¿Cuánto Estado necesitamos?

Columna de opinión de Sebastián Ainzúa. economista de Fundación;Terram, publicada en web Partidospoliticos.cl el 04 de agosto de 2008.;


En los últimos días se ha discutido mucho respecto de la necesidad de que el gasto público no crezca de manera desproporcionada, porque esto produce impactos sobre la inflación. Sin embargo, dicha discusión tiene un trasfondo que es más importante que los impactos inflacionarios: ¿cuánto Estado necesitamos? 

La reflexión no es ideológica en su esencia, sino que es por sobre todo práctica, porque el tamaño del Estado en el contexto de economías de mercado como la nuestra, no está relacionado con estatización o participación del Estado en actividades productivas. Dado que ahora los Estados son reguladores (no productores) y que cada vez las sociedades se hacen más complejas, es posible pensar que no necesitamos más Estado, sino un mejor Estado. Para ello se requiere un arreglo institucional que sea más sofisticado y moderno, pero no necesariamente más grande. 

Las instituciones ‘deberían’ ser la representación explicita de la estrategia de desarrollo de los países, ya que implícito en la forma que los países se desarrollan se encuentran las instituciones y políticas públicas. En este contexto, el número y tamaño óptimo de las instituciones del Estado deben estar en concordancia con la estrategia de desarrollo. Es decir, más allá de definir a priori el tamaño de las instituciones, éste tendría que ser definido según la orientación de la estrategia y la funcionalidad de dicha institución al cumplimiento de los objetivos del Estado. 

Por ejemplo, Chile ha orientado su estrategia de desarrollo hacia una economía abierta e integrada, sin embargo, muchas instituciones del Estado ligadas directamente con la consecución de los objetivos, no tienen los recursos -ni las competencias- suficientes como para cumplir con los desafíos que impone la opción de desarrollo. Pro Chile y la Aduana son ejemplos claros de aquello, ya que sus recursos no han crecido en la misma proporción que las complejidades a las cuales se enfrentan.

Otro ejemplo de la brecha institucional que se produce cuando la complejidad de la economía crece más rápido que las instituciones, se observa en el sector acuícola en la Décima región del país. La actividad ha crecido más de un 1.000% en los últimos 15 años, mientras que los recursos de los que dispone la Dirección del Trabajo de la zona, para fiscalizar las condiciones laborales, siguen siendo los mismos que a principios de los 90. Esta debilidad institucional ha sido el "caldo de cultivo" que la acuicultura se haya convertido en una de las actividades con mayores tasas de infraccionalidad a las condiciones laborales en Chile. 

Así, la complejidad de la economía no necesariamente debe implicar inyección de más recursos o un mayor tamaño del Estado. De hecho, hay casos en los cuales el Estado reconociendo su reducida capacidad para fiscalizar ha diseñado instrumentos de ‘autorregulación’ de fallas de mercado, como por ejemplo, las certificaciones de calidad.  

En este contexto, la cuestión es clara: la sociedad ha crecido más rápido que la capacidad que tiene el Estado para adecuarse a ella, lo que ha provocado una brecha institucional, que es lo mismo que decir que tenemos un Estado pequeño. Pero, para corregir esa deficiencia no se requiere necesariamente un aumento proporcional de recursos monetarios, sino de recursos de gestión. Porque en una sociedad con Estados reguladores, estos deben tener la capacidad de cumplir su rol, pero para ello es imprescindible la capacidad de adaptación e innovación que tengan los gobiernos, las instituciones, las leyes y la política pública.

 

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