¿Quién asume las pérdidas?

Columna de opinión de Arturo Carreño, Economista de Fundación Terram, publicada en diario El Divisadero el 18 de julio de 2009.;


Las complejas y extensas negociaciones que durante todo este período han sostenido la mayoría de las salmoneras con la banca local, llevan naturalmente a cuestionarse quién será el más perjudicado con esta compleja situación. ¿Serán los bancos? ¿Las empresas salmoneras? ¿Los proveedores de éstas? ¿Los trabajadores de la industria? ¿Todos los chilenos?

Si bien es complejo precisar quién sacará la peor parte de esta coyuntura, lo que sí está claro – y existen cifras que así lo avalan – es que los más perjudicados, en primera instancia, con el desmoronamiento de la industria salmonicultora han sido los más de 20.000 trabajadores que han quedado sin empleo, a los que se sumarán los más de 10.000 trabajadores que se proyecta vivirán la misma situación durante lo que queda del presente año.

Ahora bien, en declaraciones recientes del presidente de SalmonChile se podrían dilucidar respuestas a las interrogantes del primer apartado, pues él señala que “Los únicos que se niegan a reconocer la pérdida son los bancos”. ¿Qué puede desprenderse de esta aseveración? Si bien no se puede precisar a ciencia cierta a que se refiere, da indicios de que los bancos no quieren afrontar lo que significa tener como deudores a empresas que enfrentan la peor crisis en sus años de actividad. No obstante, a raíz de esto surge otra interrogante: ¿los bancos evaluaron bien el riesgo de conceder préstamos a estas empresas? Probablemente no, y es debido a eso que las negociaciones se han demorado y dificultado, ya que si bien las empresas salmonicultoras contaban con antecedentes económicos sólidos y parecían ser confiables, la epidemia de virus ISA, la plaga de Cáligus y en general la compleja situación sanitaria que vive la industria llevará inevitablemente a disminuciones en la producción, con consecuencias directas en la cantidad de empleos que demandará la industria

Consecuencias que nos llevan a enfrentar una realidad muy compleja para este sector. En primer término una cantidad importante de trabajadores – alrededor de 50% de aquellos empleados en el año 2007 en la industria – han perdido (o perderán) su empleo. En segundo término, los bancos negocian y cargan con el hecho de no haber evaluado idóneamente el riesgo que implicaba prestar dinero a un sector que iba a enfrentar su peor catástrofe sanitaria. Por su parte, el Gobierno no asume la responsabilidad de no haber regulado y fiscalizado adecuadamente esta industria y ahora pretende establecer un apoyo a la industria garantizando créditos e hipotecas bancarias y entregando un subsidio – a todo el clúster del salmón – que implica un desembolso de US$ 8 millones de dólares por empresa ¿Con dinero de quién? De todos los chilenos. Por otra parte, algunas empresas proveedoras de la salmonicultura, como Astilleros Calbuco y Alimar, solicitan la quiebra de Multiexport S.A.; y finalmente corporaciones de la magnitud de empresas AquaChile S.A., de acuerdo a declaraciones de su propio dueño, Víctor Hugo Puchi, tendrán un patrimonio cero a fines de julio de 2009.

Esta serie de antecedentes llaman a la reflexión y plantean que si bien el salmón es un producto importante dentro de los alimentos que Chile exporta, las malas prácticas llevadas a cabo en el pasado por esta industria han dado lugar a una compleja situación que ha dejado de manifiesto interrogantes muy difíciles de dilucidar ¿Quién asume las pérdidas? ¿Quién y cómo se garantiza que esta catástrofe ambiental, sanitaria y laboral no se repetirá?

Comments are closed.