Valle de Copiapó suplirá el déficit de agua con planta desaladora

Expertos del BID realizarán diseño y modelo de negocio. Recurso está sobreexplotado por la agricultura y minería. La inversión requerida se estima entre los US$ 450 y US$ 600 millones. El Mercurio, 17 de diciembre 2008.


Una verdadera "fábrica de agua", cuyo diseño estará en manos de expertos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), suplirá el severo déficit de agua que sufre el valle de Copiapó, en la Región de Atacama. Se trata de una planta que le quitará la sal al agua de mar y que podrá generar cerca de 800 litros por segundo para paliar la sobreexplotación del recurso que realizan empresas mineras y agrícolas en esa cuenca.

En enero próximo llegarán al país los expertos del BID que tendrán cerca de 6 meses para elaborar un modelo de negocios, que determinará la inversión necesaria para materializar el proyecto, los modos de financiamiento y su mantención. "Estudiaremos la forma de llevar a cabo este proyecto, si es a través de una alianza público-privada, a través del sistema de concesiones, algunas subvenciones u otra forma que la haga rentable", explicó el director de la Dirección General de Aguas (DGA), Rodrigo Weisner. La inversión requerida se estima entre los US$ 450 y US$ 600 millones.

La construcción de una planta desaladora era uno de los anuncios más esperados en el valle de Copiapó, especialmente entre los agricultores, que han visto secarse sus pozos de extracción. "Es una medida que estábamos esperando, pero ojalá no sea sólo asociado a un negocio, porque si no es rentable, no se haría y esa no es la idea", afirmó Carlos Araya, de la Comunidad de Aguas Subterráneas de ese valle.

En Antofagasta ya opera una planta desaladora, que abastece de agua potable al 50% de la ciudad

Esta no es la única planta desaladora que se proyecta en la III Región. El yacimiento minero El Morro y la termoeléctrica Castilla, ambas iniciativas en su etapa de evaluación ambiental, incluyen en sus propuestas la instalación de este tipo de plantas, porque no cuentan con recurso hídrico disponible para llevar a cabo sus faenas.

Esta grave escasez hídrica ha enfrentado a los dos motores productivos del valle de Copiapó: la agricultura y la minería, que se pelean por la poca agua que queda. Incluso, existe un mercado de derechos de agua en el cual se vende un litro por segundo a $20 millones.

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