La desigualdad social: la discusión permanente

Columna de opinión de Sebastián Ainzúa, economista de Fundación Terram, publicada en diario La Nación el 29 de enero de 2009.


El Foro Social Mundial, que se realiza durante estos días en Belem (Brasil), tiene el desafío de analizar las problemáticas sociales y ponerlas en el debate público, en un contexto de crisis económica mundial, donde los temas de crecimiento y empleo absorben la agenda. Dentro de dichas problemáticas, la desigualdad siempre está presente, a veces el debate en torno a ella se da con más fuerza; otras, en cambio, es un tema debilitado por la coyuntura. Pero lo cierto es que en América Latina la desigualdad es un problema permanente, ya que varios países de la región están entre los más desiguales del mundo y, en promedio, nuestro continente es el más desigual.

El problema más importante no está a nivel local o regional, sino que se expresa a nivel mundial. Según algunos estudios, el coeficiente de Gini al final de la década de los ochenta determinó que la economía global era más desigual que la de cualquier país. Hacia mediados de los noventa, el coeficiente de Gini se incrementó en otros tres puntos. Esto representa un aumento de la desigualdad dos veces mayor que cualquier incremento registrado al interior de los países.

Este fenómeno es relevante, porque la distribución internacional de los ingresos es fundamental para reducir la pobreza. Se supone que la globalización (y la apertura comercial) permitiría un aumento en la participación de los países pobres en la renta económica mundial, pero por desgracia, los resultados muestran lo contrario. Según S. Amin, "la globalización ha implicado una inmensa polarización que ha aumentado la desigualdad entre las personas de una proporción dos a uno en los alrededores de 1800, a una de 60 a 1 en esta última década".

Así, es necesario comprender que la globalización mal diseñada implica mayor pobreza, más desigualdad y propicia mayor exclusión social. Es un mito pensar que creciendo a un mayor ingreso se puede erradicar la pobreza, porque alivio sin creación y acumulación de capital social no se da en ninguna parte.

De esta manera, en el plano mundial, los esfuerzos nacionales sólo pueden surtir efecto si se complementan con reglas del juego equitativas y estables, y una cooperación internacional destinada a corregir las asimetrías básicas del orden global. Para conseguirlas, lo primero es entender el fondo del problema y luego establecer los espacios de participación política a todos los actores sociales, para buscar soluciones legitimadas por la sociedad en su conjunto.

 

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