El silencioso aterrizaje de los transgénicos en Chile

Gobierno allana el camino. Aunque en 2005 la entonces candidata presidencial Michelle Bachelet se comprometió con organizaciones ecologistas a no abrir la reglamentación para el cultivo de transgénicos, las señales gubernamentales apuntan en otra dirección. A las reuniones mensuales del Ministerio de Agricultura con expertos en el tema, como el científico Pablo Valenzuela, se suma el reciente encuentro del embajador en Estados Unidos, Mariano Fernández, con el director de Monsanto en Chile. El Mostrador, 26 de agosto de 2008.


Al menos una vez al mes la ministra de Agricultura, Marigen Hornkohl, se reúne con una comisión asesora de expertos en genética, profesores universitarios y agricultores a discutir sobre el proyecto de ley “bioseguridad de vegetales genéticamente modificados”, que pretende regular la producción y comercialización de los cultivos transgénicos -organismos genéticamente modificados (OGM)- en el país.

Y a pesar de que en la agenda de trabajo el tema “transgénico” brilla por su ausencia, los ojos de la cartera mantienen el asunto en la mira. Siguiendo así los lineamientos del anterior titular, Álvaro Rojas, que introdujo fuerte el tema y que incluso en marzo de 2007 se ganó la crítica de movimientos ecologistas tras anunciar junto a la transnacional Monsanto -líder en la producción de transgénicos a nivel mundial- un plan conjunto para extender la superficie de reproducción de semillas transgénicas de 5 mil hectáreas a 20 mil hectáreas en 2010.

Sin ir más lejos, la comisión de la que forma parte el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas, Pablo Valenzuela, se formó bajo el alero del ex ministro. Y en vista de la aparición del proyecto de ley sobre bioseguridad en 2006, y de la aprobación de la idea de legislarlo a principios de este año, el grupo se ha concentrado estos últimos meses en su análisis. A dichas reuniones también asisten el subsecretario del área, Reinaldo Ruiz, y el director del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (Inia), Leopoldo Sánchez, que según fuentes cercanas, no comulga para nada con el tema.

Y aunque se le ha bajado el perfil y desde el mismo Minagri se negaron a responder una serie de interrogantes planteadas por este medio aduciendo que “no es un tema prioritario”, la inminente entrada de los cultivos transgénicos al país se ha ido abriendo espacio imperceptiblemente.

Transgénicos y diplomáticos

La propia academia diplomática fue protagonista en junio pasado del sexto de los afamados “Talleres de Ingeniería Genética para Líderes de Opinión” organizados a partir de 2004 por la Fundación Ciencia para la Vida, cuyo director es Valenzuela.

El académico, recuerda que la idea original contó con el entusiasta apoyo del senador Fernando Flores (IND), uno de los cinco autores del proyecto de ley sobre bioseguridad, junto a Andrés Allamand (RN), Juan Antonio Coloma (UDI), Alberto Espina (RN) y Eduardo Frei (DC).

Hasta la fecha, han pasado diversas personalidades por dichas aulas, entre las que se cuentan el ex presidente Ricardo Lagos, el economista Hernán Büchi, el ex prorector de la Universidad Andrés Bello, Luis Cordero, el sociólogo Eugenio Tironi, el ministro de energía Marcelo Tokman, el ministro de Transportes René Cortázar, así como los políticos Hernán Larraín (UDI) y Jorge Insunza (PPD), sólo por nombrar algunos. El objetivo de la instancia es que personeros VIP entiendan lo que es la ingeniería genética, las posibles aplicaciones en el mundo y en Chile en forma práctica, haciendo experimentos in situ.

“Es un curso para dar un conocimiento práctico y la gente termina haciendo ingeniería genética: se hacen transferencias de un programa genético de una especia a otra”, explica el doctor en química.

Y detalla que la propia Cancillería solicitó hacer una capacitación para los futuros embajadores y cónsules, ya que están tratando que “la gente que habita las embajadas chilenas tengan mayor conocimiento científico. Antes siempre había algún artista, hoy la idea es meterse más en la ciencia y los negocios”.

Incluso se estaba planteando la idea de hacer un taller dirigido específicamente a la biotecnología vegetal y los alimentos transgénicos, pero por motivos que el otrora miembro del comando político de Joaquín Lavín no especificó, se optó por postergarlo.

En esta misma línea, el pasado 25 de julio el embajador en Estados Unidos, Mariano Fernández, se reunió con el presidente de Monsanto Chile, Alfredo Villaseca, para dialogar sobre las intenciones de la transnacional y los potenciales beneficios que veía en el país.

En la conversación también se discutió la factibilidad de posibles capacitaciones en biotecnología a estudiantes chilenos en los centros de investigación de la empresa, que posee enormes instalaciones y tecnología de punta.

Según Villaseca, la opinión del diplomático apunta a que debería formarse un grupo con trabajadores del Minagri y parlamentarios para que visiten los centros de investigación de Monsanto en el país del norte, ya que “considera que Chile llegó al tope del crecimiento económico en función de commodities y que ahora debe crecer en función de nuevas tecnologías”.

Postura que va de la mano con el “Pacto de Cooperación Chile-California: una Asociación para el siglo XXI”, firmado por la Presidenta Michelle Bachelet en junio pasado con el gobernador Arnold Schwarzenegger, y que consiste en un relación de intercambio principalmente en áreas como educación, biotecnología y energía.

Acompañando a la Mandataria estuvo Valenzuela, que explica que “California es el reino de la transgenia”, y detalla que paralelamente se firmó un acuerdo entre el Inia y la Universidad de California-Davis, para desarrollar proyectos de mejoramiento de semillas mediante ingeniería genética, además de la formación de investigadores.

“El primer plan Chile-California fue en los sesenta y fue decisivo para Chile. A partir de eso tenemos hoy gran actividad en agricultura, que fue lanzada en base al trabajo de una serie de estudiantes chilenos que fueron a obtener post grados en la Universidad de Davis”, señala el científico.

Los “misteriosos” cultivos de semillas transgénicas

Actualmente en Chile sólo se permite importar semillas transgénicas para su multiplicación en el país y su posterior exportación. Lo curioso, es que es un completo misterio la ubicación exacta de las 24.464,14 hectáreas registradas, ya que según una resolución del Servicio Agrícola Ganadero (SAG) de 2001, la información es confidencial y no puede ser entregada a terceros sin la autorización “expresa de las empresas que han solicitado la importación del material genéticamente modificado”.

Lo único que sí es de conocimiento público, es que casi 50 por ciento de estos cultivos, que incluyen maíz y soya, se encuentran en la Región del Maule, seguida por la Región de O’Higgins que concentra el 35 por ciento. El restante 25 por ciento se reparte entre las regiones de Arica Parinacota, del Bío Bío, de Coquimbo, de la Araucanía, de Los Ríos, Metropolitana y de Valparaíso.

El secretismo que envuelve a las semillas transgénicas, se debería a la necesidad de proteger a los productores de eventuales robos u ataques contra su propiedad.

Pero lo que no queda claro, es si el proyecto de ley sobre biotecnología que busca abrir las puertas a la producción y comercialización interna de transgénicos mantendrá esta política.

Al respecto, desde el SAG, adelantan que “es prematuro que el servicio pueda manifestarse al respecto”. En tanto, desde el ministerio de Agricultura ni siquiera hubo respuesta.

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