Chile apuesta a biocombustibles de segunda generación

En julio se sabrá qué consorcios producirán etanol en el país. El país entró tarde a la producción de agrocombustibles. Mejor, piensan en el Gobierno, pues para evitarse la batalla global respecto al desvío de zonas de cultivos y productos que podrían estar destinados a un plato de comida, el Ejecutivo apunta hoy al desarrollo de etanol a partir de desechos agrícolas y particularmente los de la industria forestal. La Nación, 20 de junio de 2008.


¿Comida o energía? Los biocombustibles en poco tiempo pasaron de ser una alternativa para aminorar la crisis energética y el deterioro medioambiental, a limitar la producción de alimentos. Para evitar el problema, el Gobierno chileno decidió ahorrarse la discusión e insertarse directo a la producción de etanol a partir de materias no aptas para la alimentación humana. La jatropha, mostaza y gamelina son algunas de las oleaginosas que se están evaluando. Las microalgas, en el norte, y la grasa animal, en el sur, también se han convertido en atractivas alternativas, mientras el raps y el maíz, materias tradicionalmente utilizadas para la producción de biocombustibles de primera generación, van en bajada.

Los biocombustibles de segunda generación son los que se obtienen de materias lignocelulósicas, como los rastrojos agrícolas de la caña del maíz, paja de trigo y otros, pastos, hierbas y madera, especialmente residuos de la industria forestal y desechos de la silvicultura, como podas y raleos no comerciales.

"Si hay un futuro para los biocombustibles en Chile es para los de segunda generación, producidos a partir de los residuos forestales. Nosotros no tenemos el territorio ni las ventajas comparativas para producir biocombustibles a partir de cultivos tradicionales como el azúcar, el maíz o la soya", asegura Reinaldo Ruiz, subsecretario de Agricultura. "En Chile la limitante para la producción de biocombustible de primera generación es la superficie. Por una cuestión de costo-oportunidad, producir a partir de maíz, por ejemplo, no tiene justificación económica. Similar en el caso del raps, hoy existen 20 mil hectáreas de cultivos que podrían llegar a las 200 mil, pero son destinadas al consumo humano y a la salmonicultura. La alternativa para Chile hoy son los materiales lignocelulósicos", señala Rodrigo Vega, director ejecutivo de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA).

Los residuos lignocelulósicos son la materia prima que el Gobierno quiere priorizar para la producción de biodiésel. Se trata de rastrojos o residuos del trigo, los cereales o la poda de árboles frutales, paja o fibras de madera, que son sometidos a un proceso más largo y complicado que el del bioetanol tradicional y en el cual es necesario gasificar la biomasa para luego transformarla en combustible líquido. "Los costos son mayores, pero el sistema tiene la gran ventaja de no competir con los alimentos y dar uso a residuos", asegura María Inés González, ingeniera agrónoma del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) Quilamapu, Región del Biobío, que coordina un proyecto de investigación sobre bioetanol con residuos agrícolas lignocelulósicos junto a expertos de la Universidad de Concepción.

Los desechos de cosecha son en la actualidad generados en grandes cantidades, pero suelen quedar abandonados en los campos, ya que es económicamente inviable retirarlos. Una alternativa es utilizarlos en la generación eléctrica, fabricando pellets para alimentar calderas, o quemarlos directamente en el campo, con los consiguientes efectos contaminantes. "La quema de paja no se incorpora de inmediato al suelo, por lo que si se le puede dar una utilidad, que implica el ingreso a la producción de biocombustibles o el solo hecho que alguien retire el residuo de los campos, es beneficioso para los productores", acota González.

Consorcio tecnológico

El último discurso presidencial señaló que un consorcio tecnológico se encargará de la producción de bioetanol a partir de residuos forestales. Por petición del ahora dividido Ministerio de Minería y Energía y como respuesta a los planteamientos que la Presidenta hizo el año pasado, Innova Chile, de Corfo, convocó a la presentación de propuestas para el financiamiento de grupos empresariales de investigación en biocombustibles a partir de material lignocelulósico. Las agrupaciones

-formadas por empresas e instituciones públicas y privadas de investigación y desarrollo tecnológico, además de las forestales- ya enviaron sus propuestas, las que en este momento están siendo evaluadas por el Comité Innova Chile y serán anunciadas el próximo mes.

"Chile no subsidia la producción, pero sí puede apoyar el desarrollo de una industria naciente, como hoy está fomentando la investigación y la formación de consorcios tecnológicos", señala José Antonio Ruiz, jefe del área hidrocarburos de la Comisión Nacional de Energía (CNE). "Chile tiene potencial para producir combustibles de segunda generación, en lignocelulósico y algas", agrega el ejecutivo.

Según las bases de la convocatoria, la propuesta de consorcio debe incluir, al menos, la implementación de un programa de investigación y desarrollo (I+D) y uno que asegure su comercialización. Debe garantizar además la ejecución de subproyectos, la utilización máxima posible de infraestructura, equipamiento, plantas de procesos y líneas de investigación nacional e incorporar centros o expertos internacionales en materia de biocombustible a partir de material lignocelulósico. Se invertirán 6 millones de dólares. Corfo financiará hasta el 60% del costo total de cada proyecto, con un tope máximo de cofinanciamiento de 3.150 millones de pesos.

Por ahora se desconoce el número de propuestas que postularon a la convocatoria y la cantidad de proyectos que serán aprobados, pero a fin de año, los consorcios aprobados deberán constituirse y tendrán cinco años como máximo para obtener resultados, aunque se espera que en tres años exista la capacidad suficiente para entrar al mercado.

MARCO REGULATORIO

La norma publicada en mayo de este año obliga a los productores de biodiésel a mezclar su producto con gasolina desde un 2% hasta un tope de 5% (que no obliga a hacer modificaciones al motor).

Hacia el 2014 se proyecta que la demanda por biocombustibles en chile llegaría a los 5.378 mil metros cúbicos, además de una importante reducción en las importaciones de gasolina y diésel y la disminución de la emisión de dióxido de carbono.

“QUE SU CONSUMO SEA OBLIGATORIO”
 
Patricio Cavieres, presidente de la comisión de Agroenergía del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Chile, destaca que “la producción de etanol con residuos forestales es una excelente idea”, pero tiene dudas acerca de la disponibilidad de tecnología y materias primas para realizarlo en el país, además de la capacidad estatal para financiar un biocombustible que es más caro. A su juicio falta “voluntad política, con incentivos para que se instalen las industrias, pero sobre todo, que el consumo sea obligatorio”.

“Me parece muy bien que se formen este tipo de consorcios y si es privado, tanto mejor”, señala Rodrigo González, consultor empresarial en temas de biocombustibles. “Chile tiene muchas posibilidades, tiene buenos empresarios, tiene los recursos y si no, los consigue. Las tecnologías las traeremos de donde se encuentren y el capital humano hay que formarlo. Mientras en Chile aún no comenzamos la producción de biocombustibles de primera generación en el mundo ya están desarrollando los de cuarta generación. Hay que apurar el tranco”, agrega.

“En cuanto a las tecnologías, el desarrollo que está experimentando esto a nivel internacional permitirá que algunas tecnologías sean preferibles a otras. El país estará atento a ello y por eso los esfuerzos para realizar alianzas y redes de investigación, como sumar a empresas y centros de investigación externos en nuestros esfuerzos y consorcios tecnológicos”, explica el subsecretario Ruiz.

Ruiz reconoce que en cuanto a biocombustibles, “Chile llegó relativamente tarde. Mientras otros países habían avanzado mucho, nosotros empezamos recién a plantearlos como una cosa viable”, señala. Pero destaca que a larga fue mejor, pues coincidió con el actual debate mundial, “por un lado el mundo quiere más energía, pero también necesita alimentos. Ese debate a nosotros no nos toca, porque no vamos a producir biocombustibles sacrificando la producción de alimentos en todas sus formas. En Chile no vamos a dejar de producir fruta (principal fuente de exportación agrícola), para producir biocombustibles”, enfatiza.
 
LAS EMPRESAS QUE YA COMENZARON A TRABAJAR
 
Bioenercel y ForEnergy constituyen dos de las propuestas que Corfo deberá analizar. Compuestas por Forestal Arauco, CMPC Celulosa, Fundación Chile, Masisa y las universidades de Concepción y Católica de Valparaíso, formaron Bioenercel, con un presupuesto total de 5.200 millones de pesos. “Estos combustibles, generados a partir de biomasa forestal, son ciento por ciento amigables con el medio ambiente y tienen cero impacto sobre el precio -local y global- de los alimentos. Su desarrollo es una oportunidad única de convertir a Chile en un líder de innovación”, señala Charles Kimber, Gerente de Asuntos Corporativos de Arauco.

Con las mismas expectativas, ForEnergy, formada en 2007 por la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP) y la comercializadora de productos forestales Consorcio Maderero S.A., se unió a la Universidad de Chile para ofrecer su propuesta. Apoyados además por la Corporación Nacional Forestal (Conaf), la Universidad de Wageningen (Holanda), la empresa Técnicas Reunidas Chile y la alemana Choren Industries, “el consorcio está evaluando los recursos forestales entre la VI y X Región, tanto de madera en pie como de la generación de desechos”, explica Pedro Barría, gerente general de ForEnergy S.A. y director de Planeamiento Estratégico y Energías Renovables de ENAP. 
 
PLANTA DE BIORREFINERÍA
 
Etanol del Pacífico Sur S.A., una agrupación de agricultores de la Región de O’Higgins, que ya se apresta a comenzar la construcción de una planta de biorrefinería con una capacidad productiva de 110 millones de litros de etanol anuales.

Con tecnología de última generación, la planta sería capaz de separar las proteínas, el aceite, las fibras y los azúcares del maíz, de tal manera que sólo estos últimos componentes participen en la producción del etanol y el resto continúe siendo utilizado para el consumo humano.

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