservar y proteger los ecosistemas naturales, es necesario pasar a la acción mediante la adopción de medidas concretas.

Durante todo junio, Chile albergará la 60ª reunión de la Convención Ballenera Internacional (CBI), que año tras año se reúne para revisar el estado de situación de las poblaciones de ballenas a nivel mundial. En este contexto es importante que se adopten nuevas medidas que prohíban definitivamente la mal llamada caza científica. Como cada año, los representantes de Japón probablemente insistirán en flexibilizar la prohibición de la caza en aguas internacionales y en aumentar las cuotas de captura con supuestos fines científicos. Por lo mismo, resulta de la mayor trascendencia no bajar la guardia e insistir e incluso ampliar las medidas cautelares vigentes en la actualidad.

Hoy no cazar ballenas es insuficiente. Es necesario emprender acciones de conservación efectivas para favorecer la recuperación de las poblaciones de ballenas, protegiendo los hábitats que estas especies utilizan y tomando medidas que protejan las zonas donde se alimentan y reproducen. Se debe tomar en cuenta que la caza de ballenas no es la única amenaza que en la actualidad pende sobre estas especies. También sufren las consecuencias de la contaminación de las aguas (en especial de desechos plásticos que se acumulan en el mar), del ruido proveniente de la circulación de barcos y del calentamiento global, entre otros factores.

Hoy, cuando se celebra en todo el planeta el Día de la Tierra, resulta pertinente señalar algunas de las medidas concretas e inmediatas que debieran adoptarse. Entre ellas se cuenta establecer una moratoria a la caza de ballenas en aguas internacionales, incluyendo aquella que se permite con propósitos científicos, cuestión que debiera ser un tema prioritario a impulsar en las discusiones en el contexto de la CBI.

En cuanto a las acciones que puede adoptar Chile, una medida inmediata debiera ser renovar desde ya la veda a la caza de ballenas actualmente vigente, pero que expira en 2025. Junto con ello, nuestro país debiera concretar a la brevedad la creación de zonas protegidas en las costas chilenas en áreas que constituyen hábitats naturales de estos mamíferos marinos. En este sentido, una prioridad debiera ser el Área Marino Costera Protegida Chiloé-Corcovado (AMCP-ChC). Allí, y según diversas investigaciones científicas publicadas en los últimos años, se ha establecido una zona de migración de las ballenas azules, que llegan cada verano a alimentarse con sus crías; es decir, se trata de un ecosistema que puede ser clave para avanzar en la recuperación de la especie.

Sin duda, la historia de las ballenas azules como especie es un espejo de lo que ha hecho la humanidad con sus recursos naturales, y en este sentido entrega un mensaje que debe ser escuchado y repetido, pues entrega lecciones que representan un desafío crucial para la comunidad nacional e internacional.

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