Las nubes ayudan a entender el calentamiento global

Estratos chilenos atraen a 150 científicos de ocho países. La camanchaca -esas nubes que arruinan el asoleo matutino a los bañistas del norte- atrajo, en cambio, a 150 científicos provenientes de 40 instituciones de ocho naciones y que están interesados en el cambio climático mundial. El Mercurio, 17 de octubre de 2008.


A partir de esta semana, ellos iniciaron el mayor despliegue de recursos para una investigación científica frente al litoral chileno, el cual también se extenderá frente a toda la costa sur de Perú.

El objetivo es mejorar los modelos predictivos del calentamiento global.

Durante todo octubre y noviembre, cinco aviones y dos barcos recorrerán el océano recopilando datos sobre las condiciones atmosféricas y oceanográficas imperantes a fin de establecer relaciones con la mayor o menor abundancia de estos característicos estratos nortinos.

-¿Por qué son importantes las nubes para entender el calentamiento global?

"Son la fuente de incertidumbre más grande para predecir el clima en el próximo siglo", responde el profesor de Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Washington Chris Bretherton.

Las nubes reflejan la luz solar de vuelta al espacio, mitigando el calentamiento global. Pero los gases de efecto invernadero pueden causar que las nubes se distribuyan de forma distinta. Un pequeño cambio puede acentuar el calentamiento.

Sin embargo, ellas son muy difíciles de simular en modelos climáticos computacionales.

Por eso, el Pacífico Sureste atrae como un verdadero laboratorio natural. La surgencia de aguas frías desde el fondo marino, el aire cálido y su característico centro de altas presiones convierten al Pacífico Sureste en la mayor fábrica de nubes de todo el subtrópico. El objetivo es obtener de estas capas de estratocúmulos que se extienden por miles de kilómetros desde el litoral a mar adentro toda la información posible.

"Predecir tiene que ver con modelos, que responden a ecuaciones, pero hay que ir afinándolos de manera permanente. Esto no se puede hacer en computadores. Hay que ir a medir a la naturaleza. Ver la temperatura del aire, del agua, por ejemplo. Comprobar el juego entre las diferentes variables y ver cómo repercuten y se interrelacionan", explica René Garreaud, investigador del departamento de Geofísica de la U. de Chile.

Por eso, un Hércules C-130, de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) de los Estados Unidos, ya partió mar adentro en su primera expedición desde Arica. Sus sensores miden segundo a segundo la composición química de la atmósfera, analizándola en busca de aerosoles. Otros aviones más pequeños, un Twin Otter norteamericano y dos aeroplanos británicos, están a cargo de recorridos costeros.

Las mediciones oceanográficas y de la baja atmósfera están a cargo de las embarcaciones "José Oyala", del Instituto del Mar del Perú, y de la Ronald Brown, la más grande de la NOAA, complementadas por estaciones en tierra (en Paposo, Región de Antofagasta) a cargo de la Universidad de Chile.

En tierra, una treintena de científicos, incluidos chilenos de la Universidad Andrés Bello y de la Dirección Meteorológica de Chile, se tomaron los salones de conferencia del hotel Arica. Discutiendo, con sus informes registrados en sus notebooks, cada uno está a cargo de una fase específica de la investigación.

La campaña científica se llama Vocals-REx y se inscribe en el VAMOS (Variabilidad del Sistema de Monzón Americano), un campo de experimento internacional diseñado para comprender los procesos químicos y físicos en el sistema climático del sureste del Pacífico.

EL PROYECTO se desarrollará entre el 15 de octubre y el 15 de noviembre. La base es Arica.

EN INTERNET: La campaña en la Universidad de Washington:
www.atmos.washington.edu/robwood/VOCALS/vocals_uw.html

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