Chile debiese ser un ejemplo en cuanto a políticas de conservación de glaciares”

En Chile los glaciares de las zonas centro y sur, algunos de los cuales son los que definen las cuencas que aportan agua potable a Santiago, no se encuentran cubiertos por el Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado. Según profesores de la USM, es fundamental un proyecto que los proteja y conserve, ya que su deterioro puede traer consecuencias dramáticas para las ciudades chilenas del Valle Central. Edición: Universia / RR 21 de abril de 2009.


La recientemente aprobada Política para la Protección y Conservación de Glaciares, indica que la superficie aproximada de glaciares en Chile es de 20.188 Km2. Poseemos los campos de hielo más grandes del Hemisferio Sur, y hasta la fecha según el Registro de Glaciares se han contabilizado sobre 3.100 glaciares. Aún hay muchos no descritos y sólo cuatro han sido estudiados con registros públicos y sistemáticos, pero sin duda la mayor parte de ellos presenta pérdidas de área y espesor en respuesta al calentamiento global.

Es importante señalar que la aprobación de una política de glaciares no significa una ley. La política establece ciertos lineamientos, acciones y estrategias, y fundamenta la existencia de herramientas a futuro, como por ejemplo, una ley. Lo que Chile acaba de aprobar es una política para la protección y conservación de glaciares, que debiera ser el marco dentro del cual debieran desarrollarse leyes y acciones para hacer efectiva la política.

“Al ser Chile un país con las mayores reservas de hielo y nieve del Hemisferio Sur, debiese ser un ejemplo en cuanto a políticas, leyes y reglamentos de conservación. Una ley que proteja los glaciares en Chile debería asegurar su monitoreo constante, tanto de balance líquido como balance de masa, y su conservación a partir de la protección de las zonas en donde se encuentran. También se debe regular el acceso mediante planes maestros y de gestión (zonas de visita, zonas de excursión, zonas de investigación) y actividades de difusión a la comunidad asociados al conocimiento de la glaciología”, sostiene Alejandro Veliz, profesor del Departamento de Arquitectura de la Universidad Santa María y coordinador del área disciplinar “Ciencias de la Ingeniería” de la Asociación de Jóvenes Científicos Polares (APECS), iniciativa que desarrolla un intento internacional por aglomerar conocimiento actualizado de estudiantes doctorales e investigadores en torno a temas relativos a la conservación de glaciares.

Por otra parte, en Chile los glaciares de las zonas centro y sur, que son los que aportan el agua potable a Santiago, no se encuentran protegidos por el SNASPE (Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado). De aquí que es fundamental un proyecto que los proteja y conserve, ya que su deterioro puede traer consecuencias dramáticas para las ciudades chilenas del Valle Central.

“Con los datos registrados de pérdida de masa y retroceso, Chile puede presionar en los foros mundiales sobre Cambio Climático, dado que las emisiones globales están afectando su patrimonio de hielos perennes, que son su más importante reserva de agua”, asegura el académico del Departamento de Arquitectura de la USM y presidente de la Fundación Terram, Pedro Serrano.

Asimismo, Serrano explica que, según especialistas, Chile es un emisor menor en el contexto de los gases de invernadero más importantes (Dióxido de carbono y Metano); sin embargo, el país debe preocuparse de disminuir sus propias emisiones, dado que igual contribuyen a la suma global.

“Básicamente Chile debe bajar su consumo de combustibles carbonados mediante un programa de eficiencia energética y un plan de sustitución de combustibles por energéticos de baja emisión o de emisión cero: hidráulico, solar, eólico, geotérmico y oceánico, además de otro plan de captura de metano, ya sea a través de tratamientos especiales de desechos orgánicos domésticos, comerciales e industriales, tales como el uso energético de biogás. Agregado a esto, el país debiera mantener y acrecentar su potencial de captura fotosintética de carbono, vale decir, hacer al menos sustentable su masa vegetal tanto continental como oceánica”, agrega Pedro Serrano.

¿Qué podemos hacer?

Muy pocos chilenos viven cerca de los glaciares, pero todos reciben agua potable o de riego proveniente de cuencas que están regidas por ellos. Las relaciones ambientales son bastante duales; si la gente que vive en las cuencas hace un manejo adecuado de la misma, entonces está colaborando con la protección de sus glaciares. Si la gente se hace cargo culturalmente de un programa de eficiencia energética y protección, mantención y acrecentamiento de sus bosques, matorrales y praderas, estará haciendo acciones para protegerlos. Por ello es fundamental cuidar el agua, establecer hábitos de bajo consumo energético y mejorar la eficiencia energética en las construcciones y procesos industriales.

“La Universidad Santa María, cada vez que desarrolla iniciativas en Energías Renovables no Convencionales (ERNC), está aportando desarrollo y conocimiento para disminuir el impacto de los gases invernadero. Para la investigación de glaciares existe además un interesante campo de desarrollo para la instrumentación, monitoreo remoto y captura manejo de datos, el cual podría interesar a químicos, termodinámicos, electrónicos o informáticos.”, asegura el académico de la USM, Pedro Serrano, quien también se refirió a la importancia de trabajar y desarrollar proyectos con directa colaboración en el campo referente a la glaciología.

“Directamente en los glaciares, la Unidad de Arquitectura Extrema, ARQ-X del Departamento de Arquitectura de la USM, ha estado colaborando con la Unidad de Glaciología y Nieves de la Dirección general de Aguas del Mop, desarrollando refugios y sistemas de soporte sustentable para las expediciones científicas que suben a monitorear los glaciares. Si de acuerdo al documento sobre política de protección de glaciares hay 3100 glaciares susceptibles de estudiar, esto entonces recién comienza. La unidad puede desarrollar un intenso trabajo diseñando y montando refugios de arquitectura para zonas extremas en nuestros cuerpos de hielo”, señala el mismo.

Edición: Universia / RR Fuente: Universidad Santa María

 

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