Gobierno estudia moratoria “sin fecha” para caza de ballenas en Chile

Entraría en vigencia antes de la reunión de la Comisión Ballenera Internacional, que se realizará entre el 23 y 27 de junio en Santiago. Participarán 78 países. El Mercurio, 07 de abril de 2008.


"¡Y nadie defendió a las gigantescas!". Citando a Pablo Neruda, el vicealmirante Edmundo González inauguró en Puerto Varas la reunión de los países del Pacífico sudeste que se preparan para una cita crucial.

En Santiago, en junio, la Comisión Ballenera Internacional (CBI) se congregará a analizar el presente y fijar el futuro.

Como siempre, el tema de la caza estará en el eje. Y lo más probable es que Chile llegue a esa reunión con un anuncio inédito en la protección de especies animales en el país: una moratoria permanente que proteja a las ballenas de la caza con fines comerciales o investigativos, en todo su territorio marítimo, hasta las 200 millas náuticas de la costa, incluidas el área insular y antártica.

El vicealmirante González, director del Territorio Marítimo y la Marina Mercante de Chile, Directemar, sorprendió a la audiencia de Puerto Varas.

Ante representantes de Colombia, Ecuador, Panamá, Perú, como integrantes de la Comisión Permanente del Pacífico Sur, y de Australia, entre otros, confirmó que la Armada ya dio su apoyo a esa iniciativa en febrero pasado.

Sin querer confirmarlo, la subsecretaria de Marina, Carolina Echeverría, admite que "hay altas probabilidades de que termine siendo un anuncio".

"No vemos que vayan a cambiar variables. Creo que cada vez más vamos a ir avanzando hacia la conservación", pero, "hay pasos previos", advierte.

El vicealmirante había sido más enfático, "Sí, habemos defensores", dijo respondiendo al poeta, y recordando que estos gigantes marinos no pueden protegerse por sí solos.

Por siglos, Chile vio desplazarse libres a estos animales observados primero con espanto por los antiguos habitantes. Pero, a fines del siglo XIX y comienzos del XX, surgió la caza industrial.

Regreso en gloria

Plantas balleneras florecieron en Magallanes, Aisén, Chiloé, Talcahuano y Quintay hasta que en 1986 Chile suscribe la moratoria de la CBI. Y en 1995 decreta la veda extractiva por 25 años.

Bastó esta "veda" para que las ballenas empezaran a regresar.

Tímidamente primero, ahora casi con descaro, se desplazan pacíficas y hermosas frente a nuestras costas, a veces tan cerca de las embarcaciones, como en Chiloé, donde es posible fotografiarlas y oír sus cantos.

Ni siquiera el Golfo de Corcovado, con su intenso tráfico marítimo, está ajeno a sus majestuosos paseos.

Allí, el investigador Rodrigo Hucke identificó 50 ballenas azules alimentándose, amamantando y entrenando a sus crías.

Y otra investigación registró su canto en etapa de apareamiento.

Al fin de la moratoria

Pero los plazos corren y nuestro país no escapa a la inquietud mundial por el destino de estos animales. Debe haber esfuerzos globales por su conservación, advierten ecologistas, cuando acabe la "veda".

Entre estos sectores, el grito es declarar todas las costas chilenas "Santuario ballenero". Pero eso es algo que se ve muy lejano.

"Todos estamos de acuerdo en proteger la naturaleza", dice la subsecretaria Echeverría, pero insiste en que se requiere una evaluación profunda.

Un santuario fija restricciones, "hay que revisar acuerdos internacionales de navegación, impactos en la producción y en otras áreas. Hay acuerdos de Defensa con otros países y está el Plan Antártico que implica articular otros aspectos", dice Echeverría.

Una comisión técnica recoge opiniones de la Armada, Sernapesca, Cancillería, Subsecretaría de Pesca y de Marina y propone a la Cancillería y a la Comisión Nacional del Medio Ambiente, Conama, para que sea la Presidenta de la República quien resuelva, aclara Echeverría.

Paraíso permanente

Al Gobierno le basta acogerse a una antigua norma que permite declarar por decreto la moratoria permanente de una especie en peligro. Nunca ha sido aplicada para una especie animal. Las "gigantescas" serían las debutantes.

Paralelamente, en el Congreso hay un proyecto de Antonio Horvath (RN) para declarar, por ley, la moratoria de caza permanente para ballenas y otros cetáceos.

Expo Ballena

Hoy se inaugura frente a La Moneda una muestra fotográfica.

Observadores sagaces

Desde el pescador artesanal hasta los tripulantes de grandes embarcaciones de turismo que cruzan nuestras aguas territoriales conforman la Red de Avistamiento de Cetáceos. La coordina la Armada de Chile a través de la Directemar. Partió en 2005 y, desde entonces, el incremento de avistamientos se ha sextuplicado. Comenzaron con 115 individuos. En 2007 fueron 687.

El capitán de fragata, Rubén Rojas, jefe del Departamento Marítimo de Pesca de la Armada, explica que en las capitanías de puerto entregan un formulario a los avistadores. Luego contabilizan los datos. "Este sistema está basado en la buena voluntad y, como genera sensibilidad en la opinión pública, tenemos colaboración", explica.

¿Por qué han sido cazadas las ballenas?

Carne, huesos, ámbar gris y grasa pueden resumir el interés que por miles de años ha despertado la caza de estos enormes mamíferos. Su carne podía alimentar a una aldea. En algunas islas asiáticas se la sigue cazando con ese fin. Hoy, el consumo de estas carnes se restringe casi exclusivamente a Japón: unas 5.500 toneladas al año.

La grasa fue base de aceite para la iluminación. Pero la industrialización diversificó los usos: margarina, glicerina, velas, linóleo, tintas de imprenta, jabones y resinas sintéticas. En la industria cosmética, en la producción de lápices labiales.

En el siglo pasado, en Chile, hubo varios centros donde se explotaron comercialmente las ballenas. Entre ellos están Quintay, en la Quinta Región; Chome, en Talcahuano; y, en el extremo sur, en Aisén, en la Isla San Pedro, en Chiloé, en Magallanes.

Pero el oro de estos animales probablemente sea el ámbar gris del cachalote. Se trata de un poderoso fijador para la elaboración de perfumes.

Hoy día, los negocios relacionados con el turismo de avistamiento de ballenas dejan cuantiosas utilidades a comunidades, en general, de escasos recursos, en más de cien países donde estos animales suelen desplazarse majestuosamente.

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