Calidad del aire en Santiago: esperamos una respuesta de las autoridades

Columna de opinión de Paola Vasconi, Coordinadora Programa medio Ambiente de Fundación Terram, publicada en La Nación el 17 de abril de 2008.


En 2006, a la luz de los lapidarios resultados de la auditoría al Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica (PPDA) de la Región Metropolitana realizada durante el 2005, Santiago tuvo de nuevo la oportunidad política de avanzar en la solución al problema de la contaminación del aire. Ese año, de manera inevitable, se abrió un fuerte y extenso debate público sobre el tema. Se conformaron mesas asesoras de la intendencia y surgieron propuestas de soluciones desde todos los sectores (ciudadano, académico, parlamentario y privado).

Sin embargo, han pasado dos años y, más allá de anuncios en materias puntuales y de la buena voluntad mediática de las autoridades ambientales y regionales de turno, hasta ahora no se visualiza ninguno de los cambios necesarios para revertir la situación de la calidad del aire de Santiago. Es más, los últimos anuncios realizados por el Gobierno -rebaja al impuesto en las bencinas, revisión de los límites urbanos de la ciudad, no aplicación de una mayor restricción vehicular a los catalíticos durante los episodios críticos de contaminación, postergar la colocación de los filtros en los buses por la renegociación de los contratos con los operadores, retrasar la revisión de gases a los autos catalíticos, entre otras- parecieran avanzar en el sentido contrario.

Con una población que alcanza los seis millones de habitantes, un parque automotriz que supera el millón de vehículos, creciente actividad económica y creciente expansión territorial, la solución al problema de la contaminación del aire de Santiago sólo se dará si se toman medidas estructurales tendientes a disminuir la carga a la que está sometida la cuenca y se gestione de manera integral la ciudad. Para ello, Santiago requiere, entre otras cosas, disminuir de modo considerable su población y sus actuales niveles de actividad económica, así como reducir la creciente expansión horizontal de la ciudad y el consecuente distanciamiento entre hogares y lugares de trabajo. Sólo con medidas estructurales de este tipo lograremos disminuir la contaminación de la capital.

Sin embargo, en el marco de discusión de la actualización al PPDA y reconociendo que estos factores sí impactan en la calidad del aire, la respuesta de la autoridad ha sido que la expansión urbana y el crecimiento desmedido del parque vehicular no tienen cabida y escapan de la actual puesta al día del plan. Según la autoridad, una vez terminado este proceso podremos enfrascarnos en una "discusión de fondo".

Para las organizaciones ciudadanas que estudiamos el tema durante todo el año y participamos activamente en el "debate de fondo", en el Comité Ampliado para la nueva actualización del Plan de Prevención y Descontaminación del Aire, sabemos que las medidas que actualmente propone el Comité Técnico, por sí solas, no lograrán limpiar el aire de la capital. Es por ello que durante bastante tiempo hemos estado insistiendo en que la necesidad de tener una visión integral del problema, porque sólo de esta forma se podrá dar una solución integral al mismo.

Las discusiones sobre la expansión urbana de la capital y el aumento indiscriminado del parque vehicular entre otras, no pueden seguir esperando un nuevo reajuste del Plan de Descontaminación, pues ellas son eje fundamental del problema. Si se quiere avanzar en mejorar la calidad del aire y de vida de la capital, lo que se requiere ahora es la firme decisión política del Gobierno de hacerlo. De lo contrario, año tras año seguiremos viviendo crisis ambientales por el mal aire de Santiago, con el consecuente empeoramiento de la salud de su población. Es hora de una respuesta coherente de parte de las autoridades.

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