La desconocida veta ecologista del nuevo satélite chileno

Trabajará en cambio climático y desastres naturales. No sólo fines de Defensa tendrá el satélite que hará su debut en el bicentenario: también será una poderosa herramienta para realizar mediciones, estudios y proyecciones de las temperaturas, el nivel de las aguas o la desertificación. El director del proyecto y subsecretario de Aviación, Raúl Vergara, detalla las puertas que esta nueva tecnología abrirá al mundo medioambiental. El Mostrador, 13 de agosto de 2008.


Medir las reservas de agua del país a través de datos extraídos de la observación de glaciares y lagos cordilleranos, o detectar un derrame de petróleo en el mar, su magnitud y el grado de contaminación que podría alcanzar son algunas de las puertas que el nuevo satélite chileno abrirá al mundo medioambiental.

Porque aunque los US$ 72 millones que costó su adquisición corren por cuenta del ministerio de Defensa, los fines militares no coparán la actividad de este instrumento tecnológico, ya que serán compartidos con los sectores productivo, académico y de servicios a partir de 2010, cuando entrará en funciones la compra adjudicada al consorcio European Aeronautic Defense and Speace Company (EADS).

Y tal como lo anunciará este jueves el ministro de Defensa, José Goñi, la nueva adquisición también significará un gran adelanto en el área medioambiental, ya que permitirá recabar información útil para tomar decisiones y aplicar políticas en base a las imágenes que permitirán medir el crecimiento o decrecimiento del bosque nativo, observar el nivel de desertificación del país, o detectar tempranamente incendios forestales.

Según señala el subsecretario de Aviación y director del proyecto, Raúl Vergara, “el satélite nos va a ayudar a ver el comportamiento de la temperatura en el mar, el cambio de las precipitaciones en distintos lugares y todo el tema climático en general. Y por el lado de los desastres naturales podremos hacer un seguimiento a las zonas vulnerables, la medición de los daños cuando se produce un terremoto, por ejemplo, para luego contar con información para aplicar medidas de mitigación y control de los desastres”.

Y agrega que el uso medioambiental de los satélites es inherente a su utilización en todos los países, pero que en todo caso “ahora hay una sensibilidad mayor y los problemas son más grandes, por lo que existe más concientización así como mayores recursos destinados a este tema”.

Trabajo conjunto

Dado el amplio abanico de usos del satélite, el ministerio de Defensa, a través de la Fuerza Área, trabajará de la mano con el ministerio del Medioambiente, la Corporación Nacional Forestal (Conaf), la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi) y la Agencia Chilena del Espacio (ACE), que al igual que el Sistema Nacional de Coordinación de Información Territorial (SNIT), dependiente del ministerio de Bienes Nacionales, actuarán como entes coordinadores.

La primera, se encargará de ver los usos del satélite y uso pacífico del espacio para el desarrollo general, mientras que el SNIT coordinará la demanda para utilizar las imágenes satelitales.

Todo partió en el SAG

Vergara relata que la idea de adquirir un satélite nació a raíz de la necesidad del Servicio Agrícola Ganadero (SAG) de detectar el contrabando de ganado enfermo para controlar la fiebre aftosa en 2005. La inquietud fue tomando vuelo y finalmente llegó a la cartera de Defensa. Y desde un inicio se pensó en las posibilidades medioambientales que esto abría.

“Con este satélite podremos prestar servicio a otros países y viceversa, multiplicando nuestras capacidades de cooperación internacional”, recalca el subsecretario. Y señala que está muy satisfecho de haber consolidado la compra suspendida hace dos años, cuando se tuvo que paralizar y anunciar una licitación internacional debido a que el proyecto fue rechazado por parlamentarios de la Concertación que exigieron mayor transparencia en la adquisición del equipo.

Y si bien en esa época el gasto presupuestado era de US$ 40 millones, Vergara asegura que el aumento del precio es proporcional a la mayor calidad, precisión, resolución y transferencia técnica que el actual satélite posee.

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