Energía como expresión de modelos de desarrollo

Columna de opinión de Sebastián Ainzúa economista;de Fundación Terram, publicada en portal web radio Universidad de Chile el 18 de diciembre de 2008.


Las políticas aplicadas y los énfasis del diseño institucional energético de nuestro país, dan cuenta del modelo de desarrollo cortoplacista, reactivo y centrado en la lógica de mercado.

El sector energético es considerado como una de tantas actividades económicas. Sin embargo, está lejos de ser una parte del todo, sino más bien es la base sobre la cual se construyen los modelos de desarrollo. La energía tiene varias particularidades que la convierten en un área estratégica y fundamental de las naciones, pero también es un sector que fielmente refleja la estructura del modelo de desarrollo económico.

En primer término, surge de las formas de consumo: la configuración de las matrices energéticas de los países está íntimamente ligada a los patrones de consumo locales. Por ejemplo, países con grandes parques automotrices tienden a presentar una mayor demanda de petróleo. Asimismo, consumos de mayor tecnología se traduce en más demanda por electricidad.

En segundo lugar, la energía refleja las desigualdades sociales: problemas de acceso y disponibilidad son expresiones de inequidad en la sociedad. Esto es especialmente aplicable en situaciones en que la falta de acceso se combina con abundancia local, como en los casos de problemas que presentan comunidades aledañas a centrales de generación eléctrica en el norte y sur de Chile.

Por último, el énfasis en oferta o demanda. Los problemas energéticos se pueden resolver de dos formas: aumentar la oferta (diversificar la matriz, producir biocombustibles, estudiar energía nuclear, etc.) o reducir la demanda (uso eficiente, normas de construcción de viviendas, promover bienes de bajo consumo, etc.). La política energética (y los presupuestos disponibles) son expresiones instrumentales del acento que ponen los Estados a los problemas de estrechez energética y los mecanismos utilizados para resolverla.

Estos elementos permiten construir una visión clara de la configuración del modelo de desarrollo de nuestras naciones, énfasis y acentos que expresan cómo, para qué y para quién se genera la energía y cómo se enfrentan los conflictos e impactos de la actividad.

Al observarlos, queda de manifiesto que nuestro país tiene el modelo de desarrollo que calza perfectamente con las políticas aplicadas y los énfasis que se aprecian en la estructura del diseño institucional energético.

Es por esto mismo que se comprende el porqué de la inexistencia de una política energética de largo plazo: porque el acento no está puesto en un modelo sostenible ambientalmente ni equitativo en términos de acceso. Las decisiones, en materia energética, son típicas de modelos reactivos, de corto plazo y centrados en lógicas de mercado.

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