¿Qué hacemos con el Cambio Climático?

Columna de opinión de Sebastián Ainzúa Economista de Fundación Terram publicada en revista Ingenieros del Cobre, en su edición Nº 12 del mes de abril 2009.


Esta pregunta es, sin exageraciones, la interrogante más compleja que le ha tocado vivir a la humanidad. Las razones son variadas: en primer término es un problema global, quizás el más importante, porque involucra a todas las naciones del orbe. En segundo lugar, porque afecta toda forma de vida, sin excepción. Tercero, porque las soluciones que se plantean no resuelven el problema, sólo logran mitigar sus impactos. En otras palabras, estamos frente a una encrucijada que es irreversible, y ante la cual es necesario actuar con urgencia, pues de lo contrario el problema se empeorará.

El informe del IPCC entrega conclusiones que no dejan dudas respecto de la situación:

La temperatura de la Tierra aumentará entre 1,8 y 4 grados hasta finales de siglo, con probabilidad de 90% que el aumento se deba a la concentración de gases de efecto invernadero generados por la actividad humana.

Se reducirá la cobertura de nieve y de casquetes polares, con probable desaparición del Polo Norte a fin de siglo.

Las precipitaciones aumentarán en las mayores latitudes, mientras que disminuirán en la mayor parte de las zonas subtropicales (en torno al 20% en 2100).

El calentamiento será mayor en los continentes que en los océanos, así como en las latitudes norte, y menor en el sur y en partes del Atlántico norte.

La elevación del nivel del mar podría llegar a los 59 centímetros.

Sin embargo, el pronóstico no es tan sencillo, porque está condicionado por lo que hagamos hoy. Para alcanzar esta meta se deben reducir drásticamente las emisiones de GEI. Éstas deben comenzar a disminuir a más tardar a partir de 2015, si se quiere mantener el alza de la temperatura en el límite entre 2 y 4° C. Es decir, para estabilizar las emisiones de CO2 y otros gases, será necesario que las actuales emisiones se reduzcan entre 50 y 85% para el 2050.

El impacto en Chile

El IPCC señala que el cambio climático es un fenómeno de alcance mundial, por lo que todos los países están expuestos a sus efectos, pero el grado de vulnerabilidad varía de un país a otro. En ese contexto, según los criterios de la Convención Marco de Cambio Climático, Chile es un país vulnerable pues tiene zonas costeras bajas, ecosistemas de montaña, territorios áridos y semiáridos expuestos a la sequía y a la desertificación, porciones proclives al deterioro forestal, áreas propensas a desastres naturales, áreas urbanas altamente contaminadas y ecosistemas frágiles.

A su vez, un estudio encargado por CONAMA al Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile, hizo un análisis de precipitaciones y temperatura, evaluando ambas variables en dos escenarios: moderado y severo. Respecto de la temperatura se puede señalar que los mapas de temperatura superficial media para las cuatro estaciones del año evidencian aumentos de temperatura, en el caso del escenario moderado, de entre 1 y 3º C, y en el caso del escenario severo, de entre 2 y 4º C. Es decir, en todo el país se aprecia un aumento de temperatura en ambos escenarios.

En tanto, respecto de precipitaciones, el estudio concluye, resumidamente, que en el norte se observará un aumento pluviométrico, mientras que en las zonas centro sur y austral las precipitaciones caerán en porcentajes que van entre 25 y 50%, dependiendo de la región.

Sobre la base de este diagnóstico es posible identificar algunos impactos, como la aparición de nuevos problemas de salud y sanitarios; reducción en la producción de alimentos; cambios en la biodiversidad; disminución en el acceso a suministro de agua; pérdidas y modificaciones en actividades económicas; alteraciones ambientales.

Propuestas

Así, considerando los impactos que podría tener el cambio climático en Chile, es necesario, al menos, avanzar en cuatro ejes programáticos: agua, energía, ecosistemas vegetales y protección social.

Respecto al agua, es necesario un manejo integrado de cuencas; proteger las fuentes de agua para que estén libres de contaminación y no permitir el desarrollo de proyectos que afecten las fuentes de abastecimiento y/o las reservas de agua.

En el ámbito de energía es necesario, por un lado, garantizar el suministro, autonomía e independencia en el abastecimiento, y al mismo tiempo reducir el consumo.

En cuanto a los ecosistemas vegetales, es necesario promover el manejo y conservación de la vegetación nativa y aumentar la superficie de bosques. Asimismo, debemos proteger las cabeceras de cuencas con vegetación nativa, lo que permitirá asegurar por más tiempo el suministro de agua y frenar el avance de la desertificación.

Finalmente, en términos de protección social es fundamental que las políticas públicas se diseñen considerando los impactos sociales del cambio climático, por ejemplo, la pérdida de empleos, la malnutrición provocada por la escasez y aumento de los costos de alimentos, los impactos que tendrá el aumento de costos de energía, prever los incrementos en la pobreza y los desplazamientos de población provocados por enfermedades y alteración de actividades económicas.

En definitiva, ante la pregunta ¿qué hacemos con el cambio climático?, la respuesta tiene que a puntar a que nuestro país debe desarrollar políticas públicas tomando en consideración el nuevo escenario: cada política debería tener como consideración y trasfondo los problemas de Chile como país vulnerable y los impactos que esto traerá sobre toda las formas de vida.

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