Arica: El nuevo paraíso para los transgénicos

El excelente clima para la agricultura y los altos índices de cesantía que tiene la llamada puerta norte de Chile se conjugaron, precisamente, para que ella se abra ahora completamente para recibir inversiones de trasnacionales biotecnológicas que para algunos son la salvación y para otros el infierno. El Periodista, Marzo 2008.


Cuando el mundo mantiene abierto el debate sobre el uso de productos transgénicos –o biotecnología como prefiere llamar la industria del rubro- y sus consecuencias, en nuestro país, las autoridades parecen evitar entrar en el debate de fondo y dejan que los vacíos legales existentes permitan situaciones incongruentes como el que se autorice el desarrollo de semillas adulteradas genéticamente para su exportación, pero no para el uso local.

Así lo afirma el diputado socialista Marco Enríquez-Ominami, quien interpeló recientemente al Gobierno por su silencio frente al proyecto de ley que permitirá la liberación de semillas transgénicas y sus derivados.

Y dentro de este contexto, las grandes empresas trasnacionales biotecnológicas no sólo han puesto sus ojos en nuestro país sino que, particularmente, han encontrado en Arica una zona fértil para realizar sus estudios e investigaciones, debido a que el clima único de la puerta norte del país ofrece una oportunidad inigualable para experimentar en tiempos más breves.

Además, la alta cesantía de la zona –de dos dígitos– se ha sumado como otro factor relevante, ya que tiene a las autoridades locales muy sensibles al tema de las inversiones, sobre todo con el cierre de la planta de General Motors, por lo que la búsqueda de empresas se ha vuelto casi una tarea desesperada.

Por eso, algunas autoridades se molestaron cuando trascendió en la prensa local, hace algunos días, que Syngenta –empresa de capitales suizos y una de las principales en desarrollo de transgénicos– estaba invirtiendo en la zona, ya que la materia se estaba tratando con sumo sigilo para no despertar las alertas de los ecologistas.

De hecho, el director regional de Corfo Arica y Parinacota, Fernando Cabrales, afirmó que no podían hablar sobre el asunto, porque había una cláusula de confidencialidad, pero ante las críticas que se realizan a Syngenta –que ya habría comprado más de 40 há en el Km. 17 del valle de Azapa– indicó molesto que "no tienen idea de lo que están hablando, cuando hablan de transgénicos respecto a esta empresa en particular… los procesos productivos de esta empresa no tienen nada que ver con transgénicos".

Y aunque el hermetismo se ha mantenido en los diversos estamentos de las autoridades locales, Flavia Liberona, directora ejecutiva de Fundación Terram, indicó que "según la información que tenemos, el SAG ha autorizado más de 10 há de cultivo de semillas transgénicas en la comuna de Arica. De éstas, un poco más de 9 son para maíz transgénico y una para soya transgénica".

Por otra parte, según fuentes del Gobierno Regional, el proyecto de Syngenta –que confirmó a El Periodista que estaba invirtiendo en la zona, pero no respondió finalmente las preguntas sobre el tema– bordearía los 22 millones de dólares, de los cuales el Estado aportaría 1,7 millones a través de subsidios y bonificaciones que entrega Corfo y las leyes especiales de Arica.

Este aporte que haría el Gobierno no le gustó nada a las organizaciones ambientalistas. "Estamos interesados en hablar con Corfo, para que nos expliquen por qué están dando dinero a una empresa trasnacional", señaló María Isabel Manzur, coordinadora de la Red por un Chile Libre de Transgénicos.

En este mismo sentido, María Elena Rozas, coordinadora nacional de la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas para América Latina (RAP-AL), indicó que "los transgénicos tienen dueño, todos tienen patente, entonces, se está subsidiando a grandes corporaciones agroquímicas que no dejan nada en los países".

Entre tanto, Liberona señaló que "me parece muy grave que el Estado de Chile subvencione a empresas de esta envergadura en vez de hacer un apoyo a pequeños y medianos empresarios locales que luchan día a día por sobrevivir".

Sin embargo, la cesantía en Arica ejerce mucha presión en las autoridades locales, lo que los hace más permeables a apoyar estos proyectos. "En nuestro país, existe una regulación que establece una serie de medidas destinadas a proteger el medioambiente y la salud de las personas. Esta empresa cumple con todos los requerimientos. Además, su funcionamiento implica un importante desarrollo para el sector y la contratación de mano de obra", afirmó al diario electrónico Chasquis.cl el intendente de Arica y Parinacota, Luis Rocafull (PS).

Por su parte, el consejero regional Pablo Arancibia indicó que "lo más importante es que las inversiones tienen que hacerse de forma rápida, con plazos concretos, creíbles y que le dé garantía a todos los sectores de que se va a tener una inversión que va a permitir empleo, privilegiando la mano de obra ariqueña".

PIONEER

Syngenta no es la primera empresa de biotecnología que vio en Arica una oportunidad. Desde 1995, otras de las grandes trasnacionales biotecnológicas, la norteamericana Pionner, está realizando investigaciones en la zona.

Según Germán Alessandri, gerente de Asuntos Externos de Semillas Pioneer Chile (SPCh), están en Arica "por sus inmejorables y únicas condiciones naturales y climáticas, que la convierten en un lugar privilegiado para el desarrollo de la agricultura especializada impulsada por la empresa, como es la investigación en el área de las semillas. Esto permite ampliar las posibilidades de producción que existen en la zona central del país, lo que para SPCh representa un aspecto fundamental".

Alessandri explicó que en los últimos siete años han crecido "casi veinte veces, tanto en superficie sembrada como en complejidad de las producciones, aportando una importante fuente laboral para los habitantes de la zona".

De hecho, afirma que el equipo humano en la ciudad está integrado "por 12 profesionales (universitarios y técnicos) y 100 trabajadores agrícolas, con un peak de 180 para la temporada. Las perspectivas de crecimiento apuntan a que este número crecería en los años venideros, incorporando más mano de obra calificada de la zona".

En cuanto a las críticas de los grupos ecologistas, Alessandri señaló que "tenemos 30 años de experiencia en la industria y estamos seguros que el desarrollo sustentable y responsable de la biotecnología puede traer grandes beneficios para el país, los agricultores y el medioambiente, por ejemplo, con todo tipo de soluciones para el tema actual de la sequía, entre otras ventajas".

Pero desde la vereda verde, las cosas no se ven igual. María Isabel Manzur de la Red por un Chile Libre de Transgénicos indicó que están trabajando en Arica desde el 2001, donde "hay una biodiversidad única en recursos genéticos… maíces antiguos que son un patrimonio agrícola" que está siendo seriamente amenazado por Pioneer –a quien denunciaron sin éxito a las autoridades locales– y ahora por Syngenta.

Para Marco Enríquez-Ominami, "lo de Arica es inquietante", ya que "hay un punto sin retorno de la agricultura". Según el parlamentario, hasta ahora, gran parte del capital de las exportaciones agrícolas chilenas es que está libre de transgénicos. Sin embargo, las puertas de los principales mercados del país, como la Unión Europea, se pueden cerrar debido a que estas naciones no permiten este tipo de productos.

Lo otro que inquieta al diputado, es la casi nula información que existe sobre las empresas biotecnológicas y sus investigaciones. De hecho, Enríquez-Ominami afirma que envió un oficio al Ministerio de Agricultura para saber en qué lugares del país se estaban desarrollando transgénicos, pero que la cartera ministerial le respondió que no estaban en condiciones de entregar lo solicitado.

En este mismo sentido, la directora ejecutiva de Fundación Terram señaló que "lamentablemente, no existe información pública disponible que permita saber cuáles de las empresas semilleras que están instaladas en un territorio realizando cultivos transgénicos y de qué especies se trata, menos aún el tipo de modificación y el evento biotecnológico. Todo lo relacionado con cultivos transgénicos opera en una especie de secretismo".

Transgénicos y plaguicidas

La mayoría de las empresas que desarrollan transgénicos, también producen plaguicidas, por lo que son muy cuestionadas por los ambientalistas.

Las top del mundo son Monsanto, Syngenta, DOW, BASF, Pioneer, Aventis y DuPont.
 
Acusan a Syngenta: Asesinato en Brasil

El 21 de octubre de 2007, el militante de Vía Campesina, Valmir Mota de Oliveira, de 34 años, fue asesinado de dos tiros por un grupo de guardias contratados por la empresa Syngenta en Paraná, Brasil.

Mota de Oliveira junto a otros activistas formaron el campamento Terra Livre, tomándose unos terrenos de la empresa como una forma de presión para que Syngenta terminara con sus investigaciones en una zona que es cercana al Parque Nacional de Iguazú.

La trasnacional reconoció tener contratada a la empresa de seguridad, pero señala no haber solicitado el uso de armas.

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