Ley de Bosque Nativo: la fiesta fallida

Columna de opinión de;Flavia Liberona, directora ejecutiva de Fundación Terram, publicada en La Nación el 30 de julio de 2008.


El pasado 11 de julio se realizó el acto oficial de promulgación de la Ley de Recuperación de Bosque Nativo y Fomento Forestal, más conocida como Ley de Bosque, la misma que por más de quince años estuvo entrampada en el Congreso, y por la cual muchos trabajaron. Con motivo de la promulgación de este cuerpo legal, el Gobierno organizó una ceremonia encabezada por la Presidenta de la República. Sin embargo, el Gobierno estuvo muy lejos de aprovechar esta oportunidad para destacar el cumplimiento de una promesa arrastrada por los gobiernos de la Concertación durante 16 años; tampoco logró destacar la importancia de esta ley en materia de bosque nativo. Tal vez por simple torpeza o desconocimiento del tema -lo cual es injustificable-, el Ejecutivo perdió la oportunidad de dar el debido realce a esta promulgación y de adjudicarse un reconocimiento en la materia. Muy por el contrario, el acto al que asistió la Mandataria más bien parecía una comedia de equivocaciones.

El lugar elegido para la promulgación fue el Bosque de Santiago que -de más está decir- poco tiene de bosque. Así, desde la locación presagiaba que a los organizadores poco les importaba el tema; con claridad no se puede promulgar una ley sectorial destinada a la protección, manejo y conservación del bosque nativo en un lugar con las características del elegido, que además de contar con escasa vegetación nativa, ha sido motivo de fuertes controversias debido a que se trata de un pulmón verde que está siendo destruido por la construcción de la carretera conocida como Radial Nororiente. La segunda señal de que las cosas no estarían a la altura de las circunstancias fue la notoria ausencia de la ministra de Agricultura, la que curiosamente debió viajar al volcán Llaima esa misma jornada; en su reemplazo estuvo la ministra de Medio Ambiente.

Lo que pasaron por alto los organizadores del evento es que la ministra de Medio Ambiente y la Conama nunca se involucraron en la tramitación parlamentaria de esta ley. De hecho, en todos los años que asistimos al Congreso para hacer el seguimiento de la ley desde las organizaciones ciudadanas y ambientales, jamás funcionarios de esa entidad participaron del debate, ni tampoco estuvieron en sala cuando el proyecto fue votado.

Pero la nota que rebasó el vaso, llevando a una sensación de profunda frustración y molestia, fue el discurso de la Presidenta, quien se equivocó al no poner el tema en los términos en los cuales fue promovido por los distintos actores y discutido en el Congreso. Pero tal vez lo que más desconcertó fue que ella no hizo ningún gesto de reconocimiento a las personas e instituciones que efectivamente lograron que este cuerpo legal fuera aprobado después de tan prolongado debate: la ex subsecretaria de Agricultura Cecilia Leiva y su equipo de asesores, los funcionarios de Conaf, las organizaciones no gubernamentales, los académicos y la Corma, principalmente.

La Presidenta tampoco aprovechó la ocasión para resaltar que con la promulgación de esta ley se cumple una de las promesas de su programa de Gobierno ni que se avanza en el cumplimiento de una de las 52 recomendaciones en materia ambiental que hiciera la OCDE al Estado de Chile en 2005. Ni pensar en esperar anuncios respecto a lo que se viene en materia forestal: cuándo estarán listos e ingresados al Legislativo los tres proyectos de ley que el Gobierno comprometió con el Senado cuando esta ley fue aprobada por dicha Cámara (la ley complementaria en la que se aborda la sustitución del bosque nativo, una ley que resuelve el tema de la institucionalidad forestal, hoy en día cuestionada por el Tribunal Constitucional en su sentencia sobre la Ley de Bosque Nativo, y otra que debe establecer un sistema de áreas silvestres protegidas). Todos estos son temas que deben ser abordados con urgencia, dada la reciente aprobación de proyectos de inversión en varios parques y reservas nacionales.

El acto puede ser catalogado como penoso y lamentable; una ocasión única desperdiciada por el Gobierno, del cual muchos salimos decepcionados y acongojados por el desconocimiento y la poca importancia que el Ejecutivo, y sus más altas autoridades, demostró frente al tema. Pero como tantas veces hemos hecho con esta ley, se nos plantea el desafío de hacer un repechaje; celebrar su promulgación, pues no podemos permitir que se pierda la oportunidad, y junto con ello asumir el desafío de su adecuada implementación. Como tantas veces hemos dicho en estos quince años, los gobiernos pasan pero los actores quedan; las organizaciones somos esos actores y tenemos la certeza que la ley fue aprobada gracias al trabajo de muchos, los mismos que ahora seguiremos trabajando para asumir los desafíos pendientes.

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