Por su huella de carbono los preferirás

Nuevo desafío para los alimentos. Se instala tendencia en los mercados por los productos cuyo proceso contribuya lo menos posible al efecto invernadero o al calentamiento global. La industria chilena se apronta para enfrentarla. El Mercurio, Revista del Campo, 04 de Agosto de 2008.


No paran las exigencias de los países desarrollados para la producción de alimentos. Una de las últimas es conocer la huella de carbono de cada producto: cuánta energía se gastó y cuánto CO2 (dióxido de carbono) se liberó al ambiente desde que se empieza a trabajar la tierra para poner una semilla hasta que llega ese producto al consumidor. Y mientras menos, mejor. Los consumidores europeos quieren saberlo para colaborar a disminuir el efecto invernadero y el calentamiento global.

Chile, sólo para poner su fruta en Europa, tiene que recorrer 13 mil kilómetros. Según una publicación británica, una caja chilena de manzanas puesta en cualquier supermercado europeo deja una huella de carbono de 3,5 kilos. En 2007, Chile envió a Europa más de 225 millones de kilos de pomáceas.

El problema es que en el Viejo Continente, están surgiendo movimientos llamando a no consumir productos que vengan de largas distancias, incluidos los chilenos.

En 2006, en Alemania, una publicación llamó a no comer manzanas chilenas y el año pasado apareció otra contra las cerezas en Inglaterra. Y las cadenas de retail se hacen parte. Los supermercados ingleses Tesco se comprometieron a que, a partir de 2012, todos los productos que estén en sus góndolas serán neutros en sus emisiones.

Y la normativa se aplicará a cualquier producto. Al ser Chile un país distante del destino de sus exportaciones, corre el riesgo de ser apuntado con el dedo.

Los consumidores de EE.UU. también se hacen eco y no es de extrañar que, a corto plazo, se masifiquen estas campañas. Una noticia nada de buena para los exportadores de los casi 125 millones de kilos de manzanas que partieron a ese destino en 2007.

Ventajas y desventajas

Hasta ahora el punto a favor para Chile ha sido su oferta de contraestación. Pero ésta se atenúa, pues cada vez surge más competencia de otros países del Hemisferio sur, como Brasil, Sudáfrica y Perú, que podrían ganar terreno por estar más cerca. Pero aún quedan algunos puntos de ventaja.

"Nuestros volúmenes nos permiten ser más eficientes en cuanto a los embarques, pues tenemos barcos exclusivamente dedicados al transporte de fruta", afirma Rodrigo Echeverría, presidente de Fedefruta.

Por ello si se está preparado puede significar mantenerse a la cabeza.

Algo se está haciendo. La facultad de agronomía de la Universidad Santo Tomás tiene un proyecto para determinar cuánto CO2 se emite realmente por cada kilo de uva y manzana que sale desde Chile.

Lo que existe actualmente es un estándar para cualquier país, que establece 3,5 kilos de CO2 por unas 20 manzanas. Pero lo que se necesita son los valores locales.

"Se están empezando a hacer estudios en gran parte de los países exportadores de frutas, porque los rangos son variables y las mediciones dependen de la latitud de cada país. Lo que nosotros tenemos que saber es cuánto es lo que efectivamente se emite acá", explica Anthony Wylie, decano de agronomía de la U. Santo Tomás.

Esto podría aportar datos de gran importancia para competir en los países desarrollados.

"Lo que exigen los países desarrollados no siempre tiene una justificación, en el sentido de que no necesariamente un producto que venga de 13 mil kilómetros de distancia va a tener mayor impacto en el medio ambiente", dice Rodrigo Valenzuela, de la consultora Deuman.

De hecho, un estudio de los productores de flores de Colombia y Venezuela comprobó que tenían más impacto las cultivadas en Holanda, bajo invernadero.

Ese tipo de argumentos son los que debe tener la industria frutícola chilena para poder entrar en lo que Gabriel Pérez, presidente de la exportadora Gesex – empresa que participa en el proyecto- , define como la segunda etapa en el proceso de colocación de fruta chilena en los mercados.

Ya hay antecedentes que podrían hacer pensar en estas ventajas que también tienen que ver con la contra-estación. Pues si los productores del Hemisferio norte quisieran tener fruta fresca en la parte del año que son abastecidos desde el sur tendrían que usar más refrigeración o bien crear condiciones para producir fuera de temporada, lo que significaría más uso de energías, y por lo mismo, más emisión de CO2.

Control de emisiones, el paso trascendental

El proyecto, que tiene dos años para desarrollarse, busca hacer primero la medición, pero luego, además, plantear medidas de mitigación. Dentro de éstas hay propuestas para toda la cadena.

En lo de las distancias es poco lo que se puede hacer. Como asegura Pérez: "Es en el transporte donde nos pega más fuerte".

Pero hay alternativas. Una es privilegiar el barco sobre el avión, pues en relación a volumen exportado y emisión de cada uno, la vía marítima resulta menos contaminante. Luego, dentro de esta alternativa, se podrán evaluar tecnologías más limpias.

En los mismos cultivos también hay cosas por hacer. Por ejemplo, plantar más árboles alrededor de los frutales como una forma de absorber constantemente CO2.

Otras ideas, según Wylie, son evitar el arado, pues al ser la tierra un reservorio de CO2 es mucho lo que se libera cuando la mueven; también sería óptimo evitar el movimiento en la aplicación de abono. Una alternativa sería dispersarlo por goteo.

Para Valenzuela la tendencia es ir por lo orgánico; por ejemplo, disminuyendo el uso de plaguicidas y fertilizantes.

Otro tanto se puede hacer con un uso más eficiente de la energía y experimentando con otras renovables, como la solar o eólica. Cambiar el combustible de los tractores podría resultar beneficioso.

Hacer estos cambios no es menor, pues como enfatiza Valenzuela. "La idea no es llegar a la tercera etapa que consiste en compensar las emisiones, porque el costo adicional que tienen éstas (como la compra de bonos de carbono) puede hacer que el producto salga del mercado".

Claro que en el esfuerzo por lograr ser neutros en emisiones, Echeverría tampoco descarta que en algún momento se acuda a compensaciones, pues a la larga las mayores exigencias a los productores y exportadores podrían significar también un aumento en el precio de la fruta.

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