Crisis financiera y cambio climático

La urgencia de la primera no es excusa para descuidar la segunda. Es una oportunidad para matar dos pájaros de un tiro. Con políticas e incentivos adecuados podemos conducir al crecimiento económico en una dirección de bajo consumo de carbono y asegurarnos de que todos los países del orbe contribuyan al combate contra el calentamiento global. La Nación, 11 de noviembre de 2008.


Los líderes de las veinte mayores naciones emergentes y desarrolladas (G20), que se reunirán el 15 de noviembre en Washington, harían bien en recordar que enfrentamos dos crisis. La más inmediata es la financiera global; la más existencial es la del cambio climático. La urgencia de la primera no es excusa para descuidar la segunda. Por el contrario, es una oportunidad para matar dos pájaros de un tiro.

Planteemos el caso en términos de la economía pragmática: el crecimiento global está disminuyendo; los presupuestos se estrechan; tendremos, probablemente, menos recursos para abordar una creciente agenda de problemas globales.

Entonces, ¿qué pasos podemos dar para crear empleos e incentivar el crecimiento? ¿Cómo podemos asegurar suministros de energía a precios accesibles? ¿Qué debemos hacer para aislar al sistema financiero global de los

shocks recurrentes y las burbujas cíclicas? La respuesta está en encontrar soluciones comunes para los graves desafíos que enfrentamos. Y cuando se trata de dos de los más serios (la crisis financiera y el cambio climático) la respuesta es la economía verde.

REVOLUCIÓN ENERGÉTICA

Los científicos coinciden: para abordar el cambio climático, necesitamos una revolución energética. También concuerdan los economistas: la industria de mayor crecimiento en el mundo es la de las energías renovables. Allí es donde ya se están creando los empleos del futuro y donde se está dando gran parte de la innovación tecnológica que conducirá a la próxima era de transformación económica.

La cumbre financiera es crítica, pero enfrentaremos una prueba no menor a comienzos de diciembre, cuando las naciones se reúnan en Poznan, Polonia, para la siguiente ronda de negociaciones para la convención climática de Naciones Unidas (ONU).

El encuentro constituye el punto intermedio del mapa de ruta de Bali, acordado el año pasado en Indonesia. Además, aspira a organizar el escenario para una gran negociación en Copenhague, Dinamarca, el próximo año, cuando los líderes mundiales negocien un ambicioso acuerdo sobre el cambio climático, al que todas las naciones puedan adherir.

En Poznan, los ministros de medioambiente y del clima se reunirán por primera vez para afinar una visión de largo plazo de acciones cooperativas. Para lograrla necesitamos un plan de trabajo claro con metas específicas para la reducción de emisiones y adaptarnos a los efectos adversos del cambio climático, requerimos de una arquitectura institucional concordada, un compromiso serio con un Fondo de Adaptación y, sobre todo, la voluntad de las naciones en desarrollo y las desarrolladas para hacer su parte.

AVANCES

El Programa Medioambiental de la ONU estima que la inversión global en energía libre de gases invernadero llegará a 1,9 billones de dólares en 2020, una porción significativa del PIB global. A nivel mundial, hay cerca de dos millones de personas empleadas en las nuevas industrias de energía eólica y solar, la mitad de ellas sólo en China.

El programa de biocombustibles de Brasil ha venido creando cerca de 1 millón de empleos al año, mientras que en Alemania se espera que las inversiones en tecnología medioambiental se cuadrupliquen en los próximos años, alcanzando a un 16% de la producción manufacturera en 2030 y empleando a más trabajadores que la industria automotriz.

No necesitamos esperar la llegada de nuevas tecnologías, como tampoco debemos preocuparnos excesivamente por los costos de tomar acciones concretas. Estudios muestran que Estados Unidos podría disminuir significativamente las emisiones de carbono a un costo bajo o casi cero, utilizando el conocimiento existente.

Como evidencia, desde 1980, el PIB de Dinamarca aumentó en 78% con sólo incrementos mínimos en el consumo de energía y Polonia ha rebajado las emisiones en un tercio durante los últimos 17 años, a través de agresivas medidas de eficiencia energética, incluso mientras su economía prosperaba.

NORMAS ADECUADAS

Con las políticas e incentivos adecuados podemos conducir al crecimiento económico en una dirección de bajo carbono y asegurarnos de que todos los países del orbe contribuyan al combate contra el calentamiento global, sin comprometer el derecho de cada nación al bienestar económico de sus ciudadanos.

Los más visionarios entre los altos ejecutivos lo saben. Ésa es una de las razones de por qué los empresarios en tantas partes del mundo están pidiendo políticas claras y consistentes para el cambio climático.

En Poznan, y más tarde en Copenhague, algunos buscarán estrictos límites a las emisiones, otros preferirán metas voluntarias y otros debatirán los pro y los contra de los mercados de carbono versus los impuestos y las regulaciones nacionales de conservación.

Muchos llamarán a políticas para reducir la deforestación, que representa alrededor de una quinta parte de las emisiones de gases invernadero. Inversiones anuales de entre 17 mil millones a 30 mil millones de dólares podrían bajar a la mitad esa cifra, impulsando al mismo tiempo empleos ligados a la conservación en países tropicales.

La crisis financiera global es un llamado de alerta. Requiere de soluciones innovadoras que tomen en cuenta los desafíos mayores que enfrentamos. No tenemos más tiempo que perder.

Por Ban Ki-moon, secretario general de Naciones Unidas; Susilo Bambang Yudhoyono, Presidente de Indonesia; Donald Tusk, Primer Ministro de Polonia; Anders Fogh Rasmussen, Premier danés.

 

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