2009: ¿mejoró la calidad del aire en Santiago?

Columna de opinión de Paola Vasconi, Coordinadora del Programa de Medio Ambiente de Fundación Terram, publicada en La Nación el 11 de septiembre de 2009.


Terminó agosto y se dio por finalizado el período crítico de contaminación atmosférica por material particulado que año tras año, entre abril y este último mes, sufrimos los capitalinos. El intendente metropolitano, Igor Garafulic, junto con la Conama de la región se apresuraron en entregar el Informe de Gestión de Episodios Críticos 2009, mostrándose satisfechos con la labor del gobierno regional al aplicar el Plan de Gestión de Episodios Críticos, que significó un menor número de episodios críticos en comparación con 2008, “datos comparables sólo con los resultados alcanzados en 2004, el segundo mejor año histórico”, según las propias palabras del intendente.

Ante la satisfacción de las autoridades, yo me pregunto: ¿mejoró realmente la calidad del aire de Santiago en 2009? No nos engañemos. No cometamos el mismo error que en 2000, cuando las autoridades se convencieron y nos convencieron de que Santiago le estaba ganando la batalla al esmog, lo que condujo a que el tema fuera diluyéndose de la discusión, perdiendo relevancia política y recursos humanos, técnicos y financieros.

La mejora o empeoramiento en la calidad del aire no puede basarse sólo en la caída o aumento de los episodios críticos de contaminación. Éste es sólo un indicador más que debe analizarse en su justo mérito. Para afirmar que la calidad del aire efectivamente está mejorando y las medidas aplicadas han sido efectivas, es necesario un análisis mayor, con todas las variables, meteorológicas, contaminantes y el cumplimiento de sus normativas, entre otras.

Es cierto que este año Santiago registró un menor número de episodios críticos -sólo diez alertas y dos preemergencias-, pero también que este otoño-invierno hemos tenido condiciones favorables para la dispersión de los contaminantes, lo que se traduce en un beneficio directo para la salud de la población. Sin embargo, este beneficio es parcial, porque los santiaguinos seguimos respirando de manera permanente, los 365 días del año, contaminantes nocivos para nuestra salud y por los cuales podremos desarrollar enfermedades en el futuro.

El problema del aire de la capital es estructural y se relaciona con la capacidad de carga de la cuenca, es decir, la expansión horizontal de la ciudad, el crecimiento poblacional, el aumento del parque automotor y las actividades económicas. Todos indicadores que en los últimos años han aumentado de manera significativa. Las nuevas medidas, entonces, deben apuntar a disminuir la carga ambiental sobre la cuenca, lo que significa avanzar hacia una gestión integral de la ciudad.

Las medidas deben estar enfocadas a proteger la salud de las personas, a los distintos sectores/actores que generan la contaminación -ordenamiento territorial, transporte, industria, construcción, residencial y comercio- y en términos de quién ejecuta y se hace responsable técnica y políticamente de las medidas y políticas -gestión e institucionalidad, presupuesto, ámbito técnico- para descontaminar la región. No perdamos nuevamente el horizonte. Exijamos a las autoridades que implementen medidas necesarias para que el aire que respiramos no nos enferme.

Comments are closed.