El cambio climático alterará el mapa de la agricultura en Chile

Prolongadas sequías, lluvias torrenciales, aumento de la demanda y especulaciones bursátiles restringen los alimentos. La carestía podría durar años. Chile ya comienza a resentir la falta de semillas. Necesitamos invertir en biotecnología. El Mercurio, 30 de abril de 2008.


La economía inestable sería solamente la gota que rebasó el vaso en la crisis alimentaria mundial. Pero son las sequías e inundaciones, producto del cambio climático, las que han disminuido drásticamente la producción agrícola llevando a la actual escasez.

Aunque la economía mejore y la agricultura repunte, no podemos controlar el clima. Chile vivirá la próxima década con escasez de alimentos si es que no hacemos algo desde ya para adaptar los cultivos a las nuevas condiciones.

Para José Luis Cordeu, Oficial Principal de Productos Básicos de la FAO, ésta "es una crisis estructural que durará 5 o 7 años".

Asegura que estamos en medio de una situación cíclica que llegará a un punto en el que la oferta aumentará. "Los altos precios también incentivarían la producción interna", dice.

Por eso es muy importante aumentar la inversión en tecnología e investigación.

Las sequías e inundaciones han bajado drásticamente la oferta de muchos cultivos. En Chile, las heladas del año pasado y la sequía actual no permiten augurar un escenario mejor.

Pero las consecuencias del aumento de la temperatura promedio se han dejado sentir desde mucho antes. Una secuela ha sido el aumento de plagas, explica Fernando Santibáñez, vicedecano de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile.

En los últimos 10 años, la vid, por ejemplo, ha estado bajo la amenaza de plagas de las que antes no había registro en nuestro territorio o cuya presencia era muy baja.

En el 2000, Santibáñez participó en el primer estudio que sopesó las principales consecuencias que tendría el aumento de temperatura en nuestro territorio (ver infografía). La imagen del campo que tenemos hoy cambiará.

El especialista trabaja en la actualización del informe de 2000. En agosto deberían estar los resultados: cualquier acción que se tome necesita de 10 a 15 años para materializarse; no tiene resultados inmediatos. Por eso, el Ministerio de Agricultura licitó otro informe para medir cómo nos hemos adaptado hasta ahora y cómo lo han hecho otros países.

Los puntos más deficitarios son el riego, los plaguicidas y la biotecnología. Este último es el que requiere mayor planificación. "La etapa de gestación para un nuevo producto genético se extenderá por lo menos durante 10 años", dice Santibáñez. Se podría obtener uvas resistentes a plagas o duraznos que crezcan en terrenos altos.

La clave aquí es la tecnificación. "Estamos en un punto neutro en esa materia porque es tan incierto el futuro de la agricultura que no se hacen inversiones", asegura. El dilema es a nivel mundial.

Los problemas del presente

El aumento de las temperaturas promedio que afectará al país amenazará los cultivos de variadas formas.

Que suba el promedio no significa necesariamente que las máximas se eleven, sino también que las mínimas lo hagan, acortando su diferencia.

Aquiles Neuenschwander, ingeniero de la FIA (Fundación para la Innovación Agraria), explica que este aumento de las mínimas afectará a los cultivos templados, como duraznos y uvas, "que requieren horas de frío para su desarrollo".

Se deberá considerar el desplazamiento de estos cultivos hacia el sur y a mayor altitud.

Debido a las sequías será necesario postergar las siembras, y el riesgo es que las heladas eviten un proceso de maduración completo. Los bosques también se verán mermados: sin la humedad necesaria, la fotosíntesis no trabaja al 100%, reduciendo la masa forestal.

"La agricultura tradicional es muy reacia a los cambios, por eso las decisiones tienen que ser tomadas con la participación de la gente", advierte el ingeniero.

Los agricultores "deben estar informados de que los efectos de los cambios en el clima ya se sentirán en 2020".

Diez millones de personas mueren al año por hambre o por enfermedades relacionadas.

Las peores

La crisis alimentaria actual ya alcanzó el nivel de la ocurrida a principios de los 70.

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