¿Hacia dónde irá el salmón?

Columna de opinión de Francisco Pinto Coordinador Programa de Recursos Naturales de Fundación Terram, publicada el 16 de agosto en El Mostrador.


La salmonicultura ha sido tema de polémica en los últimos meses, principalmente a causa de la epidemia de virus ISA, el más grave de los problemas sanitarios que ha afectado a esta industria y que hasta ahora ha significado crecientes pérdidas de puestos de trabajo, debido al despido de miles de trabajadores, así como una disminución de las ganancias para la industria. La actual crisis sanitaria ha derivado en un cuestionamiento al modelo de producción de la industria, incidiendo además en la precipitada promoción del traslado de centros de cultivos hacia las regiones de Aysén y Magallanes.

Esta crisis ha abierto el debate en torno al futuro de la salmonicultura en nuestro país. En efecto, una industria que ha crecido en forma vertiginosa en los últimos años podría estar llegando a un punto de inflexión. Como consecuencia, hoy más que nunca los ojos de todos los interesados están puestos sobre esta industria, especialmente en las autoridades de gobierno y representantes gremiales, que deben dar señales claras respecto a lo que se puede esperar para el sector acuícola en los próximos años.

Por ello, resulta especialmente desconcertante la evidente contradicción entre representantes relevantes del sector industrial. En efecto, en una entrevista con El Mercurio, Víctor Hugo Puchi, principal dueño de AquaChile, la mayor empresa salmonera nacional y segunda productora a nivel mundial, y además vicepresidente del directorio de SalmonChile (asociación que agrupa a los empresarios del sector), reconoce que como industria “hemos fallado en muchas cosas”. Y, lo que puede ser aún más revelador, sostiene que “al tamaño que ha llegado la industria comienzo a cuestionarme si no será mejor consolidar lo que tenemos y no estar en una carrera permanente de crecimiento. El mensaje que nos mandó la naturaleza con las enfermedades me lleva a preguntarme si es el momento de ordenar lo que tenemos y tener un crecimiento más sustentable en el tiempo”.

Estas reflexiones, que podrían ser interpretadas como una señal positiva en cuanto al necesario análisis para el futuro del sector, entran en abierta contradicción con la postura de César Barros, presidente de la misma entidad gremial, y que en enero último declaró al mismo periódico que no hacía ningún mea culpa frente a los conflictos ambientales y laborales de la industria, y aseguró que “la industria debería seguir creciendo a tasas cercanas al 10 por ciento y duplicar su tamaño en las zonas donde no es tan grande, como en las regiones XI y XII”.

Las opiniones vertidas por estos personeros demuestran evidentes contradicciones dentro de la industria, y entregan una señal confusa a la sociedad y al mercado. Por esto es fundamental que más allá de las contradicciones que pueda tener este sector empresarial, el Estado asuma el rol que le corresponde como ente regulador, responsable de velar por el patrimonio nacional y el bien común. Sólo a través de un debate transparente y centrado en argumentos técnicos, sociales y ambientales, será posible diseñar soluciones beneficiosas para nuestro país.

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