Semillas “asesinas”

América Latina es uno de los principales objetivos de las grandes transnacionales biotecnológicas y sus "semillas asesinas", así denominadas por sus impactos devastadores sobre las existencias alimentarias locales. Ahora las semillas genéticamente modificadas, o transgénicas, son sospechosas de provocar crímenes, literalmente. Biodiversidad en América Latina, 10 de julio de 2008.


En marzo, Armando Villarreal, dirigente agrícola del estado mexicano fronterizo de Chihuahua, fue muerto a balazos después de una reunión de agricultores en Nueva Casas Grandes. Villarreal había estado denunciando el sembrado ilegal de maíz transgénico en las municipalidades de Cuauhtémoc y Namiquipa, dominadas por menonitas.

Las comunidades menonitas chihuahuenses migraron originalmente de Canadá después de una disputa con el gobierno canadiense sobre la educación en los años 20 del siglo pasado, y el presidente postrevolucionario Álvaro Obregón (1920-24) les otorgó tierras.

Los menonitas nunca se han integrado al resto de la sociedad mexicana, y su éxito como agricultores ha creado tensiones en una región donde la aridez limita la producción a la mayoría de agricultores.

Más violencia

El asesinato del líder agrícola chihuahuense, que cuatro meses después sigue sin resolver, no es la única muerte de activistas campesinos latinoamericanos vinculada a la invasión de la gran biotecnología.

En Paraná, Brasil, por la misma época en que Villarreal perdió la vida, Keno Mota, activista del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST), afiliado a Vía Campesina, coalición internacional de agricultores pobres, fue muerto por guardias de seguridad durante una manifestación en una estación experimental ilegal del gigante biotecnológico Syngenta.

La parcela de Syngenta, adyacente al Parque Nacional Iguazú, una reserva natural protegida, violaba normas brasileñas referentes a los lugares donde pueden sembrarse "semillas asesinas".

A diferencia de México, Brasil tiene pocas restricciones sobre cultivos transgénicos, y de hecho, con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, Brasil se ha convertido en el segundo más grande productor de soja transgénica del continente, después de su vecino Argentina.

Los grandes productores argentinos, que han estado bloqueando las carreteras de ese país del cono sur en una disputa con el gobierno por el aumento de aranceles a las exportaciones de soja, han anunciado intenciones de sobrepasar a EEUU como el más grande país cultivador de maíz transgénico en los años venideros. Argentina cultiva el maíz exclusivamente como alimento para la industria ganadera, piedra angular de su economía agraria.

México, donde se domesticó por primera vez el maíz hace 8,000 años, y donde este grano es central a la cultura y a la dieta, ha sido más cauteloso para adoptar semilla transgénica. Bajo la bandera de "Sin Maíz no hay País", agricultores y ambientalistas han unido esfuerzos para impedir la contaminación de las variedades nativas por otras transgénicas, y la estatal Comisión Intersecretarial de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados (CIBIOGEM) declaró una moratoria al cultivo de maíz transgénico a fines de los años 90.

No obstante, millones de toneladas de maíz transgénico ingresan cada año a México libres de aranceles desde EEUU con arreglo al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Ahora, a raíz de la tan pregonada crisis alimentaria mundial, las grandes transnacionales biotecnológicas están presionando al gobierno mexicano para que permita plantaciones experimentales de las semillas como la única solución a la supuesta escasez futura, una estratagema que la transnacional Monsanto y otras de su clase han aplicado exitosamente en la Unión Europea.

Patentes por expirar

Un motivo para esta gran presión de la industria, según Sylvia Ribero, que sigue de cerca a las transnacionales biotecnológicas para el diario de tendencia izquierdista La Jornada, es que las patentes de algunas de las principales marcas de semillas transgénicas, como el maíz BT de Monsanto, están por expirar en los próximos cinco años.

Torciéndose bajo la descarga de artillería de las transnacionales biotecnológicas, la CIBIOGEM emitió en marzo regulaciones para solicitantes que contemplen el cultivo de maíz transgénico "experimental". Ahora, ya en marcha el conteo regresivo de 60 días, los agricultores mexicanos podrían estar plantando legalmente maíz transgénico este mes de julio.

Bajo las directrices de las Secretarías de Agricultura y Medio Ambiente, las parcelas experimentales de maíz transgénico deben limitarse a regiones donde las variedades de maíz nativo no sean contaminadas por el polen transportado por el viento desde tales campos.

Pero los agricultores menonitas que ocupan enormes extensiones de tierras en Chihuahua aparentemente dieron un paso en falso. Bajo el tutelaje de Monsanto y de Syngenta-Golden Harvest, y con el gobierno haciéndose de la vista gorda, los menonitas han sembrado maíz transgénico en al menos dos estaciones agrícolas en la municipalidad de Namiquipa, donde Villarreal encontró las parcelas ilegales el año pasado.

Sosteniendo que las salvaguardas son insuficientes contra el polen transportado por el viento, campesinos chihuahuenses liderados por Víctor Quintana de la campaña "Sin Maíz no hay País", también afiliado a Vía Campesina y diputado del Congreso mexicano por el centroizquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD), han amenazado con destruir los campos menonitas antes que florezcan a mediados de verano.

El grupo de Quintana teme que el "experimento" menonita hará germinar de cinco a 25 millones de granos, cada uno de los cuales es una amenaza potencial al maíz nativo.

La Secretaría de Agricultura considera el experimento menonita como una prueba de campo para ver hasta dónde puede ser el polen propagado por los vientos y otras condiciones climáticas.

El polen transgénico transportado por el viento es tenido por responsable de la contaminación de maíz en el vecino estado de Sinaloa, donde activistas de Greenpeace encontraron rastros de maíz transgénico en 96% de muestras tomadas en nueve municipalidades en el 2007; Sinaloa es el principal estado productor de maíz en México. Aleira Lara, coordinadora de la campaña de Greenpeace contra los transgénicos, considera que tratar de confinar lotes experimentales a una región geográfica es meramente cosmético. El año pasado Greenpeace registró 39 casos de contaminación por transgénicos transportados por el viento en 23 países.

La primera vez que se encontró maíz nativo mexicano infectado por importaciones transgénicas bajo el TLCAN fue en el 2001, cuando campesinos indígenas de Sierra de Juárez, estado de Oaxaca, descubrieron que el maíz de un lote traído de Michigan y vendido por un centro de distribución del gobierno local había sido sembrado inadvertidamente en la aldea zapoteco-chinanteco de Calpulalpan.

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