Entel está aquí

A fines de los noventa, una gran torre llegó a hacerles compañía a los vecinos de la calle Chorrillos en Vilcún, IX Región. Entonces, pocos hablaban de los riesgos de las antenas de celulares en la población. Sin embargo, hoy los habitantes de la comuna están empecinados en eliminarla del mapa. En cuatro cuadras a la redonda ocho personas han muerto de cáncer en los últimos años y ocho están enfermas. Piden por lo menos un estudio serio sobre los riesgos, pero siempre lo mismo: gracias por llamar. La Nación, 26 de octubre de 2008.


A la calle Chorrillos en Vilcún le dicen "la calle de la muerte". Cualquiera podría pensar que el nombre se debe a la amenaza constante del volcán Llaima que entra en erupción cuando se le da gana. Pero aquí el miedo proviene de una antena de celular instalada por la empresa Entel a fines de los noventa.

En los últimos años en un radio de cuatro cuadras ocho personas han muerto de cáncer y ocho más luchan contra la misma enfermedad. Todos hablan de la antena ubicada en Chorrillos con Freire, del ruido que emite de noche y de la escasa preocupación de las autoridades, ya que nadie ha intentado siquiera evaluar cuál es la relación entre el aparato y las graves enfermedades que acusan los vecinos.

La señora Olivia Mora antes era una campesina robusta, criaba pollos y daba pensión en su casa, a dos cuadras de la antena; todo eso cambió hace dos años: "Me levantaba antes de las siete de la mañana, tenía tremendas huertas, criaba aves, pero de repente dejé de comer. Yo era así infla las mejillas y muestra con las manos la imagen de su cuerpo como si fueran 100 toneladas , una señora grande; y de repente dejé de comer. Con una palta yo tenía para dos días. Le empecé a tomar odio a la comida porque me venían unos dolores", cuenta.

Después de seis meses de diagnósticos errados y de sufrir fuertes dolores abdominales, un médico confirmó las causas de sus 40 kilos perdidos: cáncer de colon.

"Yo siempre fui muy sana, nunca tuve dolor, nada de nada. Yo estoy segura que la culpa la tiene la antena de celular", dice la señora Olivia.

Lo mismo cree la señora Tomasa, a quien le detectaron cáncer hace tres años. "El cáncer de mama que yo tengo está en el AUGE, pero he tenido que invertir mucho dinero porque la gente como yo, que vive en pueblos más chicos tenemos que ir a las ciudades y los pasajes no están en el AUGE. Me he gastado mucha plata en ir y venir a Temuco", dice.

Tomasa Reyes tiene 76 años y un seno menos. Sin estudios científicos ni pruebas en la mano, ella habla sólo desde la experiencia que le ha tocado vivir. "Nadie va a decir nunca si las antenas producen cáncer o no, pero acá está claro que tiene algo que ver. Antes, la antena emitía un ruido terrible en la noche, no nos dejaba dormir y todos los aparatos eléctricos nos daban la corriente. El año pasado, después de hacer trabajos de noche, el ruido fue bajando de intensidad. ¡Nadie nos ha dicho qué hicieron!", reclama.

Los pobladores que viven cerca de la antena se unieron en julio de 2007 y crearon una agrupación que busca eliminar la antena de la calle Chorrillos.

A pesar de sus intentos, ni siquiera han conseguido que las autoridades evalúen el posible riesgo.

El alcalde de Vilcún, Patricio Villanueva, resume la sensación que tiene el pueblo: "La legislación favorece más a las empresas que a los vecinos".

Claro que no quieren más

En Chile existen poco más de 15 mil antenas de celulares y sus dueños son las empresas Movistar, Entel y Claro. Para instalar una antena, simplemente se requiere de un aviso al municipio diciendo que se levantará un soporte, un certificado de la Dirección General de Aeronáutica Civil avisando que la altura de la antena es inofensiva para los vuelos y el permiso que otorga la Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel), quien da la autorización para que la antena comience a funcionar.

La Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones establece el carácter complementario de las antenas de telecomunicaciones; esto permite que sean instaladas en cualquier zona, por lo tanto éstos no pueden poner ninguna limitación al emplazamiento de las antenas. "Éste es el único tipo de construcción en Chile que está fuera y por encima de todo plan regulador. El proyecto del Gobierno mantiene esa curiosa inmunidad y todos sus privilegios", dice Raquel Salinas, del Comité de Defensa contra las Antenas de la comuna de El Quisco.

Salinas se refiere al proyecto de ley que aún está en la Cámara de Diputados y que intenta mitigar el impacto urbanístico de la instalación de torres de telecomunicaciones, además de sumar a la ciudadanía al momento que se decide ubicar una. Ahora, cualquier persona puede entregar su patio en arriendo a las empresas que pueden pagar hasta 10 millones de pesos por contratos que duran 10 años. Con la nueva ley, la idea es que los demás vecinos también digan si quieren tener una antena al lado de su casa.

El subsecretario de Telecomunicaciones, Pablo Bello, ha señalado que "la ley actual no permite a la Subtel decidir si le parece o no el lugar donde se instala una torre soporte de antena celular. Si esa instalación cumple con la normativa vigente, que hemos dicho es deficiente, puede funcionar. Por eso como Subtel queremos cambiar la ley actual por otra que proteja mejor los derechos de los barrios y vecinos. Este es el primer Gobierno de la historia en enfrentar este tema, por eso la Presidenta envió una nueva ley al Congreso y estamos empujando muy fuerte su aprobación".

Salinas dispara y va en la misma línea: "Las empresas de telefonía móvil avanzan como Atila. Invaden poblaciones y plantan sus antenas encima de las casas, y la Subtel no mueve un dedo para detener esta invasión bárbara. Ellos ubican las torres por coordenadas, pero con las coordenadas la Subtel no puede saber si la torre está sobre un dormitorio o en el patio de un colegio. Nadie pondría una antena a dos metros de un dormitorio en Vitacura o Las Condes. Este tipo de barbaridades se pueden cometer sólo en los barrios pobres".

En este sector de Vilcún, Eugenio Marín mira desde la puerta de su casa los metros de antena. La ley dice que éstas deben estar ubicadas a una distancia equivalente al tercio de la altura de la misma antena. Es decir, si ésta mide 30 metros, debe quedar a 10 metros de la casa más próxima.

Entre la antena y la casa de Eugenio Marín hay sólo unos cuantos pasos. Los vecinos que quieren eliminar la torre de calle Chorrillos dicen que ésta está a sólo tres metros del deslinde, por lo tanto la Dirección de Obras de la Municipalidad debería haber dado la orden para su demolición.

A través de un comunicado público Entel PCS señaló que la antena de Vilcún "cumple con las más exigentes normas de emisión. Es una instalación que cuenta con todas las autorizaciones tanto del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, así como de Subtel, desde el año 1998. Su emisión de potencia, es controlada permanentemente por la Autoridad y es inferior a la norma vigente".

Sin embargo, los vecinos no piensan lo mismo. "Nosotros estamos convencidos de que es la antena la culpable de todos los males. Lo sabemos porque hemos investigado el tema con expertos de diferentes países. Nosotros no queremos boicotear a la empresa, queremos ocupar sus celulares, pero queremos que nos aseguren que la gente no se está muriendo ni enfermando por eso", dice Víctor Cid, líder de los vecinos de la calle Chorrillos.

Mala señal

A pesar que en Chile existe un poco más de 14 millones de celulares, la guerra para instalar las antenas que permiten obtener señal es constante. La queja principal se centra en las enfermedades que podrían causar estas torres.

Los escépticos creen que la pelea en contra de estas antenas no es más que un berrinche trasnochado. Los estudios no son concluyentes: algunos acusan relación entre cáncer y los campos electromagnéticos que emiten estas torres; otros dicen que no hay nada. Como no hay estudios definitivos, el mercado se regula solo. "Las normas deberían ser fijadas por el Instituto de Salud Pública, que ejerce funciones normalizadoras, evaluadoras y fiscalizadoras de todos los productos y servicios que inciden en la salud humana; y no por la Subtel", dice Salinas.

Hasta principios de este año, la normativa estaba alineada con la Organización Mundial de la Salud (OMS), que permitía un máximo de 435 microwatts por centímetro cuadrado. En abril de este año, los niveles permitidos se redujeron a 100 microwatts y a 10 en caso que la antena esté cerca de colegios, jardines infantiles, salas cuna, hospitales o asilos de ancianos.

Sin embargo, el último estudio de Sage, una de las más prestigiosas ONG que analizan esta materia, establecen como máximo 0,1 microwatts.

Sage también indica algunas consecuencias por estar expuesto a estos campos electromágnéticos: "Hay muy poca duda acerca de las relación entre éstos y la leucemia infantil; existen pruebas contundentes también de la vinculación con el cáncer de mama; problemas en el sistema nervioso, en la función cerebral y el sistema inmunológico".

Inés Paredes, directora de la Escuela Especial e Internado F-834 de Vilcún que está a cuatro cuadras de la antena , también dice haber sentido los efectos de la antena de la calle Chorrillos: "Me detectaron un quiste en el cerebro y estoy segura que la antena tiene algo que ver. Esta es la calle donde están todos los internados, donde más personas mueren de cáncer, donde más mamás jóvenes pierden sus mamas. ¿Quién hace algo? Esta es la calle de la muerte en Vilcún y nadie hace nada".

 

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