Medio Ambiente, tarea pendiente para nuestra Salmonicultura

Columna de opinión de Arturo Carreño, economista de Fundación Terram, publicada el 05 de junio de 2009 en diario El Divisadero, en el marco de la conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente.


Hoy 5 de junio se conmemora en todo el mundo el Día Internacional del Medio Ambiente. Esta conmemoración se realiza desde 1972, año en que La Asamblea General de las Naciones Unidas, con motivo de La Conferencia de Estocolmo, estableció el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Sin embargo, es en La Resolución Nº 2994 (XXVII) del 15 de diciembre de ese mismo año que se designó oficialmente este día como el Día Mundial del Medio Ambiente. El objetivo fundamental de esta celebración es fomentar la conciencia y sensibilización sobre el medio ambiente.

En este sentido y situándonos en el contexto de nuestro país, podemos señalar que a rasgos generales esta conciencia medioambiental está creciendo – en parte, debido al ahínco con el que trabajan día a día las organizaciones de la sociedad civil – no obstante, cada cierto tiempo, somos testigos de actos que atentan contra nuestro medio ambiente. Un ejemplo que grafica lo expuesto está relacionado con la industria salmonera chilena, la cual ha mostrado una gestión ambiental y sanitaria deficiente. Este sector actualmente enfrenta su peor crisis en los años que lleva de actividad, debido a la detección y posterior avance del virus ISA (anemia infecciosa del salmón), del descontrol del piojo del salmón conocido como caligus, del SRS y otras enfermedades que han dejado de manifiesto que en términos sanitarios las cosas no se hicieron de la mejor manera y los resultados están a la vista. A esto se debe sumar la acumulación de desechos orgánicos en el fondo marino y lacustre, la carencia de medidas de seguridad para evitar los escapes de salmónidos, el excesivo uso de antibióticos, entre otras externalidades negativas.

En este contexto llama la atención que la industria que cultiva el principal alimento de exportación, con un 21% de participación en las exportaciones de alimentos en 2008, esté sumida en una catástrofe sanitaria de esta magnitud. Lamentablemente, los más perjudicados con esta situación son los trabajadores, quienes deben cargar en sus hombros las antiguas y contínuas negligencias sanitarias de empresas que han mostrado poca – por decir lo menos – preocupación por el medio ambiente. Producto de esta mala gestión ambiental el avance del virus ISA se hizo inminente, al igual que la disminución en los niveles de producción, lo que afecta directamente en el requerimiento de mano de obra, la cual se hace cada vez menos necesaria. Esto se ve reflejado en las cifras de despidos de la industria, las que en febrero pasado se empinaban cerca de las 17.000 personas y que para mediados de año bordearía las 25.000.

Otra situación grave, desde la perspectiva del equilibrio medioambiental de los océanos, dice relación con la tasa de conversión pez pelágico/salmón. En nuestro país se requieren alrededor de ocho kilos de peces pelágicos para producir un kilo de salmón cultivado. Esta cifra en sí resulta muy alarmante y más aún lo es el hecho de que ya no tan sólo se utilizan insumos marinos para alimentar salmónidos, sino que se ha recurrido a productos provenientes de la agricultura como el trigo, el lupino y el aceite de raps, entre otros, con el propósito de producir un efecto de sustitución ante la futura escasez de recursos pelágicos idóneos para elaborar dietas de salmónidos.

Esta situación resulta alarmante desde dos puntos de vista (aunque no los únicos) en primer lugar, los salmones son por naturaleza carnívoros, por lo tanto al incorporar en su dieta componentes vegetales se estaría alterando un patrón natural esencial para estos peces. Desde otra perspectiva, se estarían destinando extensiones cultivables para abastecer de insumos alimenticios a una industria versus lo que esas extensiones podrían representar para alimentar a la población.

Sobre la base de los argumentos expuestos sólo queda la esperanza de que en el corto plazo se tomen medidas idóneas que sean coherentes con la preocupación por el medio ambiente y se vele porque todos los chilenos – y ciudadanos del mundo – tengan acceso a un medio ambiente libre de contaminación. No hay que olvidar que al menos en Chile nuestra carta fundamental en su artículo 19 Nº 8 establece “El derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación” y no tan sólo eso, también señala que es deber del Estado velar porque este derecho se cumpla. La disposición ha estado clara durante años, es nuestro deber exigirla.

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