“Obama ha cambiado el panorama en la lucha contra el cambio climático”

Nicholas Nick Stern, autor del famoso informe sobre cambio climático hace su diagnóstico de cara al nuevo gobierno de EE.UU. El prestigioso economista británico que ha liderado los departamentos de estudios e investigación del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) y, más tarde, del Banco Mundial. Por encargo del gobierno británico, dirigió en 2006 un famoso estudio (Informe Stern) para evaluar el fundamento económico de la lucha internacional contra el cambio climático. El Diario 29 de diciembre de 2009.


De vuelta a la London School of Economics, Lord Stern sigue participando en las reuniones internacionales sobre el tema, el cual aún enfrenta escépticos. Están los que ponen en duda que sea necesario tomar medidas urgentes contra el cambio climático, como él defendió en su informe. Están los que niegan que este fenómeno se esté produciendo o sea consecuencia de las emisiones humanas de CO2 y afirman que sus efectos se están exagerando; otros señalan que los posibles daños se producirán dentro de muchos años, y antes de eso habrá innovaciones tecnológicas que permitirán combatirlo con menor costo.

– ¿Cómo responde a esas actitudes?

– Ya casi nadie duda de la relación directa entre la concentración de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera y la temperatura media de la Tierra. En la etapa pre-industrial, esa concentración era de menos de 300 moléculas de tales gases por cada millón de moléculas (es decir, partes por millón o ppm). En la actualidad, ya es de 430 ppm, lo que ha elevado la temperatura media 0,7 grados desde aquella época. Se calcula que, como resultado de las actuales emisiones, esa concentración está creciendo a razón de 2,5 ppm al año, y lo hará pronto a 3 ppm anuales, debido, sobre todo, a la influencia del aumento de emisiones de China e India. Así pues, si no hacemos nada, la concentración de GEI en la atmósfera rebasaría las 750 ppm a partir del año 2100, lo que podría tener consecuencias catastróficas.

– ¿No podrían las sociedades humanas adaptarse a ese cambio climático?

– Si la concentración de gases superara las 750 ppm, hay una probabilidad del 50% de que la temperatura media de la Tierra aumente en, al menos, cinco grados centígrados. Una subida de esa magnitud tendría grandes efectos, que actuarían a través del agua: los glaciares del Himalaya se fundirían, lo que alteraría el curso y el caudal de los ríos en el subcontinente indio; el deshielo de los polos y la expansión del agua elevaría el nivel del mar, lo que dejaría sumergidas las zonas costeras bajas; la cuenca del Amazonas podría cambiar; y se volverían desérticas ciertas partes del mundo (entre ellas, parte de la Europa meridional).

Tales cambios exigirían desplazamientos masivos de población. Y es difícil pensar que esos desplazamientos no desembocaran en guerras o graves conflictos sociales. A lo máximo que se podrá adaptar la sociedad sin graves conmociones sería a una subida de uno o dos grados centígrados.

– ¿Cuál es el objetivo que debe perseguir la comunidad internacional en la lucha contra el cambio climático?

– El objetivo debe ser estabilizar el nivel de gases entorno a 550 ppm. Con ese nivel de concentración, la probabilidad de que la temperatura media de la Tierra aumente cinco grados o más sería de apenas un 3%. Lo más probable es que la temperatura suba entre dos y tres grados centígrados, un aumento al que esperemos los países serán capaces de adaptarse.

– ¿Cuánto habría que recortar las nuevas emisiones de gases para lograr que su nivel de concentración en la atmósfera se estabilizara en ese nivel?

– Será necesario que en el año 2050 la emisión total anual de GEI en el mundo sea la mitad que en 1990, es decir, que el volumen anual de emisiones se reduzca en un 50% y se sitúe en unos 20.000 millones de toneladas de CO2 al año. Para estabilizar los gases en 550 pm, las emisiones de CO2 per cápita en 2050 no deberán superar las dos toneladas.

El nivel actual de emisiones es muy superior: en Estados Unidos, más de 20 toneladas por habitante y año; en la UE, 12; en China, casi 6; en India, 2. En África Subsahariana están todavía por debajo de 1 tonelada. Esas cifras demuestran que la lucha contra el cambio climático exigirá un esfuerzo de los países industrializados, pero también de los emergentes.

– ¿Qué perspectivas ve de que el año que viene pueda firmarse en Copenhague un nuevo tratado que establezca objetivos vinculantes para el período 2103-2020?

– Mi impresión es que hay un acuerdo creciente en el objetivo de reducir a la mitad en 2050 respecto a 1990 las emisiones globales de gases con efecto invernadero. Ese sería el objetivo para el mundo en su conjunto. Los países industrializados debieran fijarse un objetivo aún más ambicioso: reducirlas en un 80%. Uno de los factores que ha cambiado el panorama en la lucha contra el cambio climático ha sido el resultado de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Barack Obama ha venido impulsando ideas como el coche del futuro o el aislamiento de las infraestructuras, y parece decidido a que las emisiones de GEI en Estados Unidos vuelvan en 2020 al nivel que tenían en 1990, cuando ahora son 20% superiores.

También es perceptible un cambio de actitud en China. El objetivo ahora debe ser ponerse ya a negociar un texto concreto, de forma que en la reunión prevista en Bonn el próximo junio se perfile el texto del Tratado que debiera aprobarse a finales del 2009 en Copenhague.

Costos y beneficios

El ‘Informe Stern’ estimó que la lucha contra el cambio climático entrañaría un costo en términos de menor crecimiento mundial de 1% a 2% anual.“Lo concebimos como una ‘prima de seguro’que debíamos estar dispuestos a pagar para evitar el riesgo de una catástrofe ecológica futura. Sobrevaloramos el costo de la lucha contra el cambio climático e infraestimamos las consecuencias adversas de la inacción”, dice.

En su opinión, la lucha en esta área proporcionará un medio ambiente más limpio y aumentará la seguridad energética; la batalla contra la deforestación hará que mantengamos una mayor biodiversidad; y la búsqueda de mayor eficiencia energética y nuevas tecnologías puede espolear una oleada ‘schumpeteriana’de innovación, como ocurrió con el ferrocarril. La industria del automóvil podría sufrir una gran transformación, gracias al desarrollo, por ejemplo, de vehículos híbridos.

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