El piojo del salmón y las nuevas regulaciones

Columna de opinión de Giuliana Furci, Coordinadora Programa Salmonicultura de Fundación Terram, publicada en La Estrella de Chiloé el 22 de julio 2009.


A raíz de la situación sanitaria provocada por el virus ISA, el gobierno decidió modificar varias regulaciones de la salmonicultura, como el Reglamento Ambiental para la Acuicultura (RAMA) y el Reglamento Sanitario (RESA), además de modificar la Ley General de Pesca y Acuicultura, con el fin de entregar herramientas económicas a las salmoneras para que puedan continuar con su actividad.

A diferencia de otras patologías que afectan a los salmónidos en cultivo, el virus ISA marcó un antes y un después en la salmonicultura chilena, precisamente por las características del virus. Esto, porque no tiene remedio conocido y no se puede tratar como se hace con las enfermedades bacterianas, ni como se ha tratado el piojo del salmón o cáligus.

Mucho antes de que se presentaran pérdidas económicas por el virus ISA, los peces cultivados sufrían por la plaga provocada por el crustáceo llamado cáligus, con hasta un 20% o más de mortalidad. La coalición internacional Pure Salmon Campaign publicó en febrero del 2008, una copia de un informe realizado por un inspector de la USDA (Departamento de Agricultura de Estados Unidos, por sus siglas en inglés), en el cual señalaba que en casos extremos se encontraban hasta 400 piojos por pez y que la plaga se había hecho resistente al tratamiento con benzoato de emamectina. En su reemplazo se estaba considerando el uso de cipermetrina, un químico altamente tóxico para otros organismos. Sabemos que lo que se usa hoy en día, con alta frecuencia, es la deltamentrina, que también es nocivo para la fauna acompañante.

El informe termina diciendo: “Todas estas estrategias de manejo de peces son muy estresantes para los peces y son actividades de muy alto riesgo de enfermedades, en nuestra experiencia en Norte América”.

Pese a los efectos devastadores de la caligidosis, las últimas modificaciones a las regulaciones no atienden este riesgo sanitario, lo cual resulta insólito dado la relevancia que tiene en Chile.

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