Hongo del ulmo chileno produce diésel

A partir de residuos vegetales. Lo descubrió investigador de los EE.UU. que publica hoy su hallazgo. El Mercurio, 04 de noviembre de 2008.


El microscópico hongo Gliocladium roseum, que vive en los bosques del sur de Chile, podría transformarse en un actor clave en la producción de biocombustibles. Tras aislar una muestra obtenida en nuestro país hace siete años, el botánico estadounidense Gary Strobel descubrió que el G. roseum es capaz de producir un compuesto muy parecido al diésel. Su estudio aparece hoy en la revista "Microbiology".

Aunque Strobel trabaja en la Universidad de Montana, pasa la mayor parte de su tiempo viajando por el mundo en busca de microorganismos que viven en las plantas. En una de sus incursiones científicas ya había descubierto en Honduras otro hongo que produce un gas letal para otros hongos.

Expedición a Chile

Stroebel vino a nuestro país hace siete años sin conocer a ningún otro científico. Era su trabajo personal, contó ayer a "El Mercurio". "No tenía idea lo que iba a encontrar. Ya había visitado lugares como Australia, China, Indonesia, Nueva Zelandia, y Madagascar. Necesitaba ver en un bosque templado lo que había".

Una de sus inquietudes era encontrar algún hongo parecido al de Honduras. Cuando analizaba las muestras recolectadas en nuestro país comprobó que eran diferentes. Pero le aguardaba una sorpresa: al analizar el G. roseum de un trozo de ulmo (Eucryphia) que había colectado en Puerto Montt encontró que producía gases. "Eran como los gases del diésel, una gran sorpresa", relató.

Reconoce que esto es sólo el comienzo. Será un largo proceso conseguir un producto comercial. "Pero lo que resulta más prometedor es que no hemos encontrado ningún organismo en la Tierra que haga lo mismo que éste, un hongo que produce una larga cadena de hidrocarburos". Ya le puso un nombre: "mykodiesel", de "myces", hongo en griego.

Admite que aunque el G. roseum es común, la genética de esta muestra es diferente y podría tratarse de otro hongo del ulmo.

Sería fantástico, dice, si algún científico chileno se suma al proyecto, en el que está embarcado también con su hijo, titular del departamento de biofísica molecular de la Universidad de Yale. "Las grandes islas que se agolpan en el borde costero de Chile están repletas de biodiversidad. Estoy seguro que si sus biólogos, bioquímicos y microbiólogos comenzaran a mirar sus bosques darían con microorganismos que podrían ayudar a resolver problemas de la medicina, la agricultura y la energía".

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